Economía

“Sacrificar a Grecia es un suicidio para la UE”

"Si Grecia cae y se ve sometida a las demandas del capital global, habrá emergido en las filas de la Unión Europea un precedente que desmantela la soberanía de la unión como proyecto político", dice Statis Gourgouris, uno de los expertos consultados en este artículo.

Un anciano camina ante un grupo de antidisturbios que custodian el Ministerio del Interior en junio de 2012 ((AP Photo/Kostas Tsironis)

El pasado domingo 17 de junio Antonis Samaras entró al centro de prensa como ganador de las elecciones parlamentarias griegas. Era tarde, y el líder del partido conservador Nueva Democracia estaba rodeado de un grupo de sudorosos y rotundos admiradores. Para un observador bien informado, el simple contorno de estos hombres era una señal de que la sórdida operación tramada conjuntamente por las instituciones financieras internacionales, Bruselas, Berlín, los principales bancos del mundo y los medios de comunicación globales estaba entrando en su siguiente fase.

Las antiguas élites griegas que gobernaron el país durante los últimos cuarenta años y que lo han llevado literalmente al borde de la miseria tercermundista han terminado por entregarlo a los especuladores financieros internacionales. Lo más doloroso es que casi la mitad del electorado griego decidió votarles. Por tanto, el mandato que el nuevo gobierno griego ha recibido es un mandato para implementar su modelo de “nueva economía” en toda su extensión, una visión aterradora de la que no cabe duda que recorrerá la región en olas cada vez más terribles.

En clara colaboración con las instituciones financieras internacionales, la UE hizo todo lo posible para minar las posibilidades de Syriza, la coalición de partidos de izquierda radical. Liderados por el carismático Alexis Tsipras, Syriza aboga por el no a las drásticas medidas de austeridad. Su agenda incluye la nacionalización de los bancos, luchar para mantener un sistema fuerte de educación y sanidad públicas, y posicionarse como muro de contención contra la ola de privatizaciones que amenaza absolutamente todo.

¿Cómo ha ayudado la UE a los depredadores? Una semana antes de las elecciones griegas, Bruselas concedió a España una ayuda de 100.000 millones de euros, un gesto que muchos votantes griegos interpretaron como una promesa de recortes más suaves también para ellos, sólo si los votos devolvían el poder al bloque conservador. Pero no era más que una hábil jugada. Bruselas, Berlín y Washington estaban nerviosos por la posibilidad de que Alexis Tsipras, líder de Syriza, tuviera algún tipo de plan que siguiera a la retirada de Grecia de la Eurozona… Un plan que probablemente se basaría en forjar nuevas alianzas con Moscú o Pekín.

Un hombre recoge pan de un cubo de la basura en la ciudad portuaria de Thessaloniki en enero de 2012(AP Photo/Nikolas Giakoumidis)

El capitalismo global lucha por su supervivencia

“Estas elecciones eran cruciales para la supervivencia del capitalismo global”, opina Statis Gourgouris, profesor de literatura clásica en la Universidad de Columbia, en Nueva York. “Las elecciones demostraron que la mayoría del pueblo griego rechaza aceptar el desmantelamiento de su infraestructura social y económica. El pueblo se niega a consentir el empobrecimiento de amplias capas de la sociedad, la aniquilación del futuro de la próxima generación, y la difamación de toda una forma de vida. Aún más importante es que la sociedad griega ha demostrado que no acepta ser utilizada como un experimento de economía neoliberal”.

El profesor Gourgouris dice que ya nada le sorprende, mucho menos el cinismo del poder financiero global y de los medios de masas a su servicio. “En muchos aspectos, es la historia de siempre. No es la primera vez en la historia que el destino de sociedades enteras está en manos de banqueros. Pero nos vendría bien recordar que, llevadas al extremo, las sociedades tienden a deshacerse con enorme violencia. Dado que, como ideal político, la UE fue creada para evitar tal desintegración, sorprende ver a sus líderes políticos y económicos llevar a cabo un programa tan catastrófico contra toda prudencia. Grecia es un país pequeño. También es una economía pequeña. Por eso ha sido seleccionado como laboratorio para un experimento sobre neoliberalismo extremo. Pero la gente de toda Europa debe darse cuenta de que la resistencia griega a convertirse en tal experimento tiene importantes consecuencias, ya que concierne al futuro de todos. Si Grecia cae y se ve sometida a las demandas del capital global, habrá emergido en las filas de la Unión Europea un precedente que desmantela la soberanía de la unión como proyecto político. Ya sea porque se rinda completamente o porque sea expulsada, sacrificas a Grecia es un suicidio para la UE”.

Violando la dignidad

Grecia está siendo transformada en un clásico país tercermundista. En marzo el paro entre los jóvenes alcanzó el cincuenta por ciento. El Estado del bienestar se está desvaneciendo a un ritmo impresionante. En los últimos meses, las instituciones monetarias europeas han obligado a los políticos griegos a recortar las pensiones una media de 200 euros. El salario mínimo mensual cayó de 800 a 568 euros. Unos 15.000 funcionarios públicos perderán su empleo este año. Se está reduciendo el Estado en todos los niveles posibles, y la sanidad y la educación se están llevando la peor parte.

Hace unos días, el director de un centro psiquiátrico de la isla de Leros envió una carta al ministro de sanidad. En ella resumía lo que venía ocurriendo en tantos otros hospitales griegos. “Le notificamos que ya no podemos alimentar a nuestros pacientes”, escribía el director, Yannis Antartis: “Muchos ahora tienen que pasar hambre. Ya no recibimos entregas de comida, ya que no podemos pagarlas al estar fuertemente endeudados”.

Costas Lapavitsas, profesor de economía de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, opina que el pecado original que desencadenó la crisis griega fue unirse a la zona Euro en 2001. En lugar de compasión, insiste en que su país necesita ayuda concreta. La crisis griega es de hecho la crisis de toda Europa, y como tal requiere una solución paneuropea. El éxito sólo es posible si esa solución es pensada para ayudar al pueblo, no a los peces gordos. Lapavitsas es el primero en estar de acuerdo con que muchos griegos han estado evadiendo impuestos. Pero  esos eran sobre todo aquellos que usurparon los puestos estatales importantes y llevaron al país al borde de la servidumbre tercermundista. “No hay ninguna duda de que Grecia necesita un cambio radical”, señala Lapavistas, “pero es poco probable que sean las capas dominantes de la sociedad las que lleven a cabo esa reforma necesaria. Son precisamente esas personas las que no pagan impuestos, las que presiden extensas redes de influencias y que por tanto están desesperadas por mantenerse en la unión monetaria. La auténtica reforma en Grecia debe ser liderada por los trabajadores, la mayoría de los cuales paga sus impuestos religiosamente”.

Según Lapavistas e innumerables críticos, la austeridad ha llevado a un menor gasto público y mayores impuestos, reduciendo así la demanda. “Esto ha conllevado un sufrimiento adicional para nuestras empresas, sobre todo porque los bancos también han reducido la concesión de créditos. Los resultados saltan a la vista: aumento del desempleo, caída del consumo, muy poca inversión. Un 22% de paro y una caída de la producción del 20% son datos que se esperarían de un país devastado por la guerra. Ya que los ingresos se han visto reducidos de forma generalizada, se hace más difícil lidiar con la deuda tanto pública como privada. Por no hablar de recaudar impuestos”. Este eminente economista griego cree que la disolución de la Eurozona no está lejos. Añade que la bancarrota de Grecia era una certeza desde el comienzo de la crisis, aunque el país estaba mejor equipado para hacerle frente hace dos años. “Los políticos griegos deben trazar un plan alternativo. Con medidas de preparación y movilización popular, el shock de la bancarrota y la salida podría ser menor. Sería necesaria una intervención pública a todos los niveles, incluyendo la nacionalización de la banca, el control de capitales, medidas administrativas para asegurar el suministro de petróleo, medicina y alimentos, y la protección de las pequeñas y medianas empresas. Grecia puede sacar provecho del conocimiento acumulado a raíz de otras situaciones extraordinarias parecidas, como la de Argentina tras el 2001”.

Un comerciante ambulante vende pollos vivos a un euro a inmigrantes en el centro de Atenas el 25 de mayo de 2012 (AP Photo/Thanassis Stavrakis)

Lapavitsas, uno de los arquitectos del programa económico de Syriza, opina que el auténtico vencedor de las elecciones griegas es la coalición de partidos de izquierda radical. “Hace no mucho, Syriza tenía el 5% del voto, puede que incluso menos. Ahora tiene casi el 27%, y es la fuerza de oposición oficial. Yo diría que es un gran logro. Syriza representa a todos aquellos que sufren enormemente las políticas de rescate. No hay ninguna duda sobre eso. Sin embargo, en las últimas semanas ha habido expectativas e incluso la anticipación de que Syiriza podía ganar. Y al no cumplirse, algunos se sienten decepcionados, incluso dentro del mismo partido. Yo creo que es totalmente infundado. Creo que el resultado es básicamente un triunfo para Syriza, que está ahora posicionada para convertirse en la voz organizada de los asalariados griegos y de la clase media y baja”.

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