Economía

“A la mierda con la Troika, queremos nuestras vidas”

Las principales ciudades de Portugal han sido escenario otra vez este sábado de manifestaciones populares contra las medidas de extrema austeridad decretadas hace más de un año por el gobierno conservador del primer ministro Pedro Passos Coelho, cuya dureza aumenta día a día.

Los portugueses ganan las calles indignados con los recortes presupuestales y salariales ( Daniel Mário/IPS)

Las protestas aparecen alimentadas por las medidas de austeridad, que por la vía del aumento de impuestos y la reducción de salarios ha retirado alrededor de 20 por ciento del poder de compra a las capas menos favorecidas de la población, así como el creciente desempleo, que alcanza a casi 16 por ciento de la población económicamente activa. Sin embargo, son las injusticias las que más alimentan la ira de los ciudadanos, indican los expertos. Ese sentimiento es cada vez más patente en las calles de Portugal, al igual que en España o Grecia, que han colocado a sus gobiernos conservadores en estado de alerta. La incapacidad de las autoridades para explicar a los ciudadanos el alcance de las medidas económicas draconianas que han impuesto y para generar optimismo en el futuro mediato, son puntos en que coinciden también los analistas.

“La calle es el único espacio público que no ha sido colonizado por los mercados financieros”, dijo a IPS el doctor en sociología del derecho Boaventura de Sousa Santos, profesor de la portuguesa Universidad de Coímbra y de la estadounidense de Wisconsin.

En el campo proselitista, a la crítica generalizada de la oposición se unieron las voces de exlíderes del gobernante Partido Socialdemócrata (PSD, conservador pese a su nombre), que han fustigado las duras medidas de austeridad impuestas por el jefe del gobierno luso pese a ser sus correligionarios. La crítica de las figuras históricas del PSD se sustenta en que el gobierno ha ido más lejos de lo exigido por la troika de acreedores internacionales, formada por la Unión Europea (UE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo, que concedieron un préstamo de 78.000 millones de euros (110.000 millones de dólares) para el rescate de este país, con 10,6 millones de habitantes.

El empresario del área informática Manuel Calçada es uno de los que votó toda su vida cívica al PSD. Ahora deploró la gestión de Passos Coelho, porque “ante el fracaso y la injusticia, la agitación social es y será siempre la consecuencia”.

Entre los portugueses en general se afianza el sentimiento de que se les trata de manera injusta. “Trabajé 40 años y el resultado es que el dinero que fui acumulando en el curso de toda mi vida en la Seguridad Social ahora resulta que una parte sustancial pasó a manos de los ricos y de los bancos”, lamenta el jubilado Mamede Ribeiro, uno de los que participó en la multitudinaria protesta del sábado 15. Nunca antes había tomado parte en huelgas o protestas callejeras, aclaró.

En esa instancia, se calcula que un millón de portugueses de todas las edades, ideologías y estratos sociales acudieron al llamamiento de las redes sociales y se manifestaron en las principales ciudades del país, una concentración de la sociedad civil sin precedentes, sin partidos o sindicatos en la organización.

Esa protesta, realizada bajo el lema “Que se lixe a troika! Queremos as nossas vidas!” (A la mierda con la Troika, queremos nuestras vidas) y “A rua é nossa” (La calle es nuestra), fue considerada la mayor registrada en Europa en relación a la población de cada país.

Considerando que Portugal tiene una población activa de 4,6 millones, “es como si en España saliesen cinco millones de personas a la calle”, subrayó Luisa Meireles, una de las más destacadas profesionales del periodismo analítico luso.

Ahora, los promotores de la manifestación del día 15 emitieron un comunicado exhortando a participar también en la movilización de este sábado 29, esta vez convocada por la Central General de Trabajadores de Portugal. “Consideramos que es necesario que las protestas continúen”, como un fuerte mensaje de “no a los mercados, los bancos e intereses financieros y especulativos”, indica el comunicado.

Por primera vez, empresarios y sindicalistas coinciden en que el diseño actual del país subordina la economía a las finanzas, provocando un círculo vicioso: sin crecimiento, Portugal no podrá pagar su deuda pública y el crecimiento es impedido por fuertes impuestos y restricciones al consumo interno.

Las voces contra el gobierno se hacen sentir de manera tan vigorosa, que los discursos de los líderes de los partidos de izquierda y de los sindicatos no varían mucho de las críticas de los patrones de la industria, el comercio y la agricultura.

Ante este incierto panorama, se registra un común denominador entre los analistas: nadie se aventura a vaticinar el desenlace de las protestas populares, hasta ahora pacíficas, pero coinciden en que irán aumentando y fácilmente podrán llegar a la violencia, tal como ocurre en Grecia y España, los dos países que acompañan a Portugal entre los más afectados por la crisis en la UE.

Sousa Santos explicó a IPS que “Portugal, tal como España y Grecia, vive una perturbación social que se manifiesta democráticamente a través de las protestas, que revela una vivencia democrática fuerte que, al mismo tiempo, se traduce en un grito de revuelta contra las instituciones tal como están funcionando en este momento”.

“Esta agitación cuenta con una marcada dimensión pos- institucional”, dijo, agregando que es en las calles “donde es posible dar voz a la indignación, pero no hacer una formulación política alternativa”.

“Aquí reside el impasse actual: el colectivo social todavía no tiene actores políticos que canalicen sus aspiraciones y los partidos existentes no están dando respuesta”, planteó el sociólogo, quien también es uno de los principales dirigentes del Foro Social Mundial.

Esta situación no es responsabilidad única de los partidos portugueses, sino que es el resultante “de la propia naturaleza transnacional del conflicto europeo, que no cuenta con canales políticos de igual escala, ya que las vías partidarias son nacionales y están agotadas”, analizó Sousa Santos.

 

 

 

 

“¿Se pueden articular a nivel europeo? ¿A qué nivel del caos va a haber solución?”, se preguntó.

Meireles pronosticó el aumento de las manifestaciones de calle, porque “lo que se anuncia es más austeridad, con medidas que incluyen cortes brutales en la Seguridad Social y nuevos aumentos de impuestos”.

Hasta ahora, las manifestaciones de la sociedad civil “han sido inorgánicas, pero ya están pasando a ser orgánicas, con la participación inclusive de sindicatos de policías y militares, lo que es preocupante porque se plantea un problema de seguridad”, añadió.

“Portugal jugó todas sus fichas en Alemania, abdicando de usar su palabra en la UE, al contrario de Italia, España, Grecia e Irlanda”, siguiendo una política “de austeridad por la austeridad misma, que nos puede llevar a una espiral incontrolable, con cada vez más gente en las calles”, concluyó la analista del semanario Expresso, de Lisboa.

Calçada, por su parte, lamentó que la UE “haya maniatado o destruido sistemáticamente el aparato productivo (portugués) como la agricultura, la pesca y la industria pesada, mientras los mercados europeos nos han conducido a una vida de dependencia y de pobreza, con sucesivos gobiernos que han seguido escrupulosamente las instrucciones que se reciben, sin tener el valor de decir ‘basta’”.

“Asusta vivir en una sociedad en la que por primera vez en siglos las generaciones actuales son más pobres que las de sus padres y abuelos”, concluyó el empresario.

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