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Economía

Crónica de un desahucio alemán

Alrededor de 500 policías han sido necesarios para poder expulsar a la familia Gülbol de la que ha sido su casa durante 14 años.

Este desahucio no es más que uno de los miles que también se viven en Alemania durante los últimos años, lo que ha provocado que la colaboración entre organizaciones españolas y alemanas sea cada vez más estrecha.

Ali Gülbol se crió en las calles del barrio berlinés de Kreuzberg. Las humildes condiciones de la zona durante los años setenta provocaron que muchos turcos se instalaran allí. Ali en ningún momento se quiso marchar del viejo barrio de su padres y por eso, ya como pintor profesional y con una familia propia, decidió alquilar una vivienda, como hacen cerca del 50% de todos los alemanes, en el número 8 de la calle Lausitzer. En ella han vivido su mujer y sus tres hijos hasta que fueron obligados a marcharse el pasado 14 de febrero.

El problema llegó con la unificación de la ciudad y la transformación de Kreuzberg en refugio de movimientos culturales e intelectuales alternativos que renovaron la cara del barrio y, al mismo tiempo, dispararon el precio de los alquileres. Y no paran de subir. Solo en el vecino barrio de Friedrichshain, los inquilinos denuncian que el precio de los alquileres se ha disparado casi un 30% en un año. “La ley permite que poco a poco el precio de los alquileres crezca un 20% cada tres años”, concreta Andrej Holm, profesor de Sociología Urbana de la berlinesa Universidad Humboldt. “Esto quiere decir que en las áreas de gentrificación los inquilinos tienen que pagar el doble de lo que pagaban seis años antes”, añade.


La gentrificación es el nombre que se le ha dado a ese proceso de transformación de un barrio pobre, humilde y trabajador en uno moderno, pijo y caro. Los movimientos sociales que se oponen a este fenómeno aseguran que detrás de él siempre hay una programación muy detallada por parte de ciertos sectores de la sociedad que sacan un beneficio económico muy alto gracias a la especulación. Mientras que en España se especulaba con los descampados y terrenos vírgenes para construir más y más, en Alemania se recurre a los pisos ya existentes.

Los “desahuciadores”
En España, el malo de un desahucio suele ser un banco. En el país germano esto no está tan claro por la gran cantidad de personas que viven en régimen de alquiler. ¿Entonces quiénes son los que desahucian a los alemanes? Desde la organización Zwangsräumung Verhindern (Stop Desahucios) aseguran que este dudoso honor se reparte entre diferentes colectivos y personas. En algunos casos son los propietarios alemanes a título individual, en otros empresas, pero durante los últimos años, alertan, han sido las inmobiliarias las que se han lanzado a comprar barato y vender caro. “Sobre todo durante los últimos seis o siete años, que se han dedicado a comprar calles enteras”, añaden.

En el desalojo de la familia Gülbol, el “desahuciador” es André Farnell. Así han calificado los manifestantes a este promotor inmobiliario que se ha ganado fama, de todo menos positiva, en la zona de Kreuzberg-Friedichshain por los negocios que allí está llevando a cabo. A Franell se le acusa de adquirir viviendas para obligar a los inquilinos a pagar más, con lo que a muchos no les queda otra opción que marcharse. Ali Gülbol denuncia una situación similar, solo que él se negaba a abandonar la que consideraba su casa.


Hasta 2006, la familia tenía que pagar el alquiler a su antiguo propietario, con quien acordaron, verbalmente, que no les aumentaría la mensualidad si, a cambio, ellos mismos se costeaban la renovación del piso. Según Ali, esta ascendió hasta los 20.000 euros y “seis meses de trabajo de toda la familia”. No obstante, todo cambió cuando ese año la propiedad del edificio cambió a Franell, quien le exigió el aumento de alquiler del que se habían librado hasta entonces.

Después de un proceso judicial en el que se declaró mentalmente incompetente al anterior propietario, los Gülbol vieron cómo en 2010 les sentenciaban a pagar ese dinero atrasado, unos 3.500 euros en total. Las malas noticias no se acabaron ahí puesto que durante esas fechas un familiar murió, lo que hizo que Ali “se descuidara con los pagos”. Cuando fue a abonar lo que debía ya era demasiado tarde, Franell había conseguido una orden de desahucio.

“La legislación alemana es favorable a los inquilinos en todos los casos. Se debe al principio legal de protección a la parte económica más débil”, afirma Bernd Bochmann, profesor de Gestión Inmobiliaria en la International Business School. Pero ahí no se acaba la cosa: “El propietario puede rescindir el contrato de alquiler si existe un retraso de dos pagos. No obstante, esa rescisión es jurídicamente nula si el inquilino paga el alquiler dentro de un plazo determinado”, un plazo que al parecer Ali Gülbol no cumplió.



