Economía

Respetar el suelo da más frutos en Tanzania

El ministro de Agricultura, Seguridad Alimentaria y Cooperativas, Christopher Chiza, instó a los pequeños productores del país a apelar a la labranza de conservación, que procura causar la mínima perturbación del suelo donde se cultiva

Para los agricultores de Tanzania, esta técnica supone mayores índices de producción y una reducción de la inversión en tecnología, así como un aumento de la calidad de vida

"Alrededor de 80 por ciento de los 34,5 millones de habitantes del país, dependen de la agricultura para su subsistencia", según el informe "Conservation Agriculture as practiced in Tanzania – three case studies"

Dos hijos de Peter Mcharo trabajan el campo de su padre en la aldea de Kibaigwa, en la región de Morogoro, a unos 350 kilómetros de Dar es Salaam. (Orton Kiishweko/IPS)

Considerada una posible solución a la inseguridad alimentaria y un mecanismo de adaptación al cambio climático en África, la labranza de conservación les permite a cultivadores de Tanzania, como Mcharo, obtener mejores cosechas.

El 22 de abril, el ministro de Agricultura, Seguridad Alimentaria y Cooperativas, Christopher Chiza, instó a los pequeños productores del país a apelar a la labranza de conservación, sistema también conocido como “siembra directa” o “labranza cero”, que procura causar la mínima perturbación del suelo donde se cultiva.

Esta práctica emerge como una posible respuesta a la grave escasez de alimentos que sufren 47 distritos en esta nación de África oriental.

Las zonas tanzanas más afectadas son Kilimanjaro, Lindi, Tanga, Mtwara, Iringa, Kagera, Mwanza y Singida.

Mcharo, de la aldea de Kibaigwa, dijo a IPS: “En las cinco temporadas que usé este sistema confirmé que es mejor usar la labranza de conservación. Mis colegas en la cooperativa de la aldea y yo hicimos más ganancias por cada media hectárea que cuando cultivábamos una porción más grande de tierra”.

Mcharo integra junto a otros 30 agricultores de su aldea la cooperativa Umoja (“unidad”, en swahili), todos involucrados en la agricultura de conservación.

Estos son algunos de los varios productores del país beneficiados por un proyecto de labranza de conservación apoyado desde 1998 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El proyecto, administrado por el Ministerio de Agricultura, Seguridad Alimentaria y Cooperativas, beneficia a unos 4.000 pequeños agricultores en las regiones centrales y norteñas de Morogoro, Kilosa, Mbeya, Arusha, Babati y Manyara.

Según un informe de 2007 redactado por Richard Shetto y Marietha Owenya en conjunción con la FAO y otros socios, titulado “Conservation Agriculture as practiced in Tanzania – three case studies” (La agricultura de conservación como se practica en Tanzania: Tres casos de estudio), subraya que la producción agrícola es la base económica del país.

Responde “por alrededor de la mitad tanto del producto interno bruto como de las exportaciones de mercancías. Alrededor de 80 por ciento de los 34,5 millones de habitantes del país, especialmente los que viven en áreas rurales y periurbanas, dependen de la agricultura para su subsistencia”.

La labranza de conservación es una práctica de producción eficiente que implica una mínima o ninguna perturbación del suelo, al que se le mantiene cubierto todo el tiempo, sea con la propia plantación o con una capa de residuos de anteriores cosechas.

Además, se aplica un sistema de rotación de cultivos y se reduce o evita por completo el uso de pesticidas, mientras se opta por otros métodos de protección orgánicos.

Asimismo, se hace énfasis en herramientas simples y de bajo costo, como sembradoras y arados impulsados por bueyes. El modelo Fitarelli de sembradora directa a tracción animal, una invención brasileña, se hace cada vez más popular en la agricultura de conservación.

En la última temporada de cultivos, Mcharo utilizó en su tierra de 1,2 hectáreas un arado que causa una alteración mínima en el suelo.

Sin emplear fertilizantes, sus cosechas aumentaron de 20 kilogramos de maíz cada media hectárea hace dos años a 50 kilos por media hectárea en noviembre de 2012.

También intercaló cultivos de maní con el maíz.

“Antes podía llegar a gastar más de 125 dólares en la preparación de mi pequeño terreno y comprando fertilizantes y semillas, pero cosechaba solo 15 kilos de maíz por cada media hectárea, y ganaba 106 dólares por ellos”, contó.

“Además de reducir los costos de producción, me di cuenta de que esta tecnología me ahorra más tiempo y es menos exigente”, añadió.

La práctica también mejoró su estilo de vida.

Mcharo ganó 250 dólares en su última cosecha, casi tres veces la del año previo. El agricultor, a cargo de una familia de nueve personas, contó que pudo colocarle a su hogar un nuevo techo con láminas de hierro, compró una fresadora y añadió otras 1,2 hectáreas a su tierra, donde comenzará a cultivar arroz la próxima temporada.

El ingeniero agrícola Mark Lyimo, del Ministerio de Agricultura, dirigió la fase inicial del proyecto de labranza de conservación.

Dijo a IPS que la siembra directa es una práctica que ha demostrado ser útil para combatir la degradación del suelo.

“Fue necesaria debido a la erosión del suelo y a la pérdida de fertilidad, que amenazan vastas superficies de las tierras agrícolas en África y, como consecuencia, la existencia de las granjas y de las familias rurales”, indicó.

“La tecnología se concentra principalmente en la producción sostenible a través de un sistema intenso de plantación donde se intercalan dos veces al año dos clases de cultivos, una legumbre y un cereal”, dijo Lyimo.

El Ministerio informó que, por lo general, las legumbres, los frijoles y el maní son intercalados en muchas plantaciones del norte y del centro del país.

Lyimo sostuvo que se debían redoblar los esfuerzos para demostrar que la labranza de conservación efectivamente funciona, y así cambiar la mentalidad de los agricultores, quienes por años han arado y desmalezado sus tierras.

Joseph Ndunguru, del tanzano Instituto Mikocheni de Investigación Agrícola, destacó que los suelos húmedos que son conservados con esta práctica generan mejores cosechas a lo largo de todo el año.

“El agricultor descubrirá que esta tecnología, además de reducir sus costos de producción, le ahorrará tiempo y será menos exigente”, destacó.

Damian Gabagambi, de la Universidad de la Agricultura de Sokoine, dijo a IPS que la práctica es también buena para los pequeños agricultores porque reduce la vulnerabilidad de los suelos ante las sequías.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie