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Sociedad

Los esclavos modernos

La pobreza, el desempleo y el alto costo de la vida son los factores que obligan a muchos balgadesíes a emigrar.

Feizal Ally Beegun: "Los empleadores no se preocupan por ellos. Viven como animales. ¿Cómo puede ser que seres humanos duerman en esos lugares?"

Protesta de trabajadores en demanda de mejores salarios, en las afueras de Dhaka, Bangladesh, en el año 2006 (Foto AP / Pavel Rahman

Mohamed Amin, de 32 años, dejó a su esposa y a sus dos hijos en Bangladesh hace 23 meses para buscar un empleo en la industria de Mauricio. Tuvo que pagarle unos 2.200 dólares a un agente en su país para que le consiguiera un trabajo como maquinista, en el que esperaba ganar unas 20.000 rupias mauricianas (unos 665 dólares) al mes.

Muchas veces, bangladesíes piden préstamos bancarios y venden las tierras de su familia para tratar de conseguir un empleo en Mauricio. Confían en que luego podrán enviar remesas a sus parientes.

Los prometidos 665 dólares por mes era “mucho dinero en Bangladesh, y yo estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio”, dijo Amin en Grand Gaube, en el norte de este estado insular del océano Índico, donde vive en una casa que le proveyó la empresa Firemount Textiles.

Pero hoy, el trabajador bangladesí gana poco menos de un cuarto de esa suma. “Fui engañado”, afirma. Se siente frustrado pues, dentro de un año, deberá dejar el archipiélago. Amin todavía no ha podido ahorrar dinero para llevar a su hogar en Bangladesh. Sus magros salarios le permiten apenas solventarse y enviar una pequeña suma de dinero a su familia cada tres meses.

La pobreza, el desempleo y el alto costo de la vida son los factores que obligan a muchos balgadesíes como Amin a emigrar. Pero no son los únicos. De los alrededor de 30.000 inmigrantes en Mauricio, 11.757 son indios, 6.704 chinos, 5.834 bangladesíes, 1.696 malgaches y 268 nepaleses. Unos 22.800 trabajan en el sector manufacturero, 4.431 en la construcción, 712 en servicios comunitarios, 638 en el sector hotelero y 224 en el transporte y las comunicaciones.

Los extranjeros en Mauricio trabajan largas horas y nunca pueden ausentarse. A veces no reciben su paga porque las fábricas no tienen dinero o simplemente cierran. Cientos de ellos que se animaron a protestar públicamente el año pasado, en especial bangladesíes, fueron deportados. En sus dormitorios en las fábricas, la higiene y el saneamiento son deficientes. Muchos duermen sobre pedazos de esponjas, llenos de pulgas y otros insectos. Las habitaciones, las cocinas y los patios están sucios.

Feizal Ally Beegun, portavoz del Sindicato de Trabajadores y Textiles Aliados, mostró los colchones deteriorados y las pobres herramientas de cocina que han usado los inmigrantes allí en los últimos 15 años.

“Los empleadores no se preocupan por ellos. Viven como animales. ¿Cómo puede ser que seres humanos duerman en esos lugares?”, preguntó. “No hay oficina de gobierno ante la que se puedan quejar, ni siquiera cuando les confiscan sus pasaportes”.

Imam Nasrullah Ginowrie, trabajador social de Baie-du-Tombeau, cerca de Port Louis, quien ha atendido a estos inmigrantes durante tres años, señaló que eran “esclavos modernos”.

“No estoy autorizado a reunirme con ellos, y se les ha advertido que no deben transmitirme quejas. Conozco algunas mujeres bangladesíes que han sido pateadas por sus superiores, y se las retiene hasta altas horas en las fábricas”, dijo.

Tras ser informado de la situación, el flamante ministro de Trabajo y Empleo, Shakeel Mohamed, realizó a fines de mayo una visita sorpresa a un dormitorio en Happy Village, en el este de Mauricio. El funcionario quedó impactado al ver las insalubres condiciones de las habitaciones y de los cuartos de baño.

“Algunos empleadores todavía tratan a sus trabajadores como meros objetos que seguirán produciendo hasta que terminen sus contratos”, señaló.

Mohamed considera ese trato como un insulto a los inmigrantes, que llegan a la isla y ayudan a las fábricas a cumplir con los pedidos de los mercados internacionales.

“Un trabajador inmigrante debería gozar de los mismos términos y condiciones de empleo y el mismo salario que los trabajadores locales, además de un boleto de regreso gratis, comida y alojamiento en Mauricio”, dijo el ministro, citando regulaciones oficiales.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Exportadores de Mauricio, Mukeshwar Gopal, reconoció que algunos empresarios son responsables de la pobre situación en que viven muchos extranjeros. Sin embargo, insistió en que los dormitorios se encontraban en buenas condiciones cuando estos llegaron.

“Fueron supervisados por las autoridades sanitarias competentes y los bomberos antes de que llegaran los inmigrantes. Debemos entender que esas personas vienen de países pobres y sucios, donde la higiene no existe. Dejan en tal estado las habitaciones que uno no puede entrar debido al mal olor”, dijo sin titubear.

Algunos empleadores comparten la actitud discriminadora de Gopal, pero no todos. Como señal de que las cosas están cambiando, el empresario destacó que la Compañía Mauriciana de Textiles empleaba a 10.000 trabajadores a los que les había provisto de casas nuevas “similares a hoteles de cinco estrellas”.

Beegun y Mohamed han llamado a los demás industriales a hacer lo mismo. El ministro señaló que había lagunas en la legislación sobre contratación de inmigrantes, y eso permitía a los empleadores actuar en forma irresponsable.

Pero aseguró que la situación cambiará pronto. Prometió que el Ministerio pronto definirá el tipo de alojamiento y el trato específico que deberán ofrecer los empresarios a los inmigrantes.

*El nombre ha sido cambiado a petición del trabajador por miedo a represalias.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

2 comentarios

  1. ¿Son estas gentes engañadas, ahorcadas por la necesidad, las que van a sacar a los paises ricos de sus torres de babel?
    Si todos dijeran ¡No! al consumo de productos fabricados en los paises orientales. ¡No!.
    Y por aqui; todo bien, nos tratan bien. Nuestros jovenes entran en jornadas en “Cadena” en que deben pedir permiso de ausentarse hasta para orinar.
    Dentro de un tiempo, ya se vera que nos pasara.

  2. Pepa

    Siento mucha pena, igual que por los Bangladeshis que vivian en Dubai y se dedicaban a la construcción, es lo mismo, les llevan engañados, yo creo que la única solución es que entre ellos se corra la voz y nadie más acepte enriquecer ni a las agencias ni a las fábricas. El problema es que no están organizados y no se puede correr la voz.
    Aunque también hay que estar poco lucido para aceptar el trato, opinión personal, y esa es otra realidad, pues para un campesino de Bangladesh 2.200 dólares es muchísimo dinero y seguro que podría hacer muchísimas otras cosas con ello para tener una vida un poco mejor.

    Ahora muchos siguen como antes y además empufados.

.
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