Aun así, a pesar de que teóricamente la ley está de parte del inquilino, los desahucios no son casos aislados, ni mucho menos. “No hay datos oficiales sobre este fenómeno, pero los cálculos estiman que hubo más de 6.000 desahucios en 2010 solo en Berlín. Y se espera que esa cifra se haya incrementado en la actualidad”, explica Holm, de la Universidad Humboldt.

Colaboración española
Con este panorama no es extraño que los alemanes se fijen en España, donde las movilizaciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y de otros grupos ha conseguido detener ya más de 500 desahucios. “Conocimos unas activistas en Berlín cuando vinieron a dar una charla sobre la situación en España. desde entonces nos mantenemos en contacto y también fuimos dos personas de aquí a Barcelona en septiembre para conocer mejor cómo trabaja mejor la PAH y aprender mutuamente”, cuentan desde Zwangsräumung Verhindern. Sin embargo, explican, esa relación es más personal y de amistad que de colaboración o asesoría institucional. “La idea es tejer una red de iguales y apoyarnos los unos a los otros en las acciones que cada uno hace. Sí que aprendemos de ellos, pero más a través de sus propias actividades que no de charlas. Además, en muchos casos la relación con estas personas es de hace ya décadas, de luchas anteriores”, añade un miembro de la asociación.

Una de las personas en constante trato con Alemania es Paco González, coordinador de los diversos colectivos de yayoflautas españoles. “Tenemos contactos con diferentes asociaciones de Berlín y Colonia, con las que nos intercambiamos información, nos retuiteamos… Lo que queremos es coordinarnos y actuar de forma conjunta, pero es difícil porque ellos están más centrados en el tema de ocupaciones y de alquiler”. Y es que en Alemania los problemas con la vivienda afectan casi exclusivamente a las personas que no son dueñas de su casa. Según Andrej Holm, en Alemania solo aquellos que tienen un alto poder adquisitivo residen en su propio hogar, por lo que los problemas con los préstamos hipotecarios abusivos prácticamente no existen.

González también señala que las relaciones que mantienen son más a título personal. “Yo por ejemplo voy próximamente de viaje a Berlín con mi mujer, y pienso aprovechar esos días para reunirme con la gente de allí y ver qué podemos hacer juntos”, asegura. Para él, ese mito de una Alemania del bienestar económicamente fuerte y llena de empleos se ha roto después de iniciar estos contactos. “Era impensable que hubiera ese submundo allí porque los medios de comunicación pintan que todo va muy bien, pero la gente de las afueras de las ciudades, los inmigrantes, están viviendo una situación bastante parecida a lo que se vive en España”.

Contundencia policial
El caso de la familia Gülbol no es uno de esos casos tan extremos. Tanto Ali como Necmiye, su mujer, tienen trabajo y ninguna deuda pendiente. Aun así les echan de su casa. Quizá por eso, y por el hecho de haber conseguido evitar su desahucio hasta en dos ocasiones, una por el bloqueo de cientos de personas y otra por trámites jurídicos, su historia se ha convertido en un símbolo de la lucha alemana contra estas prácticas.

Durante las semanas previas diversos grupos de izquierda, así como asociaciones vecinales y organizaciones en contra de los desahucios han realizado acciones de protesta y manifestaciones para informar a los berlineses de la situación de la familia Gülbol y del bloqueo programado para el día del desalojo. En todas las acciones España ha estado muy presente a través de pancartas, cánticos y música.


Alrededor de unas 1.000 personas respondieron a la llamada, aunque nada pudieron hacer para bloquear el amplio despliegue policial. Cerca de 500 agentes, al menos 34 furgones y un helicóptero fueron desplegados para permitir el desalojo de una familia de cinco miembros. Los primeros dispositivos llegaron sobre las seis de la mañana a la finca de los Gülbol para comenzar a arrastrar a las personas que, sentadas en el suelo, bloqueaban la entrada. La policía consiguió despejar toda la calle, pero no pudo evitar las tensiones que se produjeron en una entrada secundaria al inmueble. Ahí incluso usaron los espráys de pimienta para dispersar a la gente. Además, para conseguir que la secretaria judicial entrara en la casa, esta tuvo que vestirse con uniforme de policía para pasar desapercibida. El balance final fue de 15 detenidos, que la policía fue soltando, con cargos, a lo largo del día.
Al acabar todo, Ali Gülbol, su mujer y sus tres hijos se resistían a abandonar su ya antiguo portal. Se marchan a vivir a la casa de los padres de él, también en el barrio de Kreuzberg, donde ya han llevado todos los muebles y pertenencias que tenían en el piso desalojado. “Queríamos evitar que el resultado de todo esto nos costara incluso más”, aclara el padre de Ali refiriéndose a la posibilidad de que los policías destrozaran las posesiones de su hijo. Ahora solo cabe esperar que el rodillo de la especulación no llegue también hasta su hogar.

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2 comentarios

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