Economía

Medidas para calmar los ánimos

El gobierno interino de Egipto trata de calmar a la población atendiendo algunos de sus reclamos mediante medidas paliativas

"Sólo tratamos de apagar focos ígneos", dice la subsecretaria de Finanzas, Amina Ghanem.

"Son medidas para tranquilizar, para calmar el dolor, pero no curan nada", critica Al Hariri, del partido de la oposición Tagammu.

Un joven transporta pan en una calle de El Cairo, Egipto. Febrero, 2011 (AP Photo/Ben Curtis)

“Tras la revolución, muchos egipcios se dieron cuenta del grado de injusticia al que estaban sometidos y que los habían estado robando por años”, nos dice Abulezz al Hariri, ex legislador opositor. “Comenzaron reclamando sus derechos. El gobierno actual sólo trata de que se cumplan de inmediato”, añadió.

Desde mediados de los años 80, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) trataron de impulsar políticas que restringieron el papel del Estado en la economía, recortaron el déficit y otorgaron más influencia al sector privado. Presionado por el éxito de la revuelta popular, que logró la renuncia del presidente el 11 de este mes, el gobierno del primer ministro Ahmed Shafiq revirtió con rapidez algunas políticas controvertidas. Shafiq fue primero designado por Mubarak y mantenido en el cargo por el ejército para atender asuntos cotidianos. Muchas de las medidas anunciadas en los últimos días apuntan a atender la precaria situación económica que padecen millones de egipcios, ansiosos de concretar los beneficios de la rebelión de 18 días, en la que murieron 365 manifestantes.

El gobierno interino anunció que todos los ciudadanos tienen derecho a solicitar las raciones mensuales de azúcar, aceite y arroz. Las autoridades anteriores, empresarios y ejecutivos retirados, las habían congelado. La decisión revirtió una disposición anterior de entregar raciones mensuales sólo a quienes pudiera probar su situación precaria tras prolongados trámites burocráticos. El nuevo ministro de Finanzas, Samir Radwan, informó la semana pasada que no cambiará el sistema de subsidios actuales, que otorga alimentos a menor precio de mercado a 65 millones de ciudadanos. Además, prometió compensar el alza de los precios internacionales de esos alimentos, lo que le significará al Estado el equivalente a 425 millones de dólares, indicó Radwan.

Las nuevas políticas también contemplan la salud. El Ministerio ofrecerá atención gratuita las 24 horas del día en los hospitales públicos. Días antes de la revuelta que comenzó el 25 de enero, el régimen de Mubarak limitó ese servicio de ocho de la mañana a una de la tarde. En materia laboral, se regularizará la situación de los empleados temporales que hace tres años trabajan en el Estado otorgándoles contratos permanentes con mejores salarios y beneficios como planes de pensión, salud y seguridad social. Hubo largas colas en muchas municipalidades tras el anuncio del gobierno interino de subsidiar la vivienda para que aspirantes jóvenes puedan tener su casa más rápidamente. El Banco Central de Egipto informó el miércoles 16 que actuaría como “garante” para alcanzar las demandas de los empleados del sector bancario, como controlar los paquetes de compensaciones y los salarios de los altos cargos y ofrecer más beneficios a los trabajadores.

Las nuevas medidas llevaron a algunos analistas a preguntarse si Egipto volverá a tomar el rumbo socialista que caracterizó el gobierno del presidente Gamal Abdel Nasser (1956-1970). “No retomamos la senda socialista”, dijo a IPS la subsecretaria de Finanzas, Amina Ghanem. “Sólo tratamos de apagar focos ígneos”, apuntó.  “No vamos a perder nuestras reformas”, señaló Ghanem, también subsecretaria del anterior ministro, Yussef Boutros Ghali. “Queremos que la gente trabaje, no sólo que reciba caridad del gobierno”, añadió. Las nuevas medidas se financiarán mediante la redistribución de fondos hacia las áreas de mayor prioridad, no reestructurando toda la economía del país, acotó.

El gobierno interino no está abandonando las políticas capitalistas inspiradas en las instituciones financieras occidentales, coincidió Al Hariri, del opositor Partido Tagammu. “Son medidas para tranquilizar, para calmar el dolor, pero no curan nada”, apuntó. El futuro gobierno tendrá que encontrar alternativas, sostuvo Al Hariri, como planes a largo plazo para crear más puestos de trabajo y lo que llamó “verdaderas industrias” y “verdaderas inversiones”.

Entre las medidas a tomar para restablecer un equilibrio social sugirió confiscar los bienes robados por los allegados al anterior régimen, implementar una distribución igualitaria de la riqueza, mejorar el sistema impositivo y los controles del gobierno y poner un “techo razonable” a la rentabilidad obtenida de los bienes y servicios brindados a la población.

El nuevo rumbo económico de Egipto está plagado de peligros por los profundos intereses creados de empresarios, símbolos del anterior régimen y de las instituciones financieras, señaló Mamdouh al Wali, del periódico Al Ahram. “El nuevo gobierno, aunque sea elegido, puede tener problemas para resistir tanta presión”, alertó. “El cambio será duro”, añadió.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie