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Economía

Había una vez un circo entre chabolas

Un taller de artes escénicas combate la exclusión social de niños y adolescentes al sur de Buenos Aires

La población porteña en barrios precarios se duplica en una década hasta superar las 200.000 personas

Tiene 17 años y sonrisa de pícaro, propia para el papel de payaso. Pero Marcelo prefiere realizar trucos con el diávolo. Giuliana, de 16 años y mirada honda, se decanta por el trapecio. Antes, sin embargo, entrelazan sus brazos junto a una decena de adolescentes para amortiguar el aterrizaje del salto de otro compañero desde un cajón de gimnasia.

Así aprenden valores como confianza y respeto en el taller impartido por la organización no gubernamental Circo Social del Sur en la Villa 21-24, el mayor asentamiento de viviendas precarias e infraestructuras escasas de la ciudad de Buenos Aires con una población estimada superior a 45.000 personas. Al sur de la capital federal argentina, en el barrio de Barracas, entre naves industriales, vías ferroviarias y la orilla del Riachuelo, familias con escasos recursos económicos, procedentes en su mayoría de las oleadas migratorias tanto del interior del país como de las fronteras vecinas (Bolivia y Paraguay, fundamentalmente), tomaron el terreno para instalar su hogar desde la década de los 40 del siglo pasado en casas de autoconstrucción con una o dos plantas y calles sin apenas pavimento de desordenado urbanismo.

Por otras latitudes, lo llaman poblado de chabolas o favela; por acá, una villa de emergencia o, menos eufemísticamente, una villa miseria. Una pobreza que genera tanta exclusión que los taxis sólo circulan hasta los accesos de la villa e, incluso, las ambulancias no traspasan si no cuentan con protección policial. “Si en tu DNI consta que vives en una villa, nadie te da trabajo”, repiten varios vecinos. Desempleo, miseria. Redondo círculo vicioso. Y de tendencia creciente, pues los datos revelados el pasado año por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires advirtieron de la duplicación desde 2001 de los habitantes de la veintena de villas registradas en capital federal hasta superar las 200.000 personas en la actualidad.

Ensayos en la clase del Circo Social del Sur (A.C.)

A Marcelo y Giuliana, estudiantes de enseñanza secundaria, les gusta su barrio, aunque admiten sus inconvenientes. “Está lleno de chorros [ladrones], pero nunca me robaron acá, la gente te conoce”. Eso sí, “drogados no conocen a nadie”. Drogadicción y delincuencia, más circunferencia marginal. “Vienen autos de ricos para comprar alita de mosca (cocaína en escamas de mayor pureza y precio), el paco (crack o pasta básica de cocaína de bajo coste) es para los pobres”, aclara Marcelo. Una situación denunciada por el sacerdote José María di Paola, Padre Pepe en la villa, hasta la saciedad, hasta sufrir amenazas de muerte el pasado año. “Rajá de acá, sos boleta”, trató de intimidar un hombre, ajeno al barrio, al Padre Pepe tras sus advertencias contra la impunidad del narcotráfico en las villas porteñas. Pero ahí lleva 14 años y ahí continuará, en la iglesia Virgen de Caacupé, para atender a todas las personas que aguardan en fila ante su despacho, aunque un cartel advierte junto a la puerta de que “la entrega de alimentos se realiza únicamente en la casa de Cáritas de nuestra parroquia”. Sin sotana ni alzacuello, bastan como distintivo barba y teología de la liberación.

Pero la villa 21-24 no es sólo eso. También es las risas de los niños en el regreso del colegio, las chispas de soldadura en un taller, el bote de un balón en una cancha improvisada, el diálogo de unas señoras en la puerta de una frutería o las fotos de campamentos estivales y de primeras comuniones pegadas sobre las paredes del centro parroquial, como en cualquier barrio. Y también es circo, aunque cambie su tradicional y colorista carpa por las paredes revocadas de un pabellón con tejado de zinc. Allí se reúnen, en diferentes días y horas, medio centenar de niños y adolescentes. “Es un espacio de contención para chicos en pleno crecimiento y poco atraídos por las instituciones educativas, por lo que cualquier disciplina es una excusa para que desarrollen sus potencialidades”, explica la coordinadora social del Circo del Sur, Natalia Lazzaro. Eso sí, “trabajar en la educación de jóvenes a través del circo es lo más divertido que hay, porque tiene aspectos lúdicos que son muy cercanos a los chicos y el humor es una necesidad básica para la calidad de vida”.

“Si no terminás la escuela, estás crucificado”

En funcionamiento desde mediados de los 90 y constituido como ONG en 2002, Circo Social del Sur instruye en múltiples especialidades del mayor espectáculo del mundo a 250 chicos de los barios porteños de Parque Patricios, Mataderos y Barracas, más de 4.000 jóvenes a lo largo de su existencia. Financiado mediante fondos de instituciones como el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), presidido por el premio Nobel de la Paz Alfredo Pérez Esquivel, o la Fundación Interamericana (IAF), dependiente del Gobierno de Estados Unidos, la iniciativa impulsada por los artistas Mariana Rúfolo y Pablo Holgado integra la Red Iberoamericana para el desarrollo del arte circense junto a las escuelas  Carampa de Madrid, Chapito de Portugal, Circo del Mundo Chile, La Tarumba de Perú y Circo para Todos de Colombia. Y, además, recibe el apoyo de la compañía canadiense Cirque du Soleil a través de su programa de acción Cirque du Monde, en favor de la inclusión social de niños y jóvenes en situaciones de riesgo.

La colaboración entre estrellas y aprendices circenses se multiplica ahora gracias a la representación, entre mayo y junio, del nuevo espectáculo del Cirque du Soleil en Buenos Aires. Y no sólo económica mediante la venta de las entradas de alguna función o la subasta de un mural pictórico. “Fue una experiencia muy linda para los chicos” disfrutar del ensayo general de Quidam, valora Natalia Lazzaro, licenciada en Trabajo Social y artista circense, antes de confiar en que se repita la experiencia de años anteriores y los artistas del Cirque du Soleil aprovechen algún descanso para impartir y compartir una clase con ellos. De hecho, quizá Marcelo sólo se tome el taller “como un deporte” y Giuliana considere “difícil poder vivir del circo”, pero tienen muy cercano y claro el ejemplo de las posibilidades de malabares o acrobacias como oportunidad profesional. Nadia Ayala, también vecina de la Villa 21-24 y antigua alumna del Circo Social del Sur, tiene 24 años y es su profesora. Así se gana la vida, al menos hasta que se decida a estudiar la diplomatura de Gestión Social una vez descartada la opción de trabajar en el negocio familiar. “Lo intentaron, pero no es lo mío”, dice Nadia, en referencia a la peluquería montada en una esquina del barrio hace 15 años, justo después del despido de su padre de la rotativa del diario Perfil y de aprender el oficio de tijera y peine ejercido hasta entonces por su mujer en casa.

El comedor comunitario Amor y Paz, junto al cobertizo circense de la villa de Barracas (A. C.)

Una historia similar narra Víctor Belizán, de 56 años, en el interior del comedor comunitario Amor y Paz, justo al lado del cobertizo del Circo Social del Sur. Sin empleo después del traslado de la fábrica de electrodomésticos estadounidense General Electric a Brasil, Víctor se sumó a la iniciativa social impulsada por su esposa junto a un grupo de vecinos en 1991 para alimentar a los niños de las familias con menos recursos económicos o peor horario laboral. “Aquella época fue un desastre, había muchos despidos, inflación, saqueos…”, recuerda Leticia Funes, sin olvidar que las ollas populares debieron multiplicarse de nuevo en 2001 a causa del corralito financiero.

Actualmente, Amor y Paz recibe alimentos del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que también abona los salarios de una quincena de personas en el comedor, para preparar y servir más de 400 almuerzos en varios turnos de lunes a viernes. “Nos lleva parte del día y de la noche”, destaca Víctor, aunque el ajetreo resulta lógico cuando enumera múltiples actividades prestadas en el recinto como complemento a la alimentación. Desde clases de apoyo escolar, educación para adultos, talleres de juegos y música a un consultorio odontológico. “Le fui convenciendo, empezó a colaborar, le fue tomando el gustito y ahora le tengo que sacar a la fuerza, porque viene por la noche a adelantar trabajo y llega el primero por la mañana para abrir”, bromea Leticia, de 55 años y natural de la provincia de Entre Ríos, desde donde emigró a la villa en 1965 después de que su madre encontrara un empleo en capital federal.

Leticia Funes, referente del centro social Amor y Paz (A. C.)

A su juicio, “el principal problema acá es que los chicos abandonan la escuela secundaria y empiezan a estar todo el día en la calle porque no tienen ninguna otra responsabilidad o no encuentran laburo. Y empiezan con otros problemas, drogas, delincuencia… Mirá que les digo: ‘si no terminás la escuela, estás crucificado, así que tenés que estudiar”. Amor y Paz junto al Circo Social del Sur, vecinos de espacio y de objetivo, como subraya Leticia Funes: “La idea es dar oportunidades a los chicos para que puedan crecer bien”. Tan bien como puede crecer una pirámide humana en el interior de un cobertizo de la villa 21-24. Pasen y vean. Había una vez un circo/ que alegraba siempre el corazón/ sin temer jamás/ al frio o al calor/ el circo daba siempre su función.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

6 comentarios

  1. hermano

    Felicidades a todos los angeles que integran ese circo, por darles un poco de alegria a tantas personas que viven en la miseria, en la pobreza. Ojala las personas que se aprovechan de la miseria, de la desesperacion, recapaciten y vean que en su corazon tambien hay mucho amor que dar a los demas. Dios os bendiga, bravo por todos los angeles que hay en el mundo llevando un poquito de alegria alli donde solo hay tristeza.

  2. emilio alba

    podeis ver el trabajo que hace el grupo de teatro “Arena y Esteras” en Villa Salvador – Lima- Perú…..

    Sonríe y Lucha
    ( En Julio y Agosto estaremos por allá… en el FESTICIRCO)
    http://festicirco.blogspot.com/

  3. Monica Aparicio

    FELICIDADES A ESTE CIRCO QUE BUEN PROYECTO!!!!! SEGUIR ADELANTE COMO OS NECESITAN ESOS CHICOS!!!ME ENCANTÓ VUESTRO PROYECTO!!!

    MUCHOS ANIMOS PARA SEGUIR ADELANTE!!!

    MONICA DESDE BARCELONA!!!

  4. Ata

    Enhorabuena a los integrantes de esta iniciativa y una vez más, gracias a Armando camino por mostrarnos estas historias que van mucho más allá de lo que estamos acostumbrados.

  5. los consultorios odontológicos son de los servicios más apetecidos o reconocidos por parte de campañas masivas de salud social. Esto definitivamente es algo positivo y merece apoyo constante y medido

  6. [...] la cuenta de cuántos duermen bajo su techo en el cercano barrio. Al igual que la mayoría de vecinos de villas miseria y barrios marginales, Celva Herrera llegó a Buenos Aires procedente del interior argentino como consecuencia de las [...]

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