En conflicto

“El problema en Siria es una generación ignorada que necesita un nuevo movimiento”

Abu Ma'en, damasceno que se considera socialista y que ve la revolución como una lucha de clases, está de paso por Madrid en una gira internacional para hacer llegar la voz del interior de Siria

El activista sirio ha concedido a Periodismo Humano una entrevista en la que habla de su propia experiencia en la revolución y de las dificultades que afronta

¿Qué te llevó a Siria cuando comenzó la revolución, donde no residías, aun siendo sirio?

Al principio de la revolución vivía en Siria. Estudiaba en la Universidad Americana de Beirut, pero iba y venía. Justo cuando empezó la revolución, yo planeaba marcharme de Beirut, porque estudiar empresariales no me hacía feliz. Decidí irme a Suecia y mi familia me animó para alejarme lo más posible de la situación. Estuve un par de meses allí, sin contacto directo con la revolución mientras gritábamos al mundo y le pedíamos que nos diera armas. Sin embargo, va en la naturaleza del Hombre que no le importen demasiado las cosas que afectan a otros. Entonces, llegó un día en que pensé que siendo una persona con una situación económica cómoda, con una cultura y unos estudios, que había tenido la oportunidad de ir a la universidad, y de viajar mucho, podría tener un papel importante sobre el terreno en Siria. Así que empecé a ‘escaparme’ a Siria sin decírselo a mi familia: la primera vez fui a Alepo. Estaba en Turquía con un grupo de la universidad y simplemente me escapé para entrar en Siria.

Quería saber cuál era la situación. Claro que podía verlo en los medios, pero la realidad cuando la ves es otra. Como alguien que quiere influir en la realidad, cuando te ves allí, ves que la situación es otra. La gente siempre te dice que tienes que acabar tus estudios para volver y reconstruir Siria, pero el problema de Siria no es solo la destrucción. El problema en Siria es una generación ignorada, que necesita un nuevo movimiento. Y por supuesto, está el factor de que no deja de ser mi país.

Por otra parte, mi familia es de tradición opositora y desde que nací he odiado a Bashar al-Asad y a Hafez. No podía quedarme sentado mirando, y menos cuando una revolución no es algo que sucede cada dos días, sino que se trata de un hecho histórico. Formar parte de una revolución es un orgullo y aprendes más de la revolución que lo que aprendes en la universidad. Tengo 21 años, pero la revolución me ha hecho madurar otros veinte.

¿Qué pensaste al principio? ¿Cómo veías las movilizaciones?

Antes de que comenzara la revolución, recuerdo el día de la caída de Mubarak en Egipto. Los chicos que trabajaban para mi padre y yo estábamos reunidos y nos pusimos tan contentos que sacrificamos un cordero. Deseábamos con todas nuestras fuerzas que hubiera una revolución en Siria. Entonces pregunté a mi abuelo, que tiene experiencia política en Siria si pensaba que la habría. Su respuesta fue la siguiente: “¿Me preguntas a mí que tengo 63 años? ¿Y tú qué crees? Tú eres joven, serás tú quien la haga”.

Teníamos ese deseo, y cuando empezó, como el resto de Siria en las zonas más aisladas y alejadas de la realidad popular –como Damasco-, aún no sabíamos qué estaba pasando. Solo queríamos participar, fuera en lo que fuera. Yo fui uno de los que escribieron “Te llegó el turno, doctor”.

Pero al principio seguíamos aferrados a la idea del pacifismo, que hoy día considero que no es una idea revolucionaria en absoluto, sino muy imaginaria. ¿Por qué queríamos un movimiento pacífico? ¿Cuál era el objetivo? Es sencillo: que el mundo respondiera y renunciara a Bashar. No pensábamos que Bashar fuera a cambiar o caer como resultado de las movilizaciones pacíficas, pero después del primer Ramadán, lo que sucedió en Hama (2011), y los ataques salvajes del régimen, ya nadie se hacía ilusiones.

