En conflicto

El Líbano se mira en el espejo de Gaza

La coalición antioccidental derriba el Gobierno para paralizar el apoyo al Tribunal Especial para el Líbano, que podría acusar a miembros de Hizbulá del magnicidio

EEUU y Europa podrían promover sanciones internacionales en respuesta a la formación de un Ejecutivo que no esté liderado por su socio Saad Hariri

Seguidores de Hariri quemaban anoche neumáticos en Cola, en el este de Beirut. (Mónica G. Prieto)

Cualquier noche de sábado, la calle Makdissi de Hamra es un ejemplo de la cara más canalla de Beirut: música que emana de los locales de moda, olor a narguileh en las terrazas más tradicionales y jóvenes, muchos jóvenes, que rompen la quietud de la noche con risas y voces animadas por el alcohol.

Pero el pasado fin de semana eran pocos los que buscaban diversión y tambien escasos los establecimientos que abrieron sus puertas. El tráfico, habitualmente denso, era liviano, e incluso el aspecto de la calle había cambiado ligeramente: en las esquinas hay ahora banderas negras enrolladas, listas para ser desplegadas. Debajo de las mismas, dos o tres varones sentados en sillas de plástico vigilan en silencio. Se trata de las enseñas del PSNS, el Partido Social Nacionalista Sirio, una formación minoritaria secular aliada con la coalición liderada por Hizbulá que, ya en los enfrentamientos de 2008, tomó el control de la calle por las armas mientras militantes chiíes ocupaban el resto del Beirut musulmán.

La calle Makdissi es el territorio del PSNS, como vuelven a recordar sus banderas, y en Beirut el fantasma de la guerra ha regresado para quedarse. El escenario del conflicto está listo: puestos de control, tanquetas en puntos estratégicos de la ciudad, patrullas militares… Los actores también están preparados: los protagonistas, sus señores de la guerra hoy en el Parlamento, se preparan para hacer de víctimas y de verdugos, y los secundarios, toda una población rehén de sus circunstancias, limpian las armas que siempre guardaron en sus armarios.

A nivel interno, el enfrentamiento está destinado a impedir que el hijo del mártir Rafic Hariri, Saad, sea reelecto jefe de Gobierno renovando así su compromiso con el Tribunal Especial para el Líbano (TEL) que investiga la muerte de su padre. En el plano externo, se va hacia la colisión con Occidente con la creación de un Ejecutivo impulsado por la coalición antioccidental, el 8 de Marzo, que romperá lazos con el Tribunal, al que considera un instrumento político de Estados Unidos e Israel. Un Ejecutivo en ciernes, ya que el candidato a primer ministro del 8 de Marzo, el empresario y diputado Najib Miqati, acaba de recibir el apoyo mayoritario de los grupos parlamentarios.

El mero hecho de que este suní independiente obtuviese los votos necesarios para arrebatarle el cargo a Hariri encendió en la noche del lunes lo que podría ser la llama del conflicto: centenares de libaneses salieron a las calles a protestar volcando contenedores y quemando neumáticos, cortando así las principales rutas del país y forzando al Ejército a interponerse para evitar actos de violencia. Para el martes, los seguidores de Hariri anuncian una jornada de ira en todo el país y, sobre todo, en Trípoli, bastión suní y reducto de islamistas, que hace presagiar lo peor. Pero eso es sólo en el plano interno: en el exterior, el nombramiento de Miqati podría implicar sanciones internacionales, convertir al Líbano en una suerte de Gaza e, incluso, terminar en una intervención internacional que sin duda sería utilizada para acabar con Hizbulá.

La calle Makdissi de Beirut.

El Partido de Dios desató la crisis hace dos semanas para evitar “ser asesinado políticamente”, según afirmó su líder, Hassan Nasrallah, en un discurso en pasado domingo. Cree que el TEL, el primer tribunal internacional creado para investigar un asesinato aislado y no crímenes de guerra o contra la Humanidad, es una herramienta destinada a hacer política. Que por eso primero acusó a Siria y ahora señala a Hizbulá: para minar su credibilidad y justificar medidas contra la organización chií libanesa. Y no está dispuesto a permitirlo, aunque para evitarlo tenga que volver a utilizar las armas contra los propios libaneses en un giro que, de producirse, cambiaría la percepción de muchos árabes hacia la Resistencia chií, que explica su arsenal por la necesidad de defender al Líbano de su archienemigo israelí.

Estrategia política

Por el momento, su estrategia para lograr que la acusación del TEL no tenga consecuencias es política: la coalición que lidera se retiró del Gobierno libanés derribando así al Ejecutivo el pasado 12 de enero y ahora propone a Miqati como primer ministro: en su agenda, el primer punto es anular todo acuerdo con el TSL. Pero si no lo consiguen por medios políticos, todo hace temer que recurran a las armas. “Las cosas no pueden seguir como si no hubiera habido una dimisión [en bloque] del Gobierno o como si no se hubiera emitido un acta de acusación. Lo que valía antes ya no vale ahora”, explicaba una fuente del 8 de Marzo de forma enigmática. Horas después de pronunciar estas palabras, una vez que el fiscal general del TEL entregó al juez de instrucción el acta de acusación que presumiblemente acusa a Hizbulá del magnicidio, centenares de hombres vestidos de negro se reunieron en puntos neurálgicos del Beirut musulmán en un breve remake de la toma de poder de mayo de 2008. El pánico cundió entre la población, que retiró a sus hijos de los colegios y se encerró en sus casas. En poco tiempo, los hombres habían desparecido. “Lo que ha ocurrido ha sido sólo un pequeño mensaje. El otro lado debe leerlo cuidadosamente. Hasta ahora la oposición está dando una oportunidad a la mediación”, interpretaba Rafic Nasrallah, director del Centro Internacional de Investigación y Medios de Beirut. Y el mensaje caló: la estabilidad puede ser efímera si Hizbulá, el partido-milicia más poderoso del Líbano -si no de toda la región- así lo desea.

Jamil Sayyed, durante la entrevista.

De ahí que resulte aún más inexplicable que hayan sido jóvenes suníes los que hayan comenzado los actos violentos, anoche, en protesta por la elección de Miqati. Los suníes tienen poco que hacer contra el Partido de Dios, y además acusan a la otra parte de “dar un golpe de Estado”.

“Líbano es un país inestable basado en contradicciones y el acta de acusación es un peso que contribuirá a romper un puente que ya se fragilizó con la resolución 1559”, afirma Jamil Sayyed, responsable de la Seguridad General durante el asesinato de Hariri y uno de los cuatro generales acusados por el comité internacional de investigación de colaboración en el magnicidio, liberados por falta de pruebas tras casi cuatro años de prisión. El arresto del general y sus tres colegas constituye un buen ejemplo de las irregularidades del TEL, así como el fenómeno de los falsos testigos, que acusaron inicialmente a Siria del magnicidio aparentemente teledirigidos por políticos del 14 de Marzo, la coalición prooccidental liderada por Saad Hariri.

Meses después de la formación del Gobierno de unidad en 2009, producto de un largo y tenso periodo de negociaciones, el 8 de Marzo exigió abrir una investigación para dilucidar quién estaba tras los testigos que habían orientado al TEL hacia Siria y Hizbulá. El 14 de Marzo se negó, pero las filtraciones de conversaciones y la confesión de algunos de los testigos implicaba a destacados líderes de este bloque electoral con el escándalo. Hariri dijo no haber hablado nunca con dichos testigos: un vídeo emitido hace una semana por un canal de televisión cercano al 8 de Marzo demuestra que se reunió con el más cuestionable de ellos, Mohamed Siddiq, y con el ayudante del fiscal del TEL Detlev Mehlis, el también alemán Gerhard Lehmann, acusado por Nasrallah de ofrecer el sumario de la investigación a cambio de un millón de dólares.

Yo creía que la justicia internacional tenía principios, que no se prestaba a juegos sucios. No creía que podría jugar el juego político de Occidente, pero tras ver cómo ha trabajado en el Líbano la considero tan mala como los servicios árabes de Inteligencia”, afirma Sayyed. Cuando aún estaba en su puesto, mantuvo varias reuniones con Lehmann en su casa, donde hoy recibe a Periodismo Humano. Afirma tener pruebas -dice que parte de las conversaciones fueron grabadas- que habría presentado ante el TSL, donde hoy exige las evidencias que llevaron a su arresto para deslegitimar así el trabajo del tribunal.

El 30 de mayo de 2005, Lehmann vino a verme. Me dijo que en la ONU todo el mundo acusaba a Siria [del magnicidio], que Damasco tendría que demostrar su inocencia, y me pidió que entregara un mensaje a Bashar Asad: debía buscar una víctima de hecho, alguien que confesara el crimen, de la talla de Rostum Ghazaleh [hasta la salida de los sirios, todopoderoso jefe de la Inteligencia siria en el Líbano], que moriría posteriormente en accidente de coche o mediante suicidio. Me dijo que después buscarían un compromiso con Damasco como hicieron con Libia. Yo le pregunté que si tenían pruebas, respondió que no. Le dije que cuando las tuviese, me avisara y entonces iría a Damasco”.

Dos reuniones más tarde, siempre según Sayyed, su negativa no fue tan bien aceptada. “Su tono era amenazante. Me dijo que estaban seguros de que había sido Siria y que debía cooperar con ellos, que pensara en mi familia y que animara a Damasco a buscar una víctima o yo mismo me convertiría en víctima. `Me estáis amenazando`, le respondí. “No, es una oferta”. Pero mantuve mi negativa. Treinta minutos más tarde vinieron a mi casa con una carta donde se me consideraba sospechoso en el magnicidio”. De ahí a su detención sólo mediaron horas.

El fiscal del TSL, Daniel Bellemare.

El TSL se ha desvelado como un frankenstein para el Líbano, y su acta de acusación amenaza la precaria estabilidad del país. Bien lo saben saudíes y sirios, que pusieron de lado su animadversión mutua -parte de la guerra fría regional que enfrenta a suníes y chiíes- para evitar que dicho acta provocase un enfrentamiento mediante la elaboración de un acuerdo entre el 14 y el 8 de Marzo. Los términos implicaban renunciar al TEL -mediante la retirada de los jueces y de la financiación libanesa y cancelando el acuerdo con la ONU por el que se formó, dado que no siguió los cauces constitucionales libaneses- y, a cambio, la coalición antioccidental retiraría la exigencia de tener un tercio de bloqueo en el Gobierno, los reclamos para enmendar los Acuerdos de Taef y obtener así una representación política proporcional a su número y también las armas en la capital. Y por supuesto, archivaría el espinoso asunto de los falsos testigos que tanto empaña la imagen del 14 de Marzo. “Estábamos a dos dedos de anunciar los términos del acuerdo. Pero hubo un golpe de escena y todo se detuvo”, relató un socio del jefe del parlamento Nabih Berri, del 8 de Marzo, a L’Hebdo Magazine. El golpe de escena se gestó en Washington, cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton se reunió con el rey saudí, convaleciente, y con el propio Saad Hariri. Minutos después Hariri se retiraba de todo acuerdo. La oposición se retiró del Gobierno. Y los libaneses volvieron a asomarse al abismo.

Este no es un país como los otros. Aquí la estabilidad no depende de la policía, que no puede controlar la disciplina civil, sino de la sociedad en sí”, afirma Sayyed. Y la sociedad es fácilmente manipulable por unos líderes políticos sin demasiados escrúpulos. El 14 de Marzo ha calificado la retirada de los ministros del 8 de Marzo de “golpe de Estado contra el poder”, y consideran que el nuevo Gobierno debe estar encabezado por Saad Hariri o, en caso contrario, los suníes no se verán reflejados en el mismo, lo que convertiría al Ejecutivo en algo cuestionable. Para ellos, eso supone una “declaración de guerra”, y de ahí la violenta reacción que comenzó anoche.

El otro bando se considera en su derecho de formar Gobierno. El 8 de Marzo no sólo es Hizbulá, ni tampoco es minoría parlamentaria. La coalición incluye a todos los chiíes (el Partido de Dios y Amal) y a la formación cristiana más importante del país, el Frente Patriótico Libre, que junto con los cristianos del partido Marada suman muchos más diputados que los maronitas aliados con el 14 de Marzo. Si tras las elecciones el 8 de Marzo era la minoría, el giro político del líder druso Walid Jumblatt, que abandonó a Hariri con sus 11 parlamentarios desalentado por las promesas incumplidas de Occidente, les convirtió en mayoría potencial. Jumblatt confirmó la semana pasada que ahora apoya a la Resistencia y a Siria. O lo que es lo mismo, el 8 de Marzo es ahora mayoría parlamentaria y puede formar un Gobierno sin contar con el 14 de Marzo. Pese a ello, ha ofrecido al bloque de Hariri participar de su nuevo gobierno con un tercio de bloqueo.El 14 de Marzo lo ha rechazado.

Todos son conscientes del peligro que conlleva un Gobierno aupado por Hizbulá. “¿Alguien se está preguntando en qué situación quedaría la divisa libanesa si el otro equipo llegara al poder?”, exclamaba este fin de semana el ultranacionalista cristiano Samir Geagea, uno de los más prominentes señores de la guerra, aliado de Hariri. “La situación será similar a la de Gaza”, añadio agitando el peor de los escenarios. Israel ya ha comenzado a advertir de “los peligros” que conllevaría una “Gobierno de Hizbulá”, y el 14 de Marzo se ha sumado a ese argumento. “No aceptaremos subyugar a los libaneses a una dictadura similar a la que padece el pueblo iraní”, han llegado a decir en un comunicado.

No explicando que la mayor parte de los cristianos libaneses están aliados con el 8 de Marzo, los medios occidentales propagan la idea de que será sólo Hizbulá, y no una heterodoxa coalición de partidos, la que tomará el poder. Fuentes de EEUU ya advierten que si el candidato del 8 de Marzo se impone a Hariri cesarán sus ayudas económicas, y fuentes europeas hablan off the record de sanciones internacionales, pese a que el Partido de Dios es considerado por los europeos un partido político y no un grupo terrorista. Una vez más, el juego democrático sólo es válido si favorece a nuestros aliados. El Líbano se convertiría en un segundo Gaza, o incluso peor.

El ex presidente Emile Lahoud.

La creación del TEL, a petición libanesa, es considerada por muchos inconstitucional. El antiguo presidente Emile Lahoud, en el cargo durante la formación de la corte, explicaba a Periodismo Humano el porqué en una entrevista concedida hace unos meses. “Algo así debe ser aprobado por el Parlamento y ratificado por el presidente. Y no ocurrió ninguna de las dos cosas”. No hay más que leer la resolución 1757 por la cual se formó para comprobar que lo irregular de su formación: fue el primer ministro de la época, Fouad Siniora, quien solicitó que se precipitase la creación del mismo. Al no contar con el respaldo de la Cámara Baja ni del presidente libanés, ambos prosirios, solicitó que el TEL fuera forzado ante el secretario general de la ONU, que accedió un día después a incluirlo bajo el Capítulo VII de la Carta Estatutaria de Naciones Unidas, el mismo que implica el uso de la fuerza en el caso de que una resolución sea contrariada.

La 1757 fue adoptada con 10 votos a favor y cinco abstenciones. “No es apropiado por parte del Consejo de Seguridad imponer semejante tribunal al Líbano, especialmente bajo el capítulo VII”, lamentó entonces el representante de Suráfrica, uno de los países que se abstuvieron. El funcionario afirmó que recurriendo a esa medida, el Consejo contravenía al mandato que le otorga la propia Carta y que adoptar el texto propuesto forzaba la politización de la ley internacional, creando precedentes peligrosos.

Las consecuencias de aquella resolución amenazan en volverse contra el Líbano. Un nuevo Gobierno, por más que sea constitucional, que revoque el acuerdo con la ONU o simplemente ignore las órdenes de arresto que el TEL emita contra miembros de Hizbulá podría ser sujeto, a medio plazo, a sanciones e incluso a una intervención internacional. Todo ello pese a las dudas razonables que pesan sobre el Tribunal, que ha ignorado pistas del magnicidio como la que lleva a Israel, sostenida por el propio Hassan Nasrallah, o la que apunta a un grupo radical suní, que se habría vengado del ex primer ministro que, durante su mandato, firmó sentencias de muerte contra algunos de sus miembros, como recuerda Sayyed. “Si se revela que han sido extremistas suníes los que cometieron el magnicidio no habrá consecuencias políticas para nadie”, sostiene el general. “Para poder explotar políticamente el asunto hay que acusar a Siria o a Hizbulá”.