En conflicto

“¿No es normal que nos queramos defender de esta criminal familia Assad?”

En el norte del Líbano, la desesperación de los refugiados sirios aumenta tras la última ofensiva contra Homs

En las clínicas alquiladas a tal efecto, se espera que los heridos de la actual agresión militar puedan atravesar la frontera, donde ahora patrulla el Ejército libanés

Los líderes religiosos denuncian la persecución del régimen y advierten del riesgo de radicalización

Entierro masivo en Homs de algunas de las víctimas de los bombardeos del ejército de Assad. Febrero 2012 (AP vía LCCSyria)

El pequeño televisor japonés escupe las imágenes de Orient TV, el único canal de la oposición siria, que emite desde Emiratos Arabes, arrojando una turbia luz sobre la estrecha habitación donde se sientan los dos refugiados. Imágenes temblorosas captadas horas antes en el barrio de Baba Amr muestran el hospital de campaña recién atacado, a uno de sus sanitarios gritando desgarrado a cámara mientras entre la polvareda se distingue a un hombre con el pie convertido en un amasijo de carne. Otro yace en la entrada, inconsciente, y algo más allá dos varones transportan en una camilla a una tercera víctima.

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Ataque al hospital de Homs.

Confusión, miedo, caos e impotencia se mezclan en el televisor y también en los rostros de los dos espectadores, incapaces de desviar la mirada. En el exilio forzado, a esas sensaciones hay que sumarles un nudo en la garganta permanente que ahoga la conversación. “Después de ver la criminalidad del régimen, ¿no es normal buscar una forma de defender a nuestras familias, a nuestros hijos, nuestras casas y tierras? ¿No es normal que nos queramos defender de esta familia criminal y sus aliados?”, musita en tono calmado pero con el rostro desencajado Mohamed Emir Ashab, un clérigo de Homs refugiado en Tripoli, la segunda ciudad más importante del Líbano.

En la región norteña de Akkar, la comunidad siria refugiada en el Líbano (estimada en más de 6.000 personas, si bien se teme que la cifra sea mucho mayor dado que parte de quienes llegan no se registran por miedo a ser expulsados) sigue los acontecimientos en Homs con horror e incertidumbre. Las comunicaciones con el interior son imposibles, las imágenes grabadas por los cámaras aficionados, perturbadoras y el único contacto de la ciudad con el mundo exterior, el periodista ciudadano Khaled abu Salah, resultó herido en el bombardeo del hospital clandestino rebajando drásticamente la moral dentro y fuera de Siria.

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La última y furiosa ofensiva que pretende doblegar a la ciudad mantiene las emociones de los refugiados a flor de piel. “No pude dormir en toda la noche tras ver el vídeo del crío al que le habían volado media mandíbula, explica Rami, pseudónimo de un activista de Homs basado en Tripoli desde que huyese de una orden de captura en su país. La agresión relativiza los problemas de una comunidad atrapada entre la represión y la particular situación del Líbano, donde el gobierno –una coalición próxima a Hizbulá, aliado clave de Bashar Assad en la región- comienza a abandonar la relativa neutralidad que hasta ahora le caracterizaba para tomar partido claramente por Damasco.

Desde el pasado sábado, el Ejército libanés se ha desplegado en la región de Wadi Khaled, al norte de Akkar y fronteriza con Siria, para prevenir oficialmente el tráfico de armas pero, extraoficialmente, para evitar la entrada y salida de potenciales desertores sirios e impedir el acceso de refugiados bajo la acusación de entrada ilegal en el país. Al menos eso denuncian desde un hospital privado de Tripoli cuya segunda planta ha sido alquilada para atender a los heridos que logran entrar al Líbano. La cercanía de la ciudad de Homs a la frontera, apenas 30 kilómetros, convierte Akkar en un destino natural para ellos.

Abu Mohamed, de 29 años, original de Quseir, ciudad fronteriza siria en plena insurrección y también en plena ofensiva armada, es uno de los heridos. “Hace una semana me dispararon desde un checkpoint del Ejército. Abrieron fuego indiscriminadamente, me dieron en la pierna”, dice recostado en una de las habitaciones de la clínica. “Recuerdo poco, sólo que me cerraron la herida en una casa particular y me metieron en un coche. Luego fuimos en moto. Un trayecto que suele hacerse en 10 minutos nos llevó dos horas y media”.

Atravesar la frontera de forma clandestina, sorteando a los Ejércitos de ambos países, cada vez es más arriesgado para los heridos. La misma noche en que Periodismo Humano abandonó mediante esa vía Siria, a finales de diciembre, tras pasar ocho días en Homs, tres ciudadanos morían en un ataque del Ejército sirio contra su vehículo. “Eran dos libaneses y un sirio, viajaban en un automóvil con un herido al que pretendían evacuar. No sabemos qué ocurrió con el herido”, explica Abu Yaser, portavoz del Alto Comité Humanitario para la Asistencia de Siria, una institución recientemente creada para prestar ayuda sanitaria a los exiliados. “Desde hace semanas, cada vez es más difícil entrar en el Líbano. Hace 20 días detuvieron a cuatro refugiados que intentaban regresar a Siria; hace dos semanas, cinco heridos que habían sido evacuados fueron detenidos en un puesto de control militar. Ahora, los heridos sirios son un objetivo del Ejército del Líbano”.

Un ejemplo es Abu Alah, un fornido vecino de Quseir de 33 años con el brazo abierto en canal y sustentado por un arnés metálico. Hace un mes, según relata, las fuerzas armadas sirias dispararon contra el funeral de una víctima de la represión en la que él participaba, sosteniendo el féretro junto a más conciudadanos. “Una bala explosiva me dio en el brazo izquierdo, una bala en la mano derecha y una tercera en la pierna”, dice mostrando las cicatrices, aún frescas, que laceran su cuerpo. “Tuvieron que cortar hueso. Los médicos dicen que he perdido 10 centímetros de brazo, pero tuve suerte. Mucha gente cayó al suelo delante mía, al menos 13 murieron. A los heridos los remataban en el suelo. Yo caí frente a una casa: la puerta se abrió y sus habitantes me arrastraron hacia adentro. Cuatro horas después me pudieron sacar por la puerta de atrás”.

Varios niños escondidos en un refugio improvisado durante los bombardeos sobre la ciudad de Homs. 7 de Febrero 2012. (Omar shakir)

Abu Alah explica que pasó por un hospital de campaña, pero la gravedad de sus heridas requerían un equipo médico adecuado y se decidió su evacuación al Líbano. “Cuando llegamos a la frontera, había sido cerrada por completo. Esperamos hasta la una de la madrugada, con la esperanza de que se durmieran, y atravesamos la linde en mula. Pero cuando entramos en Líbano, en la primera casa donde me alojaron entró el Ejército”, dice suspirando con resignación. “Me llevaron de un calabozo a otro a patadas, ignorando mis heridas. Me acusaban de entrar ilegalmente en el país. En los siete días que estuve en prisión, nunca me dieron asistencia médica”. Sólo la aparición del dueño de la casa libanesa junto con responsables de la Cruz Roja lograron que las autoridades libanesas le liberasen.

Ahora Abu Alah espera a que la herida del brazo le sane para poder someterse a su próxima operación, que tendrá lugar en Trípoli. El lunes, cuando se realizó este reportaje, 32 de las 33 camas disponibles en la planta de la clínica alquilada por los sirios estaban ocupadas. No había ingresado nadie en los últimos días. “Estamos esperando muchos heridos, con la última masacre de Homs vamos a necesitar unos suministros médicos que no tenemos”, prosigue Abu Yasser. “No tenemos ayuda internacional: ni la Cruz Roja, ni la Media Luna Roja ni ninguna ONG nos ayuda. Este hospital nos cuesta 8.000 dólares por semana en condiciones normales, pero con la masacre de Homs preveemos que nos va a costar unos 12.000 en las próximas semanas. La situación está empeorando, que alguien nos ayude”, implora el joven, estudiante de Administración y Empresa hasta que la revolución transformó su vida.

Archivo. Marzo 2011. Lakatia. Un familiar de un herido por el ejército de Assad. llora por su pariente.

El personal de esta planta del hospital –casi exclusivamente sirio, salvo dos médicos libaneses que permiten que la clínica no cometa ninguna ilegalidad dado que en el país del Cedro está prohibido que personal extranjero gestione un hospital- ha atendido a unos 160 pacientes desde que fue alquilada, el pasado 3 de diciembre, pero son conscientes de lo que se avecina. Han lanzado una campaña de recaudación de fondos para pagar los gastos y han abierto una página web donde recoger donaciones. “No nos ayuda ninguna organización, sólo individuos sirios y árabes”, incide Abu Yaser. Hasta el momento se han enfrentado a heridas por esquirlas, balas explosivas y disparos de francotirador: en tres casos, las balas habían alcanzado la cabeza. “Han sobrevivido porque se trataba de heridas superficiales, pero el transporte hasta el Líbano fue muy difícil”. En otro caso, otro paciente llegó con 30 disparos, según Abu Yaser, quien especifica que “son todos civiles. A los soldados del Ejército Libre de Siria deben tratarles en secreto, sobre el terreno. Aquí no nos llegan”.

Los refugiados sirios ya disponen de dos clínicas en Trípoli como la antes mencionada. El personal compra camas supletorias de su bolsillo e incluso literas para aumentar la capacidad de las 10 habitaciones. Han abandonado las casas particulares, sin condiciones sanitarias adecuadas, donde antes trataban a los heridos en Trípoli. Pero las heridas emocionales, las que producen los recuerdos y las imágenes que llegan a través de la televisión, no tienen cura alguna. “Esto”, dice Abu Aleh, señalando los clavos metálicos que atraviesan su brazo, “no es nada comparado con lo que está pasando ahí dentro”.

http://www.youtube.com/watch?v=DLe8A6OmAiI

Los silbidos de las bombas que caen sobre Homs se escuchan antes de las explosiones. Febrero, 2012.

Una de las consecuencias más previsibles de la impotencia ante los crímenes y ante la pasividad internacional será, sin duda, la radicalización religiosa de una población que siempre fue moderada. Los clérigos sirios han notado que cada vez más fieles acuden a las mezquitas, y no solo para participar en las las manifestaciones. En Siria, donde la concentración de personas está prohibida como tantas otras libertades públicas, la única forma de protestar contra el régimen era acudir los viernes a los templos y aprovechar el final de la oración para salir con la multitud y corear consignas. Según los religiosos consultados, los acontecimientos hacen que muchos se refugien en el Islam.

“Por supuesto que ahora hay más devoción religiosa”, dice el sheikh Mohamed Emir Ashab, natural de Homs. “La gente ha comprendido que nadie está de su lado, solo Dios”, añade este clérigo que escapó hace cinco meses, señalado por el régimen como “terrorista por decir lo que pensaba y ayudar a evacuar a los heridos”. Ashab participó en las primeras protestas, entre ellas en la celebrada en la Plaza del Reloj al principio de la revolución, respondida con fuego por el régimen. “Nos dispararon, nos bombardearon. Fue un shock para nosotros. No somos radicales ni somos terroristas, pero tengo familia. Tengo que defender a mis hijos, defender mi país, y si para eso tengo que recurrir a las armas lo haré. Cualquiera debería estar de acuerdo conmigo”, se justifica Ashab.

Un refugiado sirio, con sus hijos, grita contra el gobierno de Assad en Yayladagi, Turquía, Junio 15, 2011. (AP Photo / Vadim Ghirda) I

A su lado, el sheikh Zuheir Amr Abazi, originario de Daraa, asiente tras su mesa de trabajo. “Está habiendo una persecución religiosa. Cualquiera con barba es detenido, cualquier mujer con niqab es objetivo de los shabiha, está habiendo violaciones”, denuncia. Abazi escapó del país hace seis meses, tras destacar demasiado como religioso implicado en las revueltas. En Daraa, el corazón de la insurrección siria, estudió cuatro años con el sheikh Ahmed al Ayassi, responsable de la mezquita de Al Omari, de donde salieron las primeras protestas tras la detención de una docena de adolescentes acusados de realizar pintadas pidiendo la caída del régimen.

Los jóvenes fueron torturados –les arrancaron las uñas, golpearon y quemaron en los interrogatorios- y sus familiares y vecinos salieron a las calles para pedir al principio su liberación y, más tarde, responsabilidades por sus heridas. Abazi, de 25 años, lo sabe bien, porque es primo de uno de los niños torturados. Cuando la ciudad fue atacada con carros de combate escapó a Damasco, donde ingresó en los Comités Locales de Coordinación, una de las organizaciones que lideran las revueltas. Tras la formación del Consejo Supremo Islámico de Siria –ilegal- Abazi fue nombrado secretario y portavoz del mismo y enviado al exterior para promover la nueva institución.

“Desde que comenzó la revolución han sido detenidos 800 estudiantes de teología o ulemas”, dice el sheikh. “Más de 150 han sido asesinados, y unos 500 estamos en la clandestinidad”, dice explicando su propia presencia en el Líbano. “No hay un sólo clérigo en Homs que no haya sido perseguido”, apunta el sheikh Ashab.

La persecución religiosa está destinada, según ellos, a justificar que son extremistas religiosos quienes están detrás de la revuelta. “Los Hermanos Musulmanes sólo están presentes en los medios de comunicación. Sobre el terreno llevan décadas desaparecidos, en el exilio, desde la masacre de Hama”, continúa el sheikh de Homs. “Al que se le ocurre siquiera la idea de militar en los Hermanos Musulmanes se lo llevan a prisión”, aduce Abazi. “En Siria, en caso de asesinato la pena es cadena perpétua, pero si se sospecha de militancia en los Hermanos Musulmanes la sentencia es pena capital”.

Un día antes de ser herido por metralla, el reportero ciudadano Abu Salah recoge una niña muerta en el bombardeo de Homs por el ejército de Assad. (Video captura)

Los clérigos no descartan que, como ya pasó en el Líbano o en Irak, grupos radicales se asienten en Siria atraidos por la inestabilidad, el caos y la violencia. “El régimen de esta mafia que son los Assad ha perdido el control y eso abre espacio a radicales con malas intenciones. Hay que ser realistas, las fronteras son muy grandes”, incide el sheikh de Homs.

No hay dudas que las diferencias entre las sectas religiosas están siendo exacerbadas en Siria por la violencia. El espectro de la guerra civil es, según los dos religiosos, obra de Assad, una opinión que comparten todos los activistas consultados dentro y fuera del país árabe. “El régimen está atacando mezquitas e iglesias para culpar a ‘terroristas’. Bashar intenta encender la llama [del conflicto sectario] para justificarse, para decir que sólo se defiende de lo que sale de las mezquitas”, indica el clérigo de Homs. Sin embargo, Ashab no puede garantizar que no suceda lo peor. “Si ocurre lo que tememos en el futuro, será culpa de la indiferencia del mundo. Nosotros hemos demostrado principios, pero esto resulta insoportable”, dice señalando a las imagénes de Orient TV que muestran cómo Homs se desangra.

Actualización 8 de Febrero 2012

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Decenas de tanques se dirigen a Homs.

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Tanques avanzan disparando por calles de Homs

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Tanques disparan contra edificios

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Un padre corre con su bebe herido de muerte después de un bombardeo esta mañana.

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Bombardeo continuado sobre la ciudad de Homs

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Más información en las  “Crónicas de Siria”, realizadas clandestinamente en la sitiada ciudad de Homs, Siria.