En conflicto

Aviso: esto no es un videojuego

Analizamos el vídeo "Asesinato Colateral", con nombre de ficción pero víctimas de verdad

El Ejército abre fuego contra los heridos y quienes trataban de socorrerles

"Me ha resultado muy duro verlo", dice Javier Couso a los siete años de la muerte de su hermano en Irak

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“Me ha resultado muy duro verlo”, nos dice Javier Couso justo cuando se cumplen siete años de la muerte de su hermano José Couso en Irak tras recibir el disparo de un tanque estadounidense en los primeros días de la invasión de Bagdad de 2003. Se refiere al vídeo del asesinato en 2007 de dos periodistas y al menos diez personas más en un ataque aéreo norteamericano también en Bagdad, y en el que no encontrar paralelismos es difícil. Estas imágenes pueden ayudarnos a entender algunas cosas que pasaron en 2003, que pasaron en 2007 y que pueden estar pasando.

El beneficio de la duda para los soldados y oficiales responsables de estas muertes está al principio del vídeo. Algunos de los hombres del grupo observado llevan objetos en las manos que parecen armas y que los soldados a bordo del helicóptero describen como fusiles AK-47.

“Me he visto las imágenes una y otra vez”, comenta Javier Couso. “Es cierto que al principio sí que aparecen unos individuos armados, en absoluto en actitud hostil. También hay que recordar que los periodistas tienen derecho a hablar con todas las partes del conflicto para hacer su trabajo y eso debe respetarse. Pero no había una situación de hostilidad ni guerra”.

Luego todo va de mal en peor. Confunden la cámara del fotoperiodista Namir Noor-Eldeen con un lanzagranadas:

- Eso es un arma - Si...

Como en el caso Couso 2003, en el caso Reuters 2007 el Pentágono ya se escuda en errores de percepción. En 2003, lo que eran unos prismáticos de un observador insurgente acabó siendo la cámara de Couso, como reconoció el Comando Central de los Estados Unidos en una carta remitida a la familia Couso a través de la entonces ministra de Exteriores Ana Palacio:

Miembros de la Compañía A localizaron a una persona con prismáticos en el balcón de una habitación de las plantas superiores de un alto edificio de color marrón-canela. También vieron destellos, parecido a posible fuego enemigo, procedente de la zona del edificio. Un carro de combate efectuó un disparó con su cañón de calibre 120mm hacia la posición del presunto observador enemigo.

En 2007, lo que era un lanzagranadas acabó siendo la cámara de fotos de Noor-Eldeen.

“En las imágenes se ve claramente que no es un RPG (lanzagranadas)”, dice Couso con tono de no me tomes el pelo. “Si lo comparas con una cámara de fotos, cualquier modelo de RPG es mucho más largo. Sobre todo con los visores que se manejan ahora mismo, se distinguen perfectamente”.

Basados en esta percepción a la ligera, piden permiso para disparar y lo reciben.

- ¡Dales caña! Venga, ¡dispara!

Abren fuego y tras la nube de polvo aparecen los cuerpos. “Buen tiro”, dice un superior. “Gracias”, responde el soldado. “Me ha impactado la actitud de los soldados estadounidenses con respecto a los civiles”, dice Javier Couso. “Parecía que estaban jugando a la PlayStation”.

- "Oh, sí... mira a esos cabrones muertos" - "Genial", responde otro.

Mientras uno de los periodistas se arrastra y agoniza durante minutos sobre la acera, los soldados le observan intentando saber si es uno de los hombres “armados”. Con tono desafiante, uno de ellos dice “Venga… tú solo coge un arma…”.

Ahora viene otro de los momentos clave. Una furgoneta viene a recoger al fotoperiodista moribundo, cuya imagen claramente ya demuestra que no va armado. Sin embargo, al acercarse la furgoneta, los soldados la definen como “un vehículo que podría venir a recoger cuerpos y armas”. El soldado parece estar deseando disparar y sus superiores, tras consultarlo durante bastantes segundos, se lo conceden. El helicóptero abre fuego sobre una persona moribunda y sobre otras dos que tampoco van armadas y que no muestran otro interés ni intención que la de antender al herido.

- "Venga, ¡dejadnos disparar!"

Como se comprueba en el vídeo, cualquier soldado debe pedir permiso si quiere abrir fuego contra cualquier objetivo. En 2003, el sargento Thomas Gibson giró su cañón hacia el hotel y disparó, alegando después que habia visto insurgencia armada en un edificio. Por supuesto, recibió permiso para disparar de su superior, el capitán Woldford. “Toda mi familia es militar”, recuerda Couso, “y los ejércitos no son una pandilla de macarras que funcionan sobre la marcha; la cadena de mando se respeta escrupulosamente y si no, hay consecuencias. Con este vídeo se corrobora que en cualquier intervención se pide permiso antes de disparar, y varias veces”, dice el hermano de Couso.

Abren fuego contra la furgoneta y otra nube lo deja todo en calma. Es el momento del reconocimiento sobre el terreno. Un tanque pasa por encima de uno de los cadáveres. Resulta dificil creer que no lo vieron porque desde el helicóptero se dieron cuenta: “acaba de pasar por encima de un cuerpo”, dice uno;”¿en serio?” dice el otro mientras deja escapar una risita. Dentro de la furgoneta – sus cabezas se perciben en la ventanilla delantera izquierda si se quieren ver – había dos niños, que resultan heridos. La petición de los marines de que los niños sean llevados al hospital militar se deniega y son entregados a la policía iraquí para que los lleve a un centro médico local (partes médicos). “Bueno, es su culpa por traerse los niños a la batalla”, dice uno para expiar la culpa. “Cierto”, le alivia el otro.

Esta guinda pone de relieve, según la familia Couso, que Estados Unidos “viola el derecho internacional humanitario al que está comprometido, que dice muy claramente que hay que distinguir entre civiles y combatientes“.

El Gobierno norteamericano y el Pentágono contaron en 2007 una versión muy diferente de lo ocurrido: que las víctimas eran “terroristas” o “insurgentes” muertos en el fragor de una batalla y que todo lo ocurrido estaba dentro de las Reglas de Combate (pdf) y las leyes internacionales para conflictos; que no sabían de dónde salían los niños y que hicieron todo por ayudarles; que el trabajo sobre el terreno fue complicado porque “no se quería pisar ningún cuerpo con los tanques”. El vídeo ha permanecido oculto hasta que alguien lo ha filtrado a Wikileaks.

José Couso y Namir Noor-Eldeen

Vía libre y autocensura

Olga Rodríguez, periodista y colaboradora de periodismohumano, se encontraba en el Hotel Palestina en el momento en que el proyectil estadounidense impactaba sobre el balcón de la planta 15 y mataba al cámara de Telecinco. “Muchos periodistas lamentamos comprobar cómo cada cierto tiempo se repiten casos similares al ataque que dio muerte a Couso. Los testigos del disparo contra el hotel Palestina hemos ofrecido datos que cuestionan la legitimidad de lo que ocurrió”.

Son las mismas excusas que con mi hermano“, sigue Javier, “el mismo guión. No hay ninguna investigación, los militares se blindan entre ellos y se dice que hubo un enfrentamiento con insurgentes”.

Olga Rodríguez dibuja una causa-efecto: “si la muerte de José Couso no hubiera quedado impune es probable que estos dos periodistas de Reuters no hubieran muerto. Pero mientras no se apliquen las leyes que protegen a los periodistas y por lo tanto a la información libre, los ejércitos sentirán que tienen vía libre para actuar con brutalidad y cometer crímenes de guerra”.

Algunos trabajadores de Reuters ya vieron en su día el vídeo que todos hemos visto ahora con el compromiso de no publicar nada. Lo respetaron. El propio editor jefe de Reuters News, David Schlesinger, ha dicho que el vídeo “es una prueba explícita de los peligros a los que se enfrentan los periodistas de guerra y las tragedias que pueden ocurrir”. En CNN no están emitiendo la parte del vídeo en que se produce el tiroteo “por respeto a las familias de los fallecidos” y en la web no lo destacan a esta hora. En la BBC tampoco. “A los grandes medios de comunicación no les importa ni siquiera sus casi 350 compañeros que en 7 años han sido asesinados en Irak”, dice amargamente Javier Couso.

La justicia española se ha mostrado muy reticente a cursar como a la familia Couso le gustaría el caso de la “muerte por error” de José. El caso se encuentra sobreseído y recurrido ante el Tribunal Supremo, que si lo rechaza tendrá que ver cómo se hace cargo el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. El amplio grupo que mantiene vivo el Caso Couso va agotar todas las vías. Por séptimo año consecutivo, mañana 8 de abril a las 8 de la tarde volverá a haber concentración delante de la embajada de EEUU.