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Economía

Las caras de Lisboa más allá de la Champions

La cita futbolística europea mostró una dulcificada y banal imagen de Portugal y de su capital, muy lejana de la realidad en la que vive la población tras tres años de intervención económica de la troika.

El 17,9 por ciento de la población vive con rendimientos por debajo de la línea de pobreza relativa, establecida en los 416 euros al mes.

La crisis ha traído recortes en sanidad y educación, como protestan en la imagen. / MAF

Los focos hicieron su trabajo: ensalzaron el mejor perfil, potenciaron la parte estética, mostraron la perfección sin arrugas de la ciudad. Las crónicas y los titulares repicaron esa belleza sin cuestión y aconsejaron cómo sacarle aún mejor partido. Que si los mejores restaurantes, que si las pastelerías únicas, que si los atardeceres impolutos, que si las rúas  irremplazables. Quienes llegaron la fotografiaron hasta la extenuación. Eso sí, disfrazada. Porque así estuvo Lisboa por unos días, travestida bajo los focos del teatro de la Final de la Champions League, maquillada por la UEFA y peinada por las grandes compañías patrocinadoras. Jugadores y afición hicieron suya la capital de Portugal (y del mundo  deportivo al menos por unas horas) sin preguntarle por sus dolencias.

Pero ¿cómo está Lisboa? Mejor aún, ¿cómo está Portugal? Tras un largo proceso de intervención económica y financiera, el país padece desangrado. Si para algunos analistas y para el Ejecutivo luso la salida de la troika, materializada justo una semana antes del evento futbolístico, ha resultado un éxito de las políticas de austeridad europeas, las cifras sociales obligan a repensar el proceso y sus resultados. Aquí también hay ganadores y perdedores, pero de otro calibre. Las faltas se traducen en recortes, los penaltis en despidos y los 120 minutos de la final fueron en realidad 36 meses de rescate.

La troika –que alinea al Banco Central Europeo (BCE), Fondo Monetario Internacional (FMI) y Comisión Europea (CE)- deja dos países: el del déficit controlado, la tasa de interés baja y el aumento de las exportaciones; pero también el del empobrecimiento, el aumento enorme de impuestos y la regresión del bienestar social. Son las dos caras de Lisboa y de Portugal. Aunque el show-business en torno al balompié sólo sacara brillo y mostrara una de ellas.

Una mujer solicita ayuda en la Plaza del Comercio. / J. Marcos 

“Portugal ha sido depauperado, el Estado enflaquecido. Los jóvenes mejor cualificados han tenido que emigrar”, resume el profesor del Instituto Universitarío de Lisboa Sandro Mendonça. ‘La emigración fue la válvula de escape que alivió las tensiones sociales’. Así titulaba uno de los periódicos de más tirada de Portugal un día antes de la salida de la troika. Y es que, el país ha perdido entre 150.000 y 200.000 personas en tres años, cifras nunca antes vividas.

Quienes marchan buscan trabajo. Y futuro. “En materia de emigración, los efectos de la troika han sido tan malos como en todo lo demás, o eventualmente peores, porque los impactos fueron muy fuertes y graves”, ha apuntado el investigador del Instituto Superior de Economía y Gestión João Peixoto. Portugal ya es el segundo país de la Unión Europea en porcentaje de emigración: con el 28,8 por ciento, sólo está por detrás de Malta.

Aunque hay múltiples lecturas y caras: la salida de trabajadores y trabajadoras ha aliviado los datos de paro, ha disminuido los gastos por subsidio de desempleo y ha evitado la conflictividad social, apuntaba el mismo diario. Y la llegada de remesas no para de aumentar: en el primer trimestre de este año crecieron el 1,4 por ciento, llegando a los 228,5 millones de euros; mientras que el dinero enviado por los inmigrantes en Portugal disminuyó el 2,9 por ciento, hasta 115,4 millones de euros, según los datos del Banco de Portugal. Frente a los múltiples focos y la atención mediática del derbi Real Madrid contra el Atlético de Madrid, esta ‘balanza comercial’ ha sido condenada al ostracismo, a vivir en la sombra.

El “austeritarismo” y la falta de esperanza

“La falta de esperanza es el legado más pesado de la troika”, remarca Manuel Loff, quien califica la situación actual del país de “auteritarismo”. Este historiador considera que “lo que se anuncia a las personas es que se tienen que habituar a vivir con mucho menos y que esto va a ser así durante muchos años”.

La tasa de desempleo, las bajadas de salarios, el aumento de los horarios de trabajo o la eliminación de días de festivos son algunas de las huellas dejadas por la intervención económica en el mercado laboral luso. Alrededor de medio millón de personas cobran los 485 euros en los que está situado el salario mínimo, congelado desde hace tres años. Se trata precisamente de una de las primeras medidas tomadas tras la Revolución de los Claveles, de la que se acaban de cumplir 40 años: 3.330 escudos de suelo tendrían hoy un valor hoy de 548 euros, en unos cálculos que tapa la alianza conservadora al frente del Ejecutivo.

Ser ‘quinientos-eurista’ es moneda común en Portugal. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, el 17,9 por ciento de la población vivía con rendimientos por debajo de la línea de pobreza relativa, establecida en los 416 euros al mes. Uno de cada cuatro portugueses estaba en situación de “privación material”. Aquellas cifras corresponden a 2011 y desde entonces la situación ha ido a peor, según confirman las voces consultadas.

El empobrecimiento tiene muchos nombres y demasiadas caras. “Hace dos años recibía 414 euros del rendimiento social de inserción. Ahora recibo 160 euros, para mí y para mis dos hijos. Esto no son recortes, es mala fe”, exponía una desempleada en el V Foro Nacional de Personas en Situación de Pobreza o Exclusión Social, celebrado hace unos meses.

Las cifras de las ayudas sociales y de las redes de solidaridad tampoco salieron en ninguna de las instantáneas. Ni son virales. “El número de personas que apoyamos y acogemos aumentó de forma significativa y sustentada”, afirma el presidente de la Unión de Misericordias Portuguesas. Mientras, Cáritas registró en el último año un 20 por ciento de aumento en las solicitudes de ayuda (unas 19.000 familias reciben este apoyo en el país), aunque en determinadas diócesis, como la de Braga, la subida fue del 65 por ciento.

Una mujer solicita ayuda en la Plaza del Comercio. / J. Marcos

Personas sin hogar

Celebraban el partido. El resultado. Se sentían ganadores. Sus bufandas y merchadising, ése que enriquece al negocio del fútbol, así lo delataba. Estaban llegando a casa porque el mercado de Arroios queda a media hora de los puntos neurálgicos de Lisboa en los que la Final de la Champions arrasó. Sus pasos, alegres y contentos, se cruzaron con los sueños, envueltos en mantas sucias y cartón, de los cuatro hombres que cada noche duermen en las puertas de este mercado de abastos lisboeta. Alrededor de unas 850 personas viven al raso en la capital de Portugal. Unas cinco mil en todo el país. Datos que se han duplicado en los últimos tres años.

Casi medio millón de personas, en un Estado que suma diez millones de habitantes, comen gracias a alimentos donados. La escasez de ingresos también provoca falta de agua: un derecho humano aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas en 2010. La empresa EPAL ha cortado el suministro a cerca de 42.000 familias (12.000 en la capital) por falta de pago, lo que “constituye una afronta al Estado social de derecho, la nuestra Constitución, a la dignidad de una persona humana”, ha denunciado la relatora especial de la ONU por el derecho humano al agua y al saneamiento, la portuguesa Catarina de Albuquerque.

El empobrecimiento en Portugal se palpa. Se toca. Aunque existen otras realidades nada fotogénicas, más sumergidas: se han cerrado escuelas –casi 300 en el año 2012- y ha descendido el número de profesores y de alumnos. Los recortes en educación han alcanzado ya los 1.100 millones de euros. Las becas de investigación se han reducido más de la mitad en dos años: de 2.157 en 2011, a 954 el año pasado. Y el Servicio Nacional de Salud se gestiona este año con 800 millones de euros menos. La población, mientras tanto, paga cada vez más por asistir al médico. El número de consultas baja al tiempo que repunta el uso de psicofármacos.

Más cifras. Según el informe ‘Protección de la salud en tiempos de crisis. Desafíos y oportunidades para Europa’, del Journal of Public Health Policy, el aumento del 1 por ciento del desempleo está asociado con el crecimiento del 0,70 por ciento de la tasa de homicidios y la subida del 3 por ciento de la tasa de desempleo está asociada a una subida del 28 por ciento de muertes por abuso del alcohol. “No podemos hacer sufrir al pueblo sin ninguna contrapartida. Lo que vemos son políticas que están fallando de forma persistente, lo que supone un grave problema con implicaciones morales evidentes”, ha apuntado el presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, Alfredo Bruto.

Los escenarios de la Champions League y los miles de carteles publicitarios ya han desaparecido de Lisboa. El espejismo del fútbol, alargado de manera tímida por una nueva edición del festival de música Rock in Río (hasta el 1 de junio), se apaga y las arrugas vuelven inmisericordes al rostro luso. Quedan por delante muchos años para pagar una deuda de 78.000 millones de euros, el dinero prestado con condiciones por la troika al Gobierno portugués. La otra cara del país, esa a la que no quieren sacar en la foto, permanece. Fuera de los focos. Desenfocada.

 

3 comentarios

  1. Juanjo

    Excelente reportaje. Viví seis meses en Portugal durante 2012 -en una ciudad pequeña cerca de Lisboa- y la realidad que me encontré es la que retratan los dos autores, una pobreza evidente, una sanidad pública depauperada y previo pago (15 euros en urgencias para todo el mundo), un futuro solo posible en la emigración y una dificultad cada vez mayor para sobrevivir, una situación muy parecida a la española.
    Solo un reproche: la fotografía de la señora pidiendo en la Praça do Comércio se repite dos veces. Estoy seguro que deben tener más fotografías. Desgraciadamente, es fácil ver a personas durmiendo en la calle en las plazas más céntricas de Lisboa, como Praça Figueira.

  2. maria

    Hola, yo soy de Madrid, y he ido a Lisboa muchas veces, he visto como funciona la administración publica, por ejemplo Hacienda: una salita con cinco o seis asientos, con cientos de números y personas esperando en la calle…, seis o siete funcionarios no paran de atender gente, sin aire acondicionado, tercermundista.
    Hablo de Almada, ciudad al otro lado del río. En Lisboa no hay suciedad, y la mendicidad es como en cualquier ciudad de Europa, mucho menor que en Madrid. No se ven personas durmiendo por la calle como aquí.
    La gente es humilde pero educada, te tratan bien, los restaurantes están limpios, aunque algunos son poco lujosos, depende del barrio, como en cualquier ciudad de Europa. No hay que exagerar ni para lo bueno, ni para lo malo. Pero no solo en Lisboa, en Setúbal, en Sintra, En Queluz, en Elvas, Evora, sines… todo está limpio y todos son educados, menos ruidosos y más humildes que los españoles. De cultura no sé, porque hay muchos emigrantes de Africa y de otras colonias COMO EN ESPAÑA. ¿Pero que vamos a decir nosotros?

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