Culturas
Sala de psicopatología
Recorremos algunas lecturas que hablan de la relación entre creatividad, pensamiento, literatura y trastorno mental.
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Empecemos por el final. La primera persona que me habló de Alejandra Pizarnik fue, curiosamente, uno de los autores de nuestra sintonía: Mario, que por entonces formaba parte del grupo Silvania y llevaba poco tiempo en España. Recuerdo que me enseño su ejemplar de Semblanza, editado por el Fondo de Cultura Económica (eran los tiempos pre Lumen, antes de que, en la primera parte de los 2000, editase toda la obra de Alejandra Pizarnik en tres volúmenes).
Corrí a comprarlo a la única librería que, en mi ciudad, podía tenerlo, porque estaba especializada en literatura latinoamericana. Por supuesto lo tenían.
Mucho después, escribí un reportaje en la revista Qué Leer, para su Galería de clásicos (si no me falla la memoria, apareció en noviembre 2006), sobre la escritora argentina. Tuve a mi disposición muchos textos en esos tres volúmenes, y desde entonces estoy atravesada con ese poema largo y crepuscular que se llama “Sala de psicopatología”.
Este iba a ser un programa sobre Alejandra Pizarnik, pero fue otra cosa. La persona que nos iba a acompañar se excusó por la mañana, que estaría viajando precisamente a la hora en que hacemos en directo ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?
Así que el programa volvió a la forma que tuvo semanas antes: hablar de la locura, de la locura sesgada a través de textos, eludiendo el típico enfoque del escritor-loco, escritor-genio tarado. Recoger algunas de las lecturas que he venido haciendo en torno a la melancolía y el desequilibrio como fuente de inspiración y motor creativo. A través de ese cuento impresionante que se llama “Ofrenda a una virgen loca”, de Rosa Chacel; de algún ejemplo extraído a los Cuentos completos de John Cheever (son numerosos) de narradores no confiables; del libro de Roger Bartra, El duelo de los ángeles: Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno (Pre-textos, 2004), lectura preciosa para quien esté interesado en las relaciones de la filosofía y la crítica social con el lado oscuro del alma.
Queríamos hablar de la locura a través de textos, eludiendo el típico enfoque del escritor-loco, escritor-genio tarado.
Estar sola durante una hora completa, la noche cayendo fuera del estudio, en una ciudad asolada por el calor, puede ser motivo para que entren todos los fantasmas. Hablar sola durante sesenta minutos en un micrófono puede ser muy desazonador. Y durante el programa, pensaba si estaría rozando siquiera la sensibilidad de alguna persona.
Como aquel día de 1996, en el que Mario convenció a mi propia sensibilidad de que debía dejar entrar en ella la locura de Alejandra Pizarnik.







