Economía

Nestlé resbala con el aceite de palma

Un vídeo de Greenpeace censurado en YouTube destapa prácticas de deforestación en Indonesia

La empresa reconoce que no pone la mano en el fuego por sus subcontratas

Ver una deliciosa barra de Kit Kat convertida en los dedos de un orangután no es agradable. Pero que desaparezca la selva tropical de Indonesia lo es menos.

Kit Kat. El chocolate crujiente que destruye los bosques. Nestlé fabrica Kit Kat y para ello utiliza aceite de palma. Entre sus empresas proveedoras está la mayor responsable de la destrucción de los últimos bosques de Indonesia, que también afecta muy negativamente al modo de vida y al sustento de la población local y está ocasionando la extinción del orangután.

Tras esta campaña de Greenpeace, y no sin antes intentar censurarla con la complicidad de Youtube, Nestlé se ha visto obligada a romper relaciones con uno de sus proveedores en Indonesia, Sinar Mas, que le proporcionaba el aceite de palma utilizado para fabricar algunas de sus chocolatinas. Nestlé asegura que ya había empezado a investigar a Sinar Mas en 2009, tras otro informe de Greenpeace, y presentan como una buena noticia que “el aceite de Sinar Mas sólo se ha usado para fabricar chocolatinas que se venden en Indonesia”, algo que contradice directamente la versión de la ONG, que la acusa de usar esos productos en todo el mundo.

Nestlé, la empresa de alimentación más grande del mundo después de Pepsi Co., reconoce que hoy por hoy no puede garantizar totalmente que los aceites no provengan de la deforestación porque “la cadena de proveedores es muy compleja” y controlar todas las subcontratas es imposible. Sin embargo, se compromete a que lo conseguirá antes de 2015.

El marketing es a veces atrevido y al entrar en la página web de Sinar Mas lo primero que uno encuentra es unas manos sosteniendo un puñado de arena fértil, del que sale una planta, de esas plantas que uno ve que crecen felices y tranquilas. Sin embargo, los informes medioambientales de Greenpeace demuestran que la empresa “está expandiendo sus plantaciones tras talar las selvas tropicales y quemar y drenar las zonas de turberas. Estas actuaciones crean graves problemas sociales, aceleran el cambio climático y destruyen el hábitat de especies amenazadas como el orangután”.

presentación sobre la deforestación de Greenpeace | haz click para empezar

Ni el Kit Kat ni el resto de productos de Nestlé se fabricará ya con aceite de palma de Sinar Mas, aunque en su web no cite con quién lo hace o lo hará a partir de ahora. Pero Sinar Mas sigue teniendo clientes en todo el mundo dedicados a la producción de jabón, helado o margarina. Algunos de esos clientes, como Kraft o Unilever, ya abandonaron a la compañía indonesia el año pasado, y esas decisiones duelen. Ayer mismo, el colectivo de empresas indonesias que se dedican a la producción de aceite de palma anunciaron que boicotearán a Nestlé por romper relaciones con ellos y que se está poniendo en peligro a muchos pequeños cultivadores de palma aceitera en Indonesia, el primer exportador mundial de esta materia prima y el país que más rápido arrasa sus selvas.

Nestlé, la empresa más boicoteada del mundo

El historial de responsabilidad social de Nestlé tiene un regusto amargo. A finales de los 70, se demostró que la compañía suiza regalaba su leche en polvo para recién nacidos en hospitales de países pobres para crear un hábito en los bebés y en las glándulas mamarias que obligara a las madres a seguir comprándola. Además, promocionaba su producto como si fuera un sustitutivo de mejor calidad que la leche natural. La campaña de boicot a Nestlé fue masiva y organizada en Estados Unidos e incluso se extendió por Europa y a otras marcas, lo que obligó a reforzar la vigilancia de la Organización Mundial de la Salud. Hoy esa presión se hace en Facebook.

No es esta la única razón, ni la más reciente, por la que muchas organizaciones ambientales o de derechos humanos tienen en sus oficinas una diana de dardos con el logo de Nestlé. A la deforestación hay que añadir otros casos: el pago millonario exigido en 2002 al Estado de Etiopía por una deuda de una empresa etíope que data de 1975, uso de transgénicos en decenas de sus productos o acuerdos de explotación con productores locales de Cacao que derivan en trabajo infantil.