En conflicto

2. “Están violando Siria”

Segundo capítulo de las "Crónicas de Siria"realizadas clandestinamente, en estas Navidades, por nuestra corresponsal Mónica G. Prieto en la sitiada ciudad de Homs.

Hasta que los bombardeos fueron continuados, las protestas se celebraban en todo Homs.

Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

Un tambor que golpea rítmicamente marca el ritmo de los manifestantes. Un joven, obrero de 23 años hasta la revolución, entona canciones coreadas por los asistentes. “Qué vergüenza, Bashar, que sigas siendo el presidente cuando eres un criminal”. “Lárgate Bashar”, responde a gritos la multitud. Entre gritos y coros, una voz masculina surge por un altavoz. “Sobre todo, no os acerquéis a los checkpoints. Disparan a matar, así que lo repetimos una y mil veces: no os aproximéis a ellos”. Un consejo vano: la población de Homs ha aprendido a evitar, en la medida de lo posible, estos puntos de control así como las avenidas, donde los francotiradores disparan indiscriminadamente a quien se mueve.

Hasta que los bombardeos fueron continuados, las protestas se seguían celebrando en todo Homs. Los viernes, miles de personas salían a sus calles; el resto de los días, centenares se congregaban en sus barrios, aislados unos de otros por puestos militares, para corear consignas contra el régimen de Bashar al Assad y mostrar pancartas donde se urge a la comunidad internacional a actuar.

Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

“Libertad para nuestros hermanos e hijos en prisión”. “Paren la masacre”. “¿Dónde está la Liga Arabe?”. “No somos chiíes, alauitas o suníes: todos somos sirios”. Gritos mudos en una revolución a la que muchos cuestionan su legitimidad llevados por la propaganda que califica de terroristas a una población civil unida en su exigencia de libertad independientemente de clases sociales, edades y religiones. Una población decidida a proseguir hasta el final, porque cada crimen del régimen les insufla nuevas fuerzas.

No se pueden ver armas en las protestas, a no ser que los megáfonos de quienes las dirigen pretendan ser consideradas como tales. Tampoco los supuestos terroristas a los que dice combatir Bashar al Assad, sólo hombres, mujeres, adolescentes y niños de corta edad, omnipresentes en las marchas y con la firme voluntad de hacer audible lo que está ocurriendo en Siria.


Manifestación en Homs. Diciembre, 2011. ()

“En Occidente las fuerzas de Seguridad están para proteger a los ciudadanos, aquí nos matan. Sólo dan seguridad al régimen asesino”, decía un estudiante de Filología, que sólo se identificaba como Bilal, en una de las marchas celebrada poco antes de la sangrienta ofensiva de Homs, en el barrio de Inshaat. “Pero sus crímenes nos dan valor. Si paramos nos matarán, nos arrestarán en nuestras casas, este gobierno está loco”, añadía otro universitario a su lado. Ambos, como otros muchos consultados, pedían a la comunidad internacional que declare una no fly zone que impida a las fuerzas armadas sirias atacar manifestantes.

Casas destruídas en Homs. Diciembre, 2011(Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

“Nuestro presidente es un malnacido sin cerebro”, dice otra de las participantes en la protesta. Tiene unos 50 años, se expresa en perfecto inglés y sigue en estado de shock tras haber conocido, la víspera, las consecuencias de una explosión contra tres casas donde perecieron cinco miembros de una familia, cuatro de ellos niños, en el vecino barrio de Baba Amr. “Nos están asesinando y a nadie le importa. Los shabiha [milicias progubernamentales] están secuestrando y violando niñas. Están violando Siria”.

Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

Aparece otra mujer de similar edad, quien en perfecto francés pide hablar con la periodista. “¿Cómo nos puede hacer esto una persona que se educó en Europa, que sabe lo que es la democracia? ¿Cómo es posible que su mujer no diga nada, que no se marche del país para no ser cómplice de esta matanza?”. “Mire, nos están matando. No nos devuelven los cadáveres hasta que la familia no firma un papel donde dice que la víctima pereció a manos de terroristas. Mi marido es el responsable de una clínica privada: entraron a las cinco de la madrugada y se llevaron a los ocho heridos que tenía hospitalizados. Algunos estaban en la unidad de cuidados intensivos: les arrancaron la respiración asistida y los tiraron al suelo, les pisotearon. Dos de ellos murieron allí mismo; el resto fueron conducidos al hospital militar”.

Todos tienen una atrocidad que contar. Una muerte, una detención, una desaparición, un caso de torturas cercano. Todos maldicen al régimen sirio, y todos encuentran nuevas fuerzas para salir a las calles. “Llevamos años esperando este momento”, suscribe Leila, profesora en la universidad. “Para nosotros está siendo muy duro, aunque llevamos 40 años acostumbrados a estos criminales. Pero la comunidad internacional está negociando con él bajo la mesa, la población no es su prioridad. Los Derechos Humanos no le preocupan a la comunidad internacional”, lamenta. “Mientras Bashar no se vaya, seguiremos manifestándonos porque, si abandonamos, todos seremos arrestados”.

Abu Nur muestra sus heridas (Mónica G, Prieto / Periodismo Humano)

Abu Fares, 72 años, afirma llevar “toda la vida rezando” para vivir esta revolución. El, su esposa, sus hijos y nietos llevan participando en las manifestaciones desde que comenzaron, y afirma que no abandonarán pese a que su hijo, Abu Nur, de 35 años, yace convaleciente del segundo disparo de francotirador que recibe en los últimos meses. La primera vez fue en Baba Amr el seis de mayo, cuando un disparo le alcanzó en el vientre; la segunda, cuatro días antes de la entrevista: trataba de rescatar a un herido que yacía en la calle cuando una bala le atravesó el brazo y salió por su espalda.

Reclinado en el tradicional recibidor árabe, la sala más caliente de la casa dado que es la única que cuenta con estufa de gasóleo y, por tanto, el dormitorio familiar en estos días de invierno y cerco militar, Abu Nur se incorpora con dificultad. “Me seguiré manifestando hasta que muera”, dice tras una pausa, mirando directamente a los ojos. A su lado, su padre apunta: “Aún tiene una última batalla que librar”. “No nos entregaremos, no retrocederemos hasta el momento de nuestra muerte”, continúa el herido. Sus palabras recuerdan a una pintada que puede leerse cerca de su casa, y que reza: “Nunca nos arrodillaremos”.

Pintadas en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

Las pintadas, antes inéditas en la Siria de la dictadura, son ahora legión en Baba Amr. Cierto ambiente de libertad se respira en sus calles defendidas del Ejército sirio por la precaria milicia de desertores que conforman el Ejército Libre de Siria, que tienen el barrio de Homs como único reducto en todo el país. Los niños improvisan protestas con cánticos contra el régimen y lanzando vivas al ELS, los mayores hacen lo mismo reuniéndose en pequeños grupos de vecinos que, armados con un megáfono, gritan todo lo que no pudieron gritar en 40 años de dictadura.

Manifestación en Homs, Diciembre, 2011 (Mónica G. Prieto / Periodismo Humano)

“Queremos libertad, por nuestros muertos y por nuestros derechos”, explica una universitaria en una de las protestas nocturnas del barrio insurrecto, que antes de la ofensiva militar se celebraban a diario. “Hemos intentado pedir ayuda a Turquía, a la Liga Arabe, a la comunidad internacional, y nadie apoya nuestro derecho a la libertad. Ahora ya no queremos a nadie. Dios nos ayudará a ganar nuestra revolución”.

Manifestación en el barrio baba Amr de Homs, 22 de Diciembre, 2011. (Mónica G. Prieto /Periodismo Humano)

1. Bienvenidos a Homs

28.12.2011 · Mónica G. Prieto · (Homs, Siria)
Iniciamos la publicación de una serie de reportajes realizados clandestinamente durante estos días de Navidades por nuestra corresponsal Mónica G. Prieto en la ciudad siria de Homs, sitiada y bombardeada por el ejército del régimen de Bashar Al Assad.28.12.2011 · Mónica G. Prieto · (Homs, Siria)
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