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En conflicto

El saldo del narcotráfico

23.500 muertos en la guerra contra el crimen desde diciembre del 2006 según cifras oficiales

Tanto los cárteles como el ejército actuán con total impunidad

“Hace tres años celebramos la fiesta de quince años de mi hija, tuvo 14 chambelanes –chicos que acompañan a la festejada, suelen ser de edades similares a ella- del barrio, de esos 14, nueve están muertos y los otros cinco en la cárcel”, explica una maestra de primaria que vive en  Ciudad Juárez, en la frontera de México y Estados Unidos.

Una adolescente abraza a su madre después de descubrir que su novio ha sido sido asesinado en una ferretería de Ciudad Juárez junto a otros tres hombres. (Javier Manzano/AP)

Aunque prefiere ocultar su nombre, continúa, “ya no puedo caminar en mi barrio. En mi calle han matado mucha gente, y luego puedes estar en tu coche y que pasen otros dos y se tiroteen”. Esta profesora vive en un distrito donde residen maestros, enfermeras, policías locales, y profesionales de clase media. Pese a que no es un barrio marginal muchos de los adolescentes se meten a pandillasrelacionadas con la estructura más baja del narcotráfico: narcomenudeo, asaltos de poca monta, extorsión, sicariato.  El auge de las maquilas en los últimos 20 años y la cercanía con la frontera dotó a Juárez de un bienestar económico tremendo que no vino acompañado de empoderamiento social y cultural. Los jóvenes preferían entrar a la fábrica a continuar los estudios pero la migración y la crisis económica empeoró las condiciones laborales y ahora muchos chavales se apuntan al narco para conseguir un dinero extra con él que consumir drogas o comprarse sus ferias. “Se hacen cédulas de 10 a 20 muchachos, que por 2000 o 2500 pesos (120-150 euros) matan a cualquiera, pero en cuánto ya mataron a unos cuantos, saben demasiado y les toca a ellos. Desde que se meten en el círculo, tienen un promedio de vida de seis meses”, cuenta y jura que no exagera.

Directora, hasta hace unos meses, de una primaria en el noroeste de la ciudad, de entre las famílias de los 600 niños que asistían a su escuela, han habido 50 muertes relacionadas con el narcotráfico en los últimos tres años, entre papás, hermanos o primos.

Cuando los niños salen al recreo tienen que estar con cuatro ojos porque en cualquier momento puede haber un tiroteo en los alrededores. “Salimos al recreo a las 4, una tarde, a las 4.05 se cruzó un coche en la calle aledaña al patio y empezó a disparar. A las 4.07 ya había dos personas muertas en la calle y a las  4.10, tres más”, narra. “¿Qué vas a hacer dos años después con esos niños que se acostumbraron a ver balaceras?”. Uno de sus alumnos, el Camarón, se convirtió en sicario reconocido poco después de acabar la escuela.

A la presencia del crimen organizado en las calles, hay que sumarle una fuertísima militarización, desde que el presidente Felipe Calderón llegó al poder en diciembre del 2006. En estos tres años y medio de mandato, bajo el pretexto de la “guerra contra el narcotráfico” el gobierno ha desplegado 96.000 soldados por todo el país.

Contra la intención de ganarle espacios a los traficantes, se han multiplicado las porciones de tierra donde se extorsiona, se cobra protección, se secuestra, asesina y trafica, con o sin la anuencia de las autoridades.

“Antes al menos sabías quienes eran los responsables, ahora ya no, porque tanto narcos, como policías y militares, roban, extorsionan y asesinan con total impunidad”, explica y asegura que la violencia se ha acentuado desde que el gobierno le declaró la guerra al crímen organizado.

Un policía federal patrulla por aire Ciudad Juárez rutinariamente (Guillermo Arias/AP)

Según las encuestas, la misma percepción comparten el resto de mexicanos, pues aunque Chihuahua –donde se ubica Juárez- y el resto de estados del norte han sido tradicionalmente los más golpeados por el crimen organizado, el combate impulsado por el gobierno, al contrario de disminuirlo, ha extendido la violencia al centro y sur del país, especialmente a estados como Michoacán, Morelos, Guerrero o Quintana Roo, donde antes pasaba desapercibido. Aunque la situación de Juárez es extrema, la militarización ha obligado a los delincuentes a abrir nuevas rutas para pasar la droga hacia el norte, provocando una lucha sangrienta por el control del territorio entre los diferentes cárteles que operan en cada estado y el ejército, que ha convertido el país en una trinchera.

Desde que Calderón tomó posesión en diciembre de 2006 hasta el pasado marzo, se reportaron 22 mil 734 muertos víctimas del narcotráfico o de la guerra contra él, según un informe confidencial filtrado desde el Senado en abril. Y es que cada día mueren decenas. Sólo el viernes pasado, asesinaron a 77 personas en 9 estados –uno de ellos en Chihuahua- de los 32 que conforman el país. La prensa lo bautizó como el día más sangriento del mandato de Calderón, sin embargo el domingo volvieron asesinar a 70 personas más. De las cíctimas del narcotráfico o del ejército, que ya deben rondar los 24.000 ,se calcula que almenos un 10% no tenía nada que ver, fueron “daños colaterales” según lo definió el Secretario de la Defensa Nacional, el general Guillermo Galván Galván.

Un eufemismo que esconde una realidad desgarradora, pues 900 de ellos fueron niños, según un informe presentado hace apenas unos días por la Red por los Derechos de la Infancia. Uno de los casos más recientes, el pasado abril, cuando el ejército asesinó a dos menores de 5 y 9 años al tirotear el coche donde viajaban con sus padres a la playa. La investigación revela que los militares confundieron su coche con el de un narco pero esta fatal equivocación se ha venido repitiendo en los últimos tres años con total impunidad.

Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos y Humanos, y Amnistía Internacional (AI), entre otros, han cuestionado esta estrategia gubernamental, porque vulnera seriamente los derechos humanos. El jefe de investigación de AI para México, Ruppert Knox, se mostró muy preocupado en una entrevista para Periodismo Humano porque “los operativos por parte de ejército y otras fuerzas del orden público han comportado gravísimas violaciones a los derechos humanos, y en la mayoría de los casos no han sido investigados ni los responsables juzgados. El estado tiene la obligación de garantizar el orden público y el respeto a la ley pero no podrá recuperar la seguridad nacional si no respeta los derechos humanos”.

Camiones del ejército apuntan a la circulación en las principales carreteras mexicanas. El hostigamiento se acentúa en zonas claves del narco como Ciudad Juárez. (Claudio Cruz/AP)

Camiones del Ejército apuntan a la circulación en las principales carreteras y se vuelven más comunes cerca de los focos rojos del narco como Ciudad Juárez. (Claudio Cruz/AP)

Y más allá de la guerra abierta, en el país campea un estado policíaco que muchas veces no tiene límites legales ni escrutinio social alguno. Los mexicanos ya se acostumbraron a ser detenidos con frecuencia por retenes militares en las carreteras o que pasen camiones del ejército con soldados apuntando directamente a la circulación. Pero además, no se puede perder de vista la convivencia entre el crimen organizado y el estado. En un país donde la corrupción está en el orden del día y en todos los estratos de la sociedad, el poder económico del narco goza de la protección de policías dispuestos a darle la espalda a los principios.

El director del Centro Internacional de Desarrollo Legal y Económico, Edgardo Buscaglia, estimó ya hace dos años que “entre 50 y 60% de los municipios mexicanos han sido feudalizados y/o capturados” por los cárteles. Más allá de las cifras, el experto en Seguridad Nacional, José Luís Piñeyro, denuncia que hay una complicidad evidente de algunos gobiernos estatales y de facciones del gobierno federal con el narco. Por ejemplo, son públicas las amenazas de los cárteles a políticos que acaban renunciando para ceder su puesto a otros conchavados con éstos.

“Esta es una guerra mentirosa, almenos en Ciudad Juárez el narco siempre ha convivido, forma parte de la família, es el tío, el primo o el cuñado”, recuerda la maestra y sigue “y ahora el narco poderoso sigue comiendo con el diputado, con el presidente del estado,… los que mueren o agarran son chavos de entre 15 a 25 años, la carne de cañón”.

En el mismo sentido se pronuncia el antropólogo Gilberto López Rivas: “El ejército no está emplazado para luchar contra el crímen. El narcotráfico es un mercado más con precios, financieros, contadores,… y este aparato no se está peleando. La guerra se les aplica contra los desechables del sistema, jóvenes de entre 20 y 30, a los que el estado no les ofrece empleo ni educación”.

Como muestra, algunas cifras entregadas por el gobierno federal al Congreso de la nación. De diciembre del 2006 hasta marzo del 2010, 121.199 personas  fueron detenidas. De éstos, sólo a 1.306 se les acreditan vínculos con ocho cárteles de las drogas, de acuerdo a datos oficiales de la Procuraduría General de la República (PGR) que revela la revista Contralínea. El resto: camellos locales, pequeños extorsionadores, pandilleros.

Una marcha por la paz en Monterrey, al norte de México. Son numerosas las movilizaciones ciudadanas por la paz a lo largo y ancho del país

Son numerosas las acciones ciudadanas de protesta a la violencia relacionada con el narcotráfico. Aquí una marcha pacifista en la ciudad de Monterrey, al norte de México. AP

Muy pocos tienen que ver con la estructura financiera o patrimonial del crimen organizado, pilar fundamental del poder de los narcotraficantes. Porque hay que recordar, que aunque ahora el narco mexicano ha desplazado al colombiano en cuanto a la distribución de droga y es el responsable de enviar más del 90% de la droga que se consume en Estados Unidos, según los reportes oficiales, su volumen de negocio va mucho más allá de los narcóticos. El crimen organizado se dedica al tráfico de armas, a la extorsión, al secuestro y al contrabando en general. Y lava su dinero en grandes empresas legalmente constituidas.

Sin embargo, esta estructura no se ha visto golpeada en el mandato de Calderón. Según Piñeyro, los motivos son obvios, “implicaría que aparecieran los delicuentos de cuellos blanco y se verían salpicados políticos, militares, altos cargos”.

Esta impunidad es diametralmente opuesta al incremento de las vulneraciones de los derechos humanos reportadas. Alberto Herrera, director de AI México, aseguró que desde el 2006 al 2009 los abusos cometidos por el ejército en el país se han incrementado en un 1000%. Mientras tanto, funcionarios de todos los rangos justifican las agresiones con el argumento de que se trata de delincuentes o culpables que tienen merecido lo que les pasa.

Un argumento vacío que, además, favorece la criminalización de la protesta social, pues bajo el manto de la lucha contra el narcotráfico han muerto decenas de activistas y líderes sociales y guerrilleros en todo el país.

Por todo esto, la sociedad mexicana cuestiona fuertemente la guerra contra el narco emprendida por Calderón. “Es falso que estén luchando contra el crimen organizado porque todas las autoridades son o parte del crímen, o cómplices o servidores. Es una guerra contra el pueblo”, asevera López Rivas.

Para Piñeyro, una de las razones claves del empeño de Calderón, es resarcirse de “la falta de legitimidad con la que ascendió al poder enmedio de fuertes sospechas de fraude electoral”.

Aún así, es cierto que el auge del narco en los últimos 20 años había desplazado paulatinamente al estado en muchas partes del territorio nacional, además de jugar funciones de seguridad social –en algunas comunidades y municipios financia escuelas, clínicas, canchas de básquetbol, prestamos para migrar o sembrar,…- que ponen en entredicho al propio estado.

No obstante, la espiral de violencia que azota a México en los últimos tres años muestran al gobierno como un “estado fallido”, especialmente en lugares como Ciudad Juárez, donde se ha mostrado incapaz de garantizar condiciones de seguridad mínima para sus habitantes. Por ello, muchos de sus pobladores han decidido abandonarla. “De hace unos años para acá te encuentras centenares de casas vacías, todo aquel que no tenía arraigo, se ha ido”, confiesa la maestra, y agrega que ella no se va a ir. “Todo el mundo tiene miedo, pero la vida sigue, no me quiero mudar, hay que ser coherente, seguir y denunciar lo que está pasando, la gran tragedia es el sistema económico neoliberal y la falta de cultura”, argüye.

Y no es la única que lo piensa, a lo largo y ancho del país se multiplican las acciones de repudio al narco y a la vez a la estrategia represiva emprendida por el ejecutivo, que consideran insuficiente. “Hay una falta de voluntad política flagrante para cambiar la táctica anticriminal y el modelo económico y social que genere más empleo y acabe con la pobreza extrema”, argüye Piñeyro.

La pobreza es, en palabras de Piñeyro, un “ejército de reserva” para el narco. La Secretaría de Defensa Nacional reconoció que los cárteles cuenta con 500 mil personas en su base social, entre cultivadores de drogas, vigilantes, enlaces, narcomenudistas,… Y no es difícil de imaginar en un país con 55 millones de pobres. Estas bolsas de miseria son terreno abonado para la delincuencia. Además de suplir al estado de derecho en muchos lugares, consiguen peones fieles por sueldos mensuales de 5000 pesos (300 euros), el triple del salario mínimo.

El propio gobierno es consciente de la debilidad de su estrategia y después del incremento de muertes violentas de los últimos días, Calderón apareció por sorpresa la noche del martes en televisión. Irrumpiendo la emisión en hora punta, y con un mensaje grabado de 10 minutos de duración, el presidente se dirigió a la ciudadanía para justificar su guerra contra el narcotráfico, no obstante, dejó claro que habrá más muertos.

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“Sé que una preocupación entre los mexicanos son los hechos violentos y las muertes que se reportan cotidianamente; y que la parte que más duele y nos indigna es, precisamente, la pérdida de vidas inocentes (…) pero vale la pena seguir adelante, esta es una lucha que costará tiempo, que costará recursos, que costará vidas humanas”, declaró, y reconoció que la guerra contra el narco aún está en “la primera fase”.

Pero más allá de los mensajes oficiales, es evidente la necesidad de una reforma estructural de la sociedad mexicana que supere la estrategia represiva. Además de crear un sistema económico más justo, y concentrar esfuerzos en la descapitalización de los narcos a través de perseguir sus finanzas e incluso legalizar la marihuana; Piñeyro aboga por impulsar “la rehabilitación masiva y amplia de drogadictos, la prevención del consumo de drogas, desincentivar la demanda potencial y real de las drogas, crear una participación ciudadana real en la lucha contra el narco y el golpeteo sistemático a la estructura financiera y patrimonial del narco”.

Porque las palabras de Calderón no curan el dolor de los familiares de las víctimas, que delincuentes o no, merecían un juicio y no una bala. Tampoco aligeran el miedo de la población.  Mientras no haya un cambio real, a la maestra de Juárez se le seguirá encogiendo el corazón cuando sus hijos adolescentes salgan en la noche a divertirse como cualquier otro joven de su edad y en los cines de esa ciudad, los juaritos seguiran tirándose al suelo en el patio de butacas confundiendo los disparos de las películas con su realidad cotidiana.

3 comentarios

  1. Rafo

    Es tan triste ver como el ser humano se corrompe y es capaz de realizar los actos más abominables por unos cuantos pesos. La falta de identidad, de dinero, de oportunidades y de educación no solo intelectual sino human, arrastra poco a poco a los jovenes, a convertirse en objetos utilizados por los narcos, para luego ser deshechados o formar parte de la “carne de cañon”. Ojalá si el negocio de la droga no se acaba, al menos se reduzca de una forma eficaz el número de muertes relacionadas con ese mercado. Por el bien de Mexico y de sus familias.

  2. Mirta Pena

    Gracias por el artículo PH. Si os interesa más este tema y conocer la verdad de toda la masacre cotidiana de Ciudad Juárez en nombre de una guerra política del presidente Calderón en Ciudad Juáerez en la sombra del narcotráfico. Soy adicta a él desde que vi a Judith Torrea recogiendo el premio Ortega y Gasset, dedicando este premio a los más de 10 mil niños huéfanos y donando parte de premio a pesar de ser una periodista independiente. Una mujer comprometida con su realidad, con el mundo y el periodismo. http://juarezenlasombra.blogspot.com/

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