Los días del pacifismo mis amigos y yo trabajamos en algo que llamamos “La Unión de Jóvenes Sirios Civiles”, un grupo formado por chicos de mi edad y de mi colegio. Nos reuníamos en un lugar escondido y decíamos que no podíamos seguir parados si había una revolución. Era necesario actuar. Y de hecho establecimos unos principios y unos objetivos, desde muy temprano, pero con el tiempo nos separamos, como le ha pasado a la revolución. Igual que en ella hay varios puntos de vista, nosotros también comenzamos a ir en más de una dirección, y comenzamos a trabajar fundamentalmente en labores de asistencia humanitaria. Todos los días íbamos de Beirut a Trípoli llevando coches llenos de ayuda y se las llevábamos a los refugiados. Aún estábamos muy perdidos.

Fue en Trípoli donde tuve mi primera toma de contacto con el Ejército Sirio Libre (ELS), no en Siria. Recuerdo que en ese momento les dije: “Venga, me voy con vosotros”. Me compré un fusil, cogí mis cosas y me fui a Trípoli con la intención de ir con una de las personas que había conocido, pero después dudé porque lo vi demasiado islamista. La gente de Trípoli apoyaba la revolución, pero no sentí que lo hicieran por sí misma. Tenían una forma diferente de verla: Bashar no les gustaba pero querían que dominaran los suníes. Tenían un pensamiento sectario innegable. Solo ese grupo, claro, no todos. Así que, con esas dudas, me volví a Suecia.

Sentíamos que no teníamos voz. Hacíamos páginas en Facebook, pero en realidad ¿cuántos sirios tienen Facebook? Es más una cosa occidental que árabe, e incluso en los grandes países, como EEUU, lo usa un 13% de la población. ¿Cómo va a estar más extendido en Siria? Incluso cuando comenzaron las manifestaciones, la conexión era por marcado: no podíamos ni abrir el Facebook, y además todo estaba vigilado. Nos sentíamos, por tanto, sin voz, y sabíamos también que la zona tenía una historia llena de luchas: a Siria nunca se le ha permitido que el pueblo gobernase, sino que todos han intentado dominarla. Muchos lo sabíamos, pero teníamos la esperanza de que podríamos, e incluso algunos creían que Bashar no era tan fuerte y que el ejército vendría a nosotros.

No en vano, la canción “Los corazones del ejército han muerto […] el ejército y el pueblo son hermanos” nació de la revolución, mientras el ejército nos mataba. No fue como en Egipto, donde éste se mantuvo al margen. En Siria disparaba, y nosotros decíamos: “No, somos uno”. Teníamos esa esperanza virtual. Pero la realidad de la estructura del ejército sirio quedó patente, como quedó claro que estaba conformado para enfrentarse a este tipo de situaciones, no a Israel o similares.

¿Sigue habiendo una revolución en Siria a día de hoy?

Que haya una guerra no implica que no haya una revolución. La hay, y tiene mucha fuerza, porque nació del pueblo. El ESL no representa a la revolución al completo, sino que fue creado por el movimiento general, que también creó los comités locales, las coordinadoras, etc. Pero ninguna de estas formaciones representa la opinión del pueblo sirio al completo. En Siria hay una guerra, y una ocupación: Hebollah ha entrado, también hay milicias iraquíes, turcas, rusas, iraníes… Sí, hay una guerra, pero la revolución sigue y yo me considero un revolucionario. Además, la gente con la que estoy sigue levantando la bandera de la revolución, y consideramos que nuestro objetivo es hacer la revolución, pero el problema es que la revolución no es solo contra Bashar al-Asad, sino que se ha convertido en una revolución internacional. Por eso, se llama guerra, pero en realidad es una revolución. Incluso los militares a los que la gente ve como radicales (y no me refiero a al-Qaeda, sino los chicos que se han dejado barba y que dicen que quieren izar la bandera de ‘No hay más dios que Dios’) eran gente como yo. El problema es que se encontraron en una situación muy difícil en la cual pedían al mundo ayuda y nadie los ayudaba, ni lo hace ahora. Son jóvenes a los que se les ha prohibido la cultura, la vida social que yo sí pude vivir solo por mi situación económica. Y aunque estos han cambiado, sigue habiendo personas sobre el terreno que parecen estar solos, pero que representan a un importante sector de la sociedad siria.

La revolución siria sigue, incluso cuando el Estado Islámico de Iraq y Siria ocupa un edificio, nosotros nos manifestamos contra ellos, no nos enfrentamos con armas. Eso es lo que me da la esperanza de que ni Ginebra II va a poder hacer nada contra la revolución. Quien quiera venir a tranquilizar a este pueblo va a tener que satisfacer sus peticiones, sea quien sea. La Coalición Nacional, por ejemplo, no es más que la burguesía siria que no se pudo hacer rica en el tiempo de Bashar, y que ahora quiere lograrlo. Si dentro preguntas por la Coalición, te responden que si es ahí donde nos hacen los pasaportes, nada más.

Así que sí, hay una guerra, pero la revolución está por encima.

¿Es una guerra o una guerra civil?

Yo no estoy de acuerdo con la denominación de guerra civil, que además tiene distintos significados. Por ejemplo, si en Brasil dices ‘guerra civil’, ellos la entenderán como una revolución. Pero, cuándo lo dicen, ¿quieren decir que nosotros, el pueblo sirio, queremos exterminar a una parte solo por su etnia o su secta? No, no queremos eso. Y de hecho, a pesar de todas las acusaciones de sectarismo, los episodios sectarios han sido individuales. Cuando uno que tiene un desequilibrio mental, que nosotros rechazamos en nuestra revolución, viene y mata a una alauí, esa persona y su acto no nos representan. La gente no hace una revolución ni se presenta ante la muerte solo porque quiera un Estado islámico ni nada parecido: no tiene sentido, no es lógico.

El pueblo sirio siente que hay algo que le falta en su vida, algo que necesita cambiar, y la única carta que puede jugar Bashar al-Asad es el sectarismo, carta que se lleva jugando desde que Hafez al-Asad tomó el poder: dividió al ejército, colocó a alauíes en los mandos, y puso a un líder suní -Mustafa Tlass- a la cabeza del ejército y empezó a asegurar que era panarabista y nacionalista y socialista. El régimen ha mentido una y otra vez, y ahora nos acusan de estar en guerra civil.

Pero la realidad es que en nuestro grupo hay alauíes, cristianos, drusos, etc., luchando con nosotros. Los problemas con nuestros hermanos kurdos han venido provocados por los roces entre el Estado Islámico de Iraq y Siria y los kurdos. Y yo estoy de parte de los kurdos, aunque odio al PKK, al que considero un instrumento del régimen. Yo les entiendo: vinieron unos a decirles que querían levantar un Estado islámico, y entre un Estado islámico y uno kurdo, yo habría elegido el kurdo también.

Por tanto, lo que hay en Siria no es ni una guerra sectaria, ni una guerra étnica, sino una guerra muy complicada; una revolución que ha dado lugar a una guerra muy compleja en la que todos están participando.

¿Cómo participas tú?

Nosotros en Manbej somos revolucionarios de todo tipo: civiles y militares. Yo puedo irme al frente 3 ó 4 días, volver a Manbej, dejar mi arma a un lado y empezar a trabajar como un civil. Todos mis compañeros igual. Incluso los líderes de las brigadas militares, cuando vuelven, se relajan, se cambian de ropa y se ponen a trabajar con los jóvenes.

Los militares del ESL no son algo de fuera de Siria, sino que nació del pueblo. Comenzó como gente que se negaba a aceptar que irrumpieran en su casa y secuestraran a su familia, por lo que se armaron. Eso no significa que se hayan convertido en militares e incluso hay muchos que ni siquiera son parte del ESL. Por ejemplo, a mí, si me buscas en Siria, me encontrarás en unas cien brigadas (obviamente exagero), porque la gente va donde va haciendo falta, donde necesitan gente.

Por ejemplo, cuando nosotros creamos nuestra brigada, yo pasé a formar parte de la misma, pero como líder civil y no militar. Hay un líder militar, que no entra en los aspectos civiles, que son prerrogativa del liderazgo civil, formado por siete personas que deciden todos los movimientos y política de la brigada. Los militares solo ejecutan siguiendo nuestras directrices.

Ahora bien, sí existe una diferencia entre el movimiento militar y el civil, pues hay una clara división. Sí es cierto que hay muchas brigadas del ESL que nos han oprimido mucho y algunas que ni siquiera tienen relación con el ESL, ni con la revolución ni con nada, sino que tomaron las armas y empezaron a enfrentarse al pueblo, y son peores que el régimen. Por eso, volvimos a crear el movimiento civil desde dentro de la revolución, una revolución dentro de otra. Hubo gente como yo que nos apoyaron con o sin armas, y por supuesto hubo brigadas que se pusieron de nuestra parte considerando a los otros grupos armados como meros paramilitares del régimen.

Así que sí, hay un importante movimiento civil.

¿Por qué no hay más coordinación entre civiles y militares o entre las distintas ciudades?

Nuestro grupo en Manbej es algo diferente, porque siempre hay coordinación entre civiles y militares, y con el resto de ciudades también en el sentido de que yo soy de Damasco, y dos de mis compañeros también. Luego hay gente de Safita (noroeste de Siria) y de otros lugares como Homs. Todos intentamos estar en contacto con nuestras zonas.

Sin duda, en los asuntos civiles es mucho más fácil el contacto, pero en el campo militar hay una clara influencia del elemento exterior. Por ejemplo, nuestra brigada no acepta (casi al 100%) ningún tipo de apoyo exterior politizado. Otras decidieron aceptar el apoyo a cambio de dejar que los manejaran en cierta medida.

Así, tenemos un elemento exterior muy fuerte, pero también uno interior que es la falta de liderazgo. Si queremos unir a las brigadas, tenemos que hacerlo bajo un liderazgo concreto. ¿Quién puede serlo en esta etapa? ¿Cómo ha de ser? Hay quien lo quiere islamista, otros laico, otros socialista… Hay muchos puntos de vista, algo muy natural en una revolución: no puede salir todo un pueblo con una misma opinión.

Nosotros intentamos que el factor militar no sea demasiado potente, sino que sea un instrumento del factor civil. Sea como sea, los militares no deben tener la decisión en la Siria del futuro, porque las armas no decidirán quién gobernará, sino el pueblo. Por eso, cuando se quiere que los líderes militares vayan a Ginebra y cosas semejantes, no me parece bien. Deberían invitar, en todo caso, a los consejos locales que han sido elegidos democráticamente por el pueblo y han salido del pueblo. Es cierto que el ESL también ha salido del pueblo, pero no ha sido elegido y su función es proteger a los civiles y derrocar al régimen.

En cuanto empezamos a trabajar contra el dominio militar, aparecieron en Siria movimientos como Ahrar al-Sham, que decidieron crear un ala política. En Manbej, lo que tenemos son alianzas: una brigada de seguridad, una brigada del Batallón Tawhid, etc., unidos por el objetivo de defender Manbej, sin planes políticos. Pero, ¿es esto efectivo sobre el terreno? No del todo, porque también hay sed de liderazgo y todos quieren unirse a condición de ser ellos los líderes. Por eso, la alianza es en torno a principios, sin líderes. Por ejemplo, existe un consenso en torno al hecho de que ninguna brigada puede venir a Manbej, si no tiene sede en la ciudad o un frente al que acudir.

Hablas con un conocimiento y una visión política muy desarrollada. ¿Es eso algo general?

No, todos somos diferentes, lo cual constituye nuestra fuerza en el consejo de Manbej: tenemos sheijs, abogados, trabajadores… Yo soy una persona que en parte ha estudiado ciencias políticas y ha leído mucho, pero conmigo trabaja un sheij que tiene una táctica y una visión política que te sorprenderían. Aun así, hay mucha diversidad y en mi grupo estamos trabajando en unificar las visiones porque tras varias experiencias, nos hemos dado cuenta de que es necesario un partido revolucionario en Siria.

La experiencia del consejo local apolítico es maravillosa, pero quien se enfrenta a nosotros está muy bien organizado, con un plan a años vista. Mientras nosotros pensábamos en qué hacer la hora siguiente, él ya tenía pensado qué hacer de aquí a diez años. Eso no hemos podido lograrlo mediante formaciones no políticas. Lo hemos intentado y hemos evitado la politización por el miedo que tienen los sirios a los partidos, dada la experiencia fracasada con ellos. Al inicio de la revolución, todos insistíamos en apartarnos de la política y dedicarnos al movimiento. Ahora nos hemos dado cuenta de que son instrumentos muy importantes.

¿Qué papel tiene la mujer en todo esto?

En Manbej, en concreto, el porcentaje de mujeres es mínimo, porque Manbej es una ciudad muy conservadora que pertenece a la zona rural de Alepo. Pero en nuestro grupo tenemos a mujeres que lidian con más de un frente a diario y a las que consideramos más valientes que nosotros. Queremos que la gente acepte a la mujer como factor activo en la sociedad, poniendo en sus manos decisiones delicadas. En nuestro grupo, son ellas las que toman las decisiones más importantes, como por ejemplo, si las panaderías van a recibir ayuda o no. Y así, los panaderos se ven obligados a ‘besarles la mano’ para lograr lo que necesitan.

Al margen de eso, el papel de la mujer en la revolución siria es muy, muy, muy importante. Por supuesto, yo no puedo hablar de lo que sienten, pero sí de lo que veo, y veo mujeres que juegan un papel más decisivo que el de los hombres, que expresan su opinión y su apoyo, por ejemplo, sobre la libertad y derechos de los homosexuales. Yo nunca he estado en contra de ello, pero nunca me he visto capaz de hablar de ello en Siria. Las mujeres se nos han adelantado, no solo las que salen en los medios, sino todas las que ni siquiera tienen Facebook.

Por desgracia, el papel de la mujer está limitado debido a la ignorancia en el país. Así que creo que esta revolución es una doble revolución para la mujer: una para liberarse de esta ignorancia, y otra para liberar al país, y la primera es mucho más compleja. Pero lo lograrán, porque son muy efectivas en la sociedad.

¿Y para los hombres solo hay una revolución?

Yo me considero como uno de los que defienden los derechos de la mujer, pero no puedo hablar de ello porque no puedo sentir lo que siente una mujer. Solo puedo saber lo que ella cuenta. Por ejemplo, a mí no me han mirado con indiferencia como si no fuera nada. A mí, a pesar de todo, me escuchaban solo por el hecho de ser un chico. Es muy triste, pero igual que defiendo mi libertad personal y la de mi país, también defiendo esta causa.

Sin embargo, nuestra revolución no es solo contra Bashar, sino contra un sistema internacional que crea personas como Bashar, un sistema que permite que la ONU no sea más que un instrumento en manos de los países asesinos y destructores, en vez de ser un instrumento para la gente sencilla. Un sistema que permite que las organizaciones de DDHH hablen de un caso concreto, un crimen concreto para después describir a un pueblo entero como partidario de ello, mientras que no hablan de Bashar. Hablan de una persona y no hablan de lo que 300.000 soldados están haciendo en Siria.

Nuestra revolución es contra esto, contra la injusticia en todo el mundo, contra el colonialismo, contra la ignorancia, contra el uso de las personas como meros instrumentos, como esclavos. Vivimos en un mundo que no solo es nuestro, todos debemos respetarnos a nosotros. Uno ha de ser libre de ser lo que quiera, de creer en lo que quiera, de casarse con quien quiera. Tenemos que aprender que no podemos imponer nuestra opinión en ningún aspecto. Esa es mi revolución y creo que es la de todo el pueblo sirio.

Pero hay quien dice apoyar la revolución y trata de imponer la Ley islámica…

Sí, pero esos no son la revolución. No son la revolución porque si recuerdas los inicios, las primeras manifestaciones decían, llevando cruces y medias lunas: “Uno, uno, uno, el pueblo sirio es uno” o “El pueblo quiere derrocar al régimen”. Es cierto que el islam es una parte inseparable de la sociedad y realidad sirias, pero todos estos que vienen queriendo imponer su ley y su idea, tendrán el mismo destino que el régimen. No puedes venir a decir que quieres un Estado islámico. Si lo quieres, haz un partido y a ver si el pueblo está de acuerdo y, si es así, pues lo construimos, pero no será así. Todos esos jóvenes que ahora van de islamistas volverán a sus ordenadores, a chatear con su novia, volverán a su vida.

