En conflicto
Concejal de Jerusalén: “el sistema político israelí no es democrático”
El concejal del Ayuntamiento de Jerusalén, Meir Margalit, denuncia las ilegalidades cometidas por su propio consistorio y gobierno
Fue uno de los participantes en el Tribunal Russell sobre Palestina
Su imagen en los asentamientos ante las excavadoras ha recorrido en varias ocasiones el mundo

Meir Margalit durante su intervención en el Tribunal Russell sobre Palestina (c) TRP
Meir Margalit (Argentina, 1954) es concejal y miembro de la coalición de gobierno del Ayuntamiento de Jerusalén desde 2008. Forma parte de Meretz, un pequeño partido de izquierda que ha recogido a los supervivientes menos radicalizados de lo que en su día fue el “campo de la paz” israelí. También trabaja para evitar la demolición de casas palestinas. Viejo conocido del público español, su figura es controvertida. “Judío que se odia a sí mismo” en palabras de los defensores de Israel, colaboracionista según algunas organizaciones de solidaridad con Palestina y la izquierda antisionista israelí, sus intervenciones públicas, ricas en dudas y matices, no dejan indiferente a nadie. Ha participado como testigo en el Tribunal Russell sobre Palestina celebrado recientemente en Barcelona. Su propuesta para modificar el modelo de construcción de colonias que se desarrolla actualmente en los territorios palestinos ocupados dará que hablar.
Usted es concejal y miembro de la coalición de gobierno del Ayuntamiento de Jerusalén en representación del partido Meretz. Al mismo tiempo es coordinador del ICAHD (Comité Israeli contra la Demolición de Hogares, palestinos, se entiende). Es obvio que mantiene algún tipo de doble pertenencia.
Tengo mis dilemas. Mi fidelidad básica es con la justicia y allá donde esté mantengo una sola lucha. Desde ambas posiciones lucho exactamente por lo mismo: acabar con las demoliciones de hogares palestinos y con la ocupación [israelí, de Palestina]. Si ello implica pertenecer, desde el municipio, al sistema que destruye las casas de los palestinos continuaré haciéndolo mientras valore que es efectivo. Cuando vea que ya no sirve para nada, renunciaré.
A día de hoy está convencido de que su labor es positiva.
Los números demuestran que durante el año largo que he estado en el municipio, las demoliciones han disminuido de forma significativa. En 2009 hemos tenido 20 demoliciones menos que en 2008. No sé si gracias a mi presencia o a otras circunstancias pero creo que he aportado un granito de arena en esa dirección. No disfruto trabajando en un municipio de derechas. Pero creo que es importante estar dentro y que una sola lucha se desarrolle paralelamente, desde el interior de las instituciones y desde el exterior.
A quienes trabajan desde dentro de Israel se les acusa de legitimar democráticamente a un Estado cada vez más cuestionado.
Está claro que el sistema político israelí no es democrático y no me cabe ninguna duda al respecto. Ahora, el grado de legitimación que yo le pueda dar a un determinado sistema con mi participación me importa menos que lo que puedo aportar a la supervivencia de la comunidad palestina en la ciudad de Jerusalén y a la lucha contra la ocupación. Claro que se paga un precio. Y claro que es más fácil estar fuera, participando de un movimiento político purista pensando “yo no legitimo ese sistema”. Pero así tampoco podría ayudar a quienes sufren por las políticas de este sistema. Me levanto cada día y me pregunto si merece la pena. Me respondo que la lucha es política y hay que darla en la arena política. Quienes entramos en política en Israel formamos parte de un sistema político que discrimina a los palestinos, es evidente. Sólo podremos saber si nos equivocamos o no con perspectiva histórica. Mientras tanto mi sensación es la de que más vale que también haya gente luchando desde dentro.
Dentro de sus labores municipales se incluye una cuestión objeto de especial controversia, la expansión de los asentamientos en Jerusalén y los territorios palestinos ocupados. Su propuesta política al respecto es, cuanto menos, novedosa respecto al modelo de colonización actual.
Se trata de un proyecto creativo. De un enfoque nuevo. Queremos crear un barrio multinacional en tierras de la Jerusalén Oriental que fueron ocupadas por Israel en 1967 y que pertenecen a la Iglesia cristiana, dispuesta a donarlas para apoyar el proyecto que defendemos. Es tierra que, pese a ser ocupada, no ha sido expropiada y le pertenece aún a sus dueños originales. Se trata de un barrio en el cual habrá un tercio de población judía, un tercio de población cristiana y un tercio de población musulmana. Es decir, será un barrio con dos tercios de población palestina y un tercio de población judía.
La población judía de este barrio no sólo será minoritaria sino que participa de un acuerdo previo: el día que Jerusalén sea dividida, que lo será, este barrio quedará bajo jurisdicción palestina. Seremos, simplemente, una parte más de Palestina. Los israelíes que vivamos en este barrio lo haremos bajo bandera palestina.
¿Por qué llama barrio a lo que la mayoría de los analistas calificarían de colonia ilegal en territorio ocupado?
Si se tratara de judíos que van a crear un barrio en la Jerusalén palestina estaríamos hablando de un asentamiento ilegal. Pero nuestra iniciativa nace de grupos palestinos. Los palestinos serán mayoría en este lugar y cuando llegue el caso, formará parte de Palestina, no de Israel tal y como los entendemos hoy en día. Por tanto no es correcto llamarlo asentamiento ilegal. No lo es desde el derecho internacional y no lo es desde el concepto que lo inspira.
¿Las tierras no serán tierras confiscadas bajo ninguna fórmula militar ni administrativa, por parte de las autoridades israelíes?
Se trata de tierra propiedad de la Iglesia y propiedad de palestinos a los que nadie obliga a participar del proyecto sino que se suman voluntariamente y que continúan manteniendo la propiedad de la tierra.
Si este experimento fructifica ¿se trataría de un paso práctico en la dirección de un estado único para todos sus ciudadanos independientemente de su origen étnico o religioso?
Cuando se habla de un estado único en el territorio de Israel y Palestina nos referimos a la dimensión “macro” de la política. Nosotros estamos realizando una propuesta “micro” que, de fructificar, pueda inspirar y ser copiado a nivel estatal. Esa es precisamente la idea. No tratamos de resolver el problema de la vivienda en Jerusalén. Tratamos de probar un modelo ideológico, político y humanista de convivencia binacional que debería aplicarse no sólo a Jerusalén sino a toda Palestina e Israel. Tenemos la esperanza de que este modelo se convierta algún día en un modelo de convivencia binacional y pueda repetirse a lo largo y ancho de la ciudad de Jerusalén para convertirla en lo que debería haber sido desde un principio. Una ciudad binacional. Es un experimento inspirador de una ciudad binacional y de un estado binacional en Palestina e Israel.










Deberian oirse muchas mas vocees como la de Meir Margalit, la logica tan aplastante de este luchador por la normalizacion entre Palestinos y Judios parece caer en saco roto en la mayoria ultraconservadora de su pais.
Le seguiremos apoyando anonimamente muchas personas como yo que creemos que otro mundo es posible…
Parece que cada vez se habla más de un estado binacional único, que dadas las circunstancias es la única solución justa, viable a largo plazo y, quizá, inevitable. Incluso llegará un día en que se eliminará la palabra “binacional”.
Excelente entrevista
[...] Concejal de Jerusalén: "El sistema político israelí no es democrático" periodismohumano.com/en-conflicto/concejal-del-ayuntamiento-… por O17 hace 2 segundos [...]