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En conflicto

Del Paraíso de Zahra al infierno de Irán

Publican en español 'El paraíso de Zahra', una desgarradora novela gráfica sobre la 'Revolución Verde' iraní

Sus autores explican a Periodismo Humano los retos que planteó describir la represión del régimen de los ayatolás

"En Irán se pide dignidad, como se pide en todas las revoluciones, incluida la emprendida en España por los indignados"

A Khalil, la elaboración de su libro más difícil y más emocional le quitó el sueño. “No podía ir a Irán para inspirarme y me dediqué a buscar imágenes reales en Internet. Cuando comencé a revisar las fotografías de cadáveres, aquellos rostros me afectaron tanto que no podía dormir y perdí el apetito”. En el caso de su compañero Amir, los acontecimientos en Irán le llevan desvelando algunos años más. Concretamente desde que era un niño, cuando su escuela se alzaba frente a los muros de Evin, símbolo de los crímenes políticos de los regímenes que controlan Irán desde hace décadas.

“Crecí en Irán hasta los 12 años. Cuando era un niño mi escuela estaba frente a la prisión de Evin, y en aquel momento se hablaba mucho sobre los presos políticos y las torturas, se criticaba mucho al Shah. Por un breve periodo de tiempo, que empezó incluso antes de la revolución, gracias a la liberación de presos políticos hubo la sensación de que los crímenes que allí tenían lugar iban a finalizar: cuando llegó Jomeini al poder la gente volvió a desaparecer, volvió a ser ejecutada…” La sombra de Evin no le ha abandonado desde entonces. “Siempre tuve la impresión de que Evin no nos pertenecía, de que había que ponerle fin”, reflexiona.

En lugar de eso, Evin retomó un papel central en la pesadilla de Amir, de Khalil y de decenas de miles de iraníes en junio de 2009, cuando parte de la población de las principales ciudades se echó a las calles para denunciar lo que consideraban un fraude electoral: las elecciones presidenciales que devolvieron el poder a Mahmud Ahmadineyad pese a los sondeos que daban la victoria al líder reformista Mir Hussein Musavi, y que generó la revolución verde, reprimida de forma sangrienta por las fuerzas de Seguridad. Miles de jóvenes fueron arrestados, 70 perdieron la vida por expresar sus dudas sobre los resultados electorales. El régimen admitió tener en prisión a 4.000 manifestantes que fueron torturados, algunos violados.

Producto de aquellos desvelos es un sobrecogedor libro en forma de cómic sobre la marea verde que desbordó las grandes avenidas de Irán y puso al régimen islámico en la peor tesitura social que vive desde 1979. El Paraíso de Zahra, la novela gráfica elaborada por Khalil y Amir -nombres de pila de sus autores, que prefieren mantenerse en el anonimato para evitar las represalias del régimen- y publicada en España por la Editorial Norma, es el relato rotundo de la represión que siguió a las manifestaciones y que secuestró a una sociedad: no sólo a los jóvenes desaparecidos en prisiones tan notorias como Evin o Kahrizak, sino a sus familiares, vecinos y amigos, tocados para siempre por el horror del régimen.

La historia comienza con un recuerdo espeluznante, ese tipo de memorias infantiles que acuden a la mente y sobrecogen el corazón incluso en la madurez de la vida. Una camada de perros recién nacidos asesinada a palazos, sepultados en el anonimato, condenada al olvido: para los autores de El Paraíso de Zahra, una metáfora redonda de cómo el régimen trata a una generación de iraníes silenciándolos a golpes, enterrándolos en prisiones de las que nunca saldrán, abocándolos al olvido sino fuera por el valor de sus familias y por iniciativas como este comic político crudo y desgarrador que trata de mantener viva la llama de la oposición al régimen teocrático.

El relato sorprende por su sencillez y su fuerza. Una madre, Zahra, que pierde  a su hijo Mehdi -un joven de 19 años aficionado al rap y devoto admirador de Zidanne- en una de las protestas y comienza una desagarradora búsqueda junto a su otro hijo, Hassan, el bloguero que narra en primera persona la descorazonadora misión familiar.

Behest-e Zahra, el paraíso de Zahra, es el nombre que recibe el mayor cementerio de Teherán donde yacen los caídos en la revolución islámica y las víctimas de la guerra Irán-Irak, entre otros mártires. Un paraíso tornado en infierno para muchos, como la familia de Mehdi, dado que se dice que allí fueron enterrados de forma secreta los desaparecidos de la revolución verde. Un símbolo que Amir y Khalil emplean para unificar el relato.

“Todos los hechos que contamos están basados en historias reales, pero en su conjunto son ficción. Es una especie de docudrama de historias documentadas por organizaciones de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional”. Eso convierte a El Paraíso de Zahra en un balcón hacia la sobrecogedora represión de los islamistas, donde las familias de los desaparecidos se pierden en el corrupto laberinto burocrático, una maquinaria infame de la que todos son víctimas.

“Tuve el handicap de no haber estado allí, no pude dibujar observando a la gente real pero si lo hubiera hecho habría corrido riesgos que posiblemente me habrían impedido cumplir mi misión”, continúa Khalil en una conversación mantenida mediante videoconferencia desde Estados Unidos, donde ambos residen. “Pero disponía de otra forma de asomarme a la lucha por la democracia, por la libertad y la dignidad, que se pudo ver en todo el mundo gracias al milagro de las nuevas tecnologías que los iraníes tuvieron el ingenio de utilizar“. Un ingenio que heredarían sus vecinos árabes en sus respectivas revoluciones, y un ejemplo que adoptarían en Occidente, desde España hasta Wall Street, para mostrar su rechazo hacia el sistema y reivindicar dignidad. “Es lo mismo, los indignados españoles comparten la misma lucha por la dignidad”, incide Khalil

La conversación se centra en el concepto de dignidad y en las múltiples formas de arrebatárselas al ser humano. La más representativa, la más difícil de digerir, es seguramente la violación como forma de tortura, una de las escenas más estremecedoras de El Paraíso de Zahra. En un momento de la novela, Hassan se entrevista con un joven que compartió celda con su hermano en la prisión de Kahrizak. El chaval no sale de su cuarto desde su liberación: le cuenta el motivo. “¡Fui violado! Violado en el nombre de Dios, en el nombre de Irán, en el nombre del profeta… Es la República Islámica, y no yo, la que ha sido cubierta de inmundicia”.

No se trata de una acusación gratuita. Uno de los principales líderes opositores iraníes, Mehdi Karrubi, sorprendió dos meses después de la revolución verde presentando testimonios de violaciones de jóvenes -hombres y mujeres- en prisión. “La violación, usada como un elemento de humillación, pretende arrebatar la masculinidad a los hombres y la integridad y el honor de las mujeres. Karrubi lo ha denunciado y muchas ONG lo han documentado. Una violación pone en cuestión la completa legitimidad de la república islámica porque con ella se viola lo más sagrado de los iraníes”, desgrana Amir.

“Fuimos cuidadosos para no resultar obscenos ni pornográficos”, añade el activista iraní.”Para mí fue ha sido una de las escena más difíciles de mi carrera”, dice Khalil, un experimentado caricaturista, bien conocido en Oriente Próximo por sus viñetas políticas. “Dibujarlo me obligó a profundizar y eso fue realmente duro, porque me sentía como si estuviese siendo violado; cuando dibujaba a gente ahorcada de grúas me terminaba sintiendo a punto de ser ahorcado; las fotos de la morgue… Pero es importante recrear estos detalles para que la gente entienda que no es una broma, que esto es real. No podíamos pedir a la gente que simplemente se lo imaginara”.

La idea de recrear los acontecimientos en El Paraíso de Zahra surgió en plena marea verde, cuando los iraníes en el exilio vivían los acontecimientos con insaciable voracidad. Especialmente Amir, que nunca dejó aquella ventana del colegio desde donde observaba la tenebrosa Evin.

“Fue más fácil sacar a Amir de Irán que sacar Irán de Amir”, bromea Khalil. “Es como si nunca hubiera abandonado el país incluso si su cuerpo no está allí”. “Nos resultó obvio que debíamos hacer algo, pero la inspiración llegó tras ver un poderoso vídeo en YouTube de una madre que había perdido a su hijo y que le estaba dando sepultura en el paraíso de Zahra”, explica su colega. “Allí había desesperanza, dolor, rabia…  y toda su electricidad nos alcanzó de lleno. Estaba agarrada al ataúd de su hijo sin querer casi enterrarlo y eso fue la directa inspiración de la historia”, explica. “Pero no quisimos basarnos en una sola historia porque habríamos puesto en peligro a sus protagonistas y también porque la historia de Irán es mucho más amplia que la de una familia, es una historia de muchas familias, de ahí que hiciésemos una composición de hechos”.

Al principio, fue una sucesión de capítulos publicadas en la página oficial, lo cual motivó a sus lectores y, gracias a la masiva respuesta de éstos -recibieron reacciones de 151 países- a sus autores, tal como explican éstos. “Una novela gráfica es una empresa difícil y solitaria, un producto que requiere tiempo. La reacción de los lectores fue un aliciente, no sólo por estar en contacto con gente de todo el mundo, sino porque se convirtió en una especie de maratón donde estábamos rodeados de gente que nos animaba y nos enviaba energía. La gente incluso nos traducía a lenguajes donde todavía no ha aparecido la obra, como polaco, japonés o indonesio, en la web. Luego vino el hecho de que importantes editoriales de todo el mundo se interesaran por nuestra obra. Sentimos que el mundo nos apoyaba y que al mundo le importaba Irán“.

Eso fue una inyección de ánimo en un contexto no especialmente motivado. “Los iraníes se sienten traicionados por Occidente”, señala Khalil. “Al principio hubo fascinación por las imágenes de la muerte de Neda, pero una vez que se alejaron las cámaras se evaporó la solidaridad”. Las modas mediáticas han desplazado la revolución verde a un segundo plano, mientras la lucha -y la vida- sigue en Irán. Porque Khalil y Amir han concentrado su empeño en mostrar no sólo la cara más amarga de los iraníes. “Tratamos de balancear la historia mostrando la vida cotidiana, demostrando que pese al horrible sistema, en medio de la experiencia fascista que viven, la gente sigue viviendo, disfrutando, amando”, continúa Khalil.

Las mujeres -madres, hermanas, amantes, novias o simples ciudadanas- juegan un papel central en El Paraíso de Zahra. No sólo Zahra, la madre ficticia de Mehdi y elemento unificador de la novela, sino todas las mujeres que desafían el miedo al sistema para conocer la suerte de sus desaparecidos.

“Las Madres de la Plaza de Mayo han inspirado a mujeres de todo el mundo, incluidas las de Irán”, explica Khalil. “Es impresionante ver la determinación de esas mujeres, que seguirán manfiestándose hasta el día de su muerte. En Teherán ocurre el mismo fenómeno: pese a ser reprimidas, una vez por semana acuden al mismo parque de Teherán, sin flaquear. Las mujeres, en las revoluciones, suelen ser más valientes que los hombres”, añade el caricaturista.

El libro está firmemente documentado, incluido en lo que respecta a las mujeres. Una de las más conocidas, Bahareh Hedayat, responsable de la Campaña del Millón de Firmas que exige igualdad de sexos en la ley iraní, fue condenada a nueve años y medio de prisión por “reunión y confabulación contra el régimen” y por insultar al líder supremo de la República Islámica, verdadero hombre fuerte del país, el ayatolá Jatamí. Según la Premio Nobel Shirin Ebadi, la valiente abogada iraní, 42 abogados han sido perseguidos por el régimen. El Comité para la Protección de los Periodistas denuncia que 34 profesionales fueron detenidos en 2010, entre ellos Mohammad Davari, sentenciado a cinco años por airear testimonios de prisioneros de Kahrizak que denunciaron haber sido torturados y violados. Un informe de Naciones Unidas del pasado septiembre se hacía eco de 300 ejecuciones secretas en la prisión de Vakilabad en 2010, y de otras 146 en 2011. Activistas, políticos, cineastas, intelectuales… cualquiera que mostrase una actitud crítica hacia el régimen de los ayatolás ha sufrido la ira de la teocracia iraní.

¿Significa eso que los iraníes, ya sea en su país o en el exilio, estén a favor de una intervención militar como la que suelen sugerir Estados Unidos o Israel? De ninguna manera, explican Khalil y Amir. “No queremos que nadie dañe a los iraníes, ni el régimen ni una potencia extranjera: eso lo empeoraría todo”, dicen resueltos. “Queremos solidaridad en lugar de bombas, queremos libertad y dignidad. Un ataque exterior sólo reforzaría al régimen”. Y los iraníes, según los autores de El Paraíso de Zahra, ya han plantado el germen de su revolución. “Está bajo tierra pero eso no significa que haya sido aniquilada”, apunta Khalil. “La resistencia sigue en la sociedad y renacerá cuando llegue el momento“.

Ahora, el sueño de los autores es que El Paraíso de Zahra pueda disfrutarse en Irán. Ya trabajan en la traducción al farsi, aunque saben que no ganarán dinero con ello porque la única forma será mediante fotocopias clandestinas como las que costaron más de una paliza a uno de los personajes de su libro por distribuir copias de la fotografía de Mehdi con la palabra desaparecido. “No queremos hacer dinero, sino que este libro sea el espejo de la energía que nos llega desde Irán”, puntualiza Khalil. “Queremos servir de testigos al mundo y animar a nuestros hermanos para que no se dejen vencer“.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

6 comentarios

  1. [...] Sigue leyendo esta noticia de Periodismo Humano en Del Paraíso de Zahra al infierno de Irán [...]

  2. Daniel

    Lo he leído y está muy bien. Muy recomendable para conocer la situación en la que se encuentra Irán y la oleada de represión que hubo tras las elecciones de 2009.

  3. On every weekend, we all friends together used to watch movie, as enjoyment is also essential in life.

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