En cuanto se vaya Bashar al-Asad el factor del miedo y el terror de la llegada del Día del Juicio terminará, y volverá el tejido social sirio que siempre ha sido conocido por su moderación en comparación con los países de alrededor: Iraq, Jordania… Quien dice estar con la revolución y pretende imponer la ley de Dios en Siria, no está con la revolución, sino con la imposición de la ley de Dios en la Tierra. La revolución siria no ha pedido eso nunca y en ningún momento hemos oído: “El pueblo quiere el ‘No hay más dios que Dios’”. Pero claro, cuando la gente te ve decir “Dios es grande”, dicen que eres un islamista. Yo lo digo cada vez que disparo y cada vez que estoy en una manifestación, y no soy islamista. Es un grito popular que significa que ni yo soy grande ni tú tampoco, sino que hay algo más grande que nosotros (en sentido filosófico, no necesariamente religioso), y eso para mí es el pueblo que se ha levantado contra Bashar.

¿Cuánto camino queda por recorrer? 

No sé… A lo largo de la revolución hemos tenido avances y retrocesos. No podemos saber qué pasará, en ningún nivel, ni siquiera en el político. Además, la revolución ha echado abajo muchos conceptos antiguos y vemos hoy que la izquierda internacional no la considera una revolución porque no se ha producido como ellos la entienden. Y a nosotros nos pasa algo parecido cuando vemos algunos comportamientos. Yo veo cosas que suceden en algunos puntos que no me representan: la lucha entre los árabes y los kurdos no me representa, la quema de iglesias en Raqqa no me representa. Y muchos ven que han pasado cosas que no les representan, sean las que sean, pero son útiles para saber quiénes son nuestros enemigos interiores. Por eso, hay quien dice que dejemos que Ginebra-II se celebre y así veamos quiénes se sientan junto al tío de Bashar, Rifaat al-Asad, y lo tratan como un colega. Sepamos quiénes son nuestros enemigos. Veamos cuáles son las posturas de las brigadas sobre Ginebra-II. En general es como que estamos esperando un poco de claridad porque hay muchos interrogantes.

En cuanto a lo que yo espero, tengo claro que la revolución siria no terminará, porque le quedan años, con altibajos, pero todo será mejor que la permanencia de Bashar al-Asad en el poder, porque venga quien venga después, ya no nos bombardeará con misiles SCUD, ni con aviones, al menos no de esta forma. Así que creo que tenemos aún un largo camino por delante.

Pero la pregunta no es esa, la pregunta es qué podemos hacer nosotros para que la revolución termine. ¿Qué significa que termine la revolución? Yo creo que si somos capaces de constituir un partido revolucionario que de veras represente al pueblo sirio o a la mayoría, si podemos elevar el nivel de cultura del pueblo (no porque nosotros seamos mejores) para que discutan con nosotros nuestras opiniones, sería muy positivo. Por ejemplo, en mi grupo intentamos crear un periódico para lograr una especie de unidad en el pueblo. Así, si un día la burguesía vuelve a dominar Siria y nos imponen condiciones desde el Fondo Monetario Internacional que nos metan en una deuda, podamos organizar a los trabajadores, para que por ejemplo dejen de producir electricidad, paren las fábricas…

¿Qué mensaje mandas al mundo desde la revolución?

Siempre digo que no hay ningún pueblo que pueda mantenerse neutral ante lo que nos está pasando, y nosotros estamos tan cansados que lo que se está conformando en nosotros es un monstruo que odia al mundo entero, porque estamos solos. Y lo que puede acabar surgiendo en Siria haría parecer a Al-Qaeda un grupo de hippies.

Nuestro enemigo es mundial, no solo está en Siria, y cuando veo una revolución en Brasil, siento que hay una relación entre nosotros. A fin de cuentas, todos los pueblos saben cuáles son sus objetivos en la vida. Todos los gobiernos están oprimiendo a sus pueblos. Hay algo que no está bien en este mundo, esto no surge de cualquier sitio y es una pena que nos posicionemos unos contra otros por estupideces históricas o por razones étnicas, porque no hay ni una sola etnia pura en el mundo.

Mi mensaje es: venga, cambiemos el mundo. Hay algo que está mal cuando unos lo tienen todo y otros nada. Puede que la revolución siria se pinte como una revolución islámica o como una revolución contra un régimen, pero en realidad es una revolución del ser humano del siglo XXI que ya no cree en su humanidad. Eso no puede ser así, todos dependemos de todo. Tú y yo estamos sentados en esta mesa porque alguien la fabricó. Es necesario que comprendamos que hace falta un cambio.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie