Economía

“Te vamos a chingar, el día 31 estarás muerto”

Se incrementa la violencia contra los indígenas que se oponen a la construcción del que sería el mayor parque eólico de América Latina, en el Istmo de Tehuantepec (Oaxaca, México)

“No vamos a entregar el mar. El aire, el mar y la tierra no están en venta”

La región es un paraíso para las eléctricas porque el istmo es el segundo lugar del mundo con mayor potencial eólico.

Manifestanción contra la eólica de Mareña Renovables (Foto: Asamblea de pueblos indígenas del Istmo de Tehuantepec en defensa de la tierra y el territorio http://tierrayterritorio.wordpress.com)

“Tememos por nuestras vidas”, dice Carlos Beas, el coordinador de la organización indígena UCIZONI, del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en el sur de México. “No puedo hablar mucho porque nos estamos moviendo, escondiéndonos. Somos varios los amenazados de muerte. A mí me llegaron las amenazas por teléfono. ‘Ya está hecho el negocio en San Dionisio, hazte a un lado que te vamos a chingar’, decían. Y a Rodrigo Flores, otro defensor de derechos humanos, fueron a visitarle dos conocidos sicarios de Juchitán y le garantizaron: ‘el 31 enero estarás muerto’. Afortunadamente no pasó nada ese día pero el peligro continúa. Seguimos temiendo por nuestras vidas”.

En otro lugar, estas amenazas pudieran ser fanfarronadas. En México, donde el crimen organizado campa a sus anchas (muchas veces en complicidad con las autoridades) y donde la violencia política se ha cobrado muchas vidas, son amenazas a tener muy en cuenta.

El delito de Carlos Beas y de los en torno a 5.000 comuneros de San Dionisio del Mar y Álvaro Obregón, dos comunidades de la zona de lagunas saladas del istmo (ver mapa en pag. 3 de este documento) es oponerse a la construcción del que podría convertirse en el mayor parque eólico de América Latina. El proyecto, de la empresa Mareña Renovables consiste en 132 aerogeneradores que producirían 396 megavatios (MW). El parque se uniría a otros 14 que ya existen en el istmo, una región en la que México aspira a producir 2.500 MW y donde se planea construir un parque tecnológico que sea referente para toda Latinoamérica.

Captura de la web de la empresa

Mareña (compañía con capital danés, japonés y español hasta que Preneal vendió su participación al fondo de infraestructuras Macquarie) aspira a suministrar “energía limpia” a las compañías Femsa (Coca-cola) y Cervecería Cuauhtemoc-Heineken, cuenta con el aval del Banco Interamericano de Desarrollo y quiere construir el parque en la Barra de Santa Teresa, una estrecha franja de tierra de 25 km de largo que separa dos lagunas saladas casi pegadas al Pacífico. Las torres no solo pondrían en peligro la pesca, fuente de subsistencia de estas comunidades, sino zonas de tránsito y de rituales indígenas.

“Nosotros no vamos a entregar el mar. El aire, el mar y la tierra no se venden. Si entra Mareña ¿adónde van a ir los pescadores?”, se preguntan las mujeres.

La ley, a su favor

Los molinos se han convertido en un paisaje habitual en el istmo, apenas 200 km de tierra que separan el océano Atlántico del Pacífico y cuyo potencial eólico es el segundo mayor del mundo tras el de la Patagonia, con 4.000 horas de viento útil (casi medio año), según los expertos. Pero lo que hace años se vio como símbolo de progreso, cada vez genera mayores suspicacias entre ciertos sectores de la población que se quejan de engaños a la hora de arrendar sus tierras y de no ver los beneficios, mientras las eléctricas y el gobierno de Oaxaca no dejan de ganar dinero. Ya lo contábamos en Periodismo Humano en este reportaje de mayo de 2010.

La estrategia de las compañías, que en los primeros años fueron mayoritariamente españolas (Acciona, Iberdrola, Gamesa…) fue aliarse con los caciques locales que acapararon todos los beneficios de los acuerdos de usufructo o renta de las tierras al margen de la opinión del resto de los pobladores que, en algunos lugares, se levantaron contra ellos. Un ejemplo es San Dionisio del Mar, que en enero del año pasado derrocó al ejecutivo municipal y desde entonces es gobernado de forma asamblearia.

Manifestación contra la eólica (Foto: Asamblea de pueblos indígenas del Istmo de Tehuantepec en defensa de la tierra y el territorio http://tierrayterritorio.wordpress.com)

Según explica Carlos Beas, el hostigamiento creció en los últimos meses y, sobre todo, después de que los tribunales concedieran un amparo a los indígenas el 7 de diciembre para que se paralizara la obra de Mareña en la barra de Santa Teresa por falta de consulta previa con los pobladores.

La sentencia fue un jarro de agua fría tanto para el gobierno de Oaxaca, liderado por Gabino Cué (el hombre que sacó al PRI del poder en 2010), como para la empresa. Según Michael Chamberlin, integrante del Mecanismo de Protección de Defensores de Derechos Humanos (un grupo creado por el gobierno federal que se activa en las emergencias, en este caso, ante las amenazas de muerte) la estrategia de la empresa es, por un lado, criminalizar a los indígenas en los medios, ya que se habían levantado barricadas en la barra de Santa Teresa para impedir el acceso de los trabajadores de Mareña. Por otro, la compañía ha presionado al Gobierno de Oaxaca diciendo que se iría a otro lado con su millonaria inversión si no garantizaba la estabilidad en la zona y las asociaciones empresariales del estado han pedido a Cué que no lo permita. Y eso es lo que hizo.

400 policías contra la resistencia indígena

“Durante el fin de semana del 1 y 2 de febrero ingresaron a Alvaro Obregón más 400 elementos armados de la policía estatal (de Oaxaca) que irrumpieron en el pueblo por sorpresa y la gente se defendió como pudo. Hubo varios enfrentamientos en esos días, detuvieron a pescadores que regresaban de su faena y golpearon a mujeres y ancianas”, indica Beas.

Según Amnistía Internacional fue una acción realizada sin orden judicial y en aparente violación del amparo concedido a los indígenas en diciembre. Esa noche del 2 de febrero unas mil personas acudieron a la barricada en la entrada de la barra para impedir el acceso de la policía.

“Avisaron que llegaban y nos preparamos con palos, machetes, que es lo que tenemos aquí. Que vuelvan, no tenemos miedo”, gritaba una mujer en uno de los videos que los propios pobladores subieron a internet. “Vinieron para golpear porque venían corriendo”, apunta uno de sus compañeros. “La policía estatal quería posicionarse en la zona para luego dejar entrar a la empresa”, asegura otro. Finalmente su resistencia hizo que la policía se retirara pero todos saben que la lucha no ha terminado.

De hecho, las comunidades indígenas de la zona sospechan que los planes de Mareña son cambiar el lugar del parque y ubicarlo en la zona de San Mateo, explica Carlos Beas. “No hay nada oficial pero el movimiento se ha trasladado de la barra a esa área”.

Beas teme que la empresa pretenda instalarse allí aprovechando que el alcalde de la localidad de San Mateo, Francisco Valle, está a favor del proyecto y sin tomar en cuenta la resistencia de otros sectores que han acusado al edil de liderar agresiones contra comuneros y defensores de derechos humanos.

Pero la presión sigue y ahora informar sobre el conflicto también es motivo de riesgo. Esta misma semana, Amnistía Internacional lanzó un comunicado para hacer pública su preocupación por la vida de Vicente Aquino, un activista y locutor de una radio comunitaria, que tras cubrir una conferencia de prensa sobre las acciones de oposición a la construcción del parque eólico tuvo una llamada. “El gobierno ya no quiere personas como tú, yo ya tengo órdenes expresas de acabar contigo y con tu familia”. Además, personas no identificadas detuvieron injustificadamente a seis periodistas que fueron liberados horas después.

Mareña Renovables se ha deslindando de cualquier acto de violencia e insiste en que cuenta con el apoyo de la mayoría de comunidades para realizar su proyecto y que este respeta la vida marina de la zona. Su director general, Andrew Chapman, recordaba, además, que  el proyecto supondrá grandes ganancias para toda la región ya que las localidades afectadas recibirán 29 millones de pesos al año (1,7 millones de euros).

“Dicen que nos van a dar millones”, argumenta Martin Rosas, poblador de San Dionisio, pero a nosotros no nos interesa. Sin el libre acceso a la laguna que nos alimenta, ¿qué haremos?”.

De momento, resistir, coinciden los pobladores porque esta batalla va más allá de Mareña. “Ya está en marcha la construcción de otro parque de Fenosa-Gas Natural en la zona”, asegura Beas, otro proyecto que, según las comunidades también se desarrolla basado en contratos firmados hace años con engaños. Y en Bruselas en marzo un grupo de indígenas se quejaron del daño a sus comunidades de otro parque, el Bii Nee Stipa II, de Gamesa, también en el Istmo y que cuenta con fondos de la Unión Europea. La batalla de los indígenas contra las eólicas está, por tanto, muy lejos de acabar.

(Foto: Asamblea de pueblos indígenas del Istmo de Tehuantepec en defensa de la tierra y el territorio http://tierrayterritorio.wordpress.com)