Culturas
Retratos de unas obsesiones
Un programa en torno a la obsesión como motor y requisito para la escritura.
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“¡Qué alivio tirar a la basura un manuscrito, testigo de una fiebre desvanecida, de un frenesí consternador!”, escribía Cioran en Ese maldito yo. ¿Son sinónimos escritura y obsesión? Hablamos en este programa del nivel de manía requerido para acometer cualquier proyecto literario, y hablamos de la obsesión también desde el punto de vista lector.
Los proyectos literarios se fundan a menudo sobre una idea que agarra en la mente creativa y la obligan a ir lejos y hondo. Dos escritores y un médico nos ayudan a dar vueltas sobre este tema y a trazar círculos concéntricos.
Matías Candeira (Madrid, 1984) es autor de Parábola de los talentos (Gens, 2007) y La soledad de los ventrílocuos (Tropo, 2009). Hemos querido saber qué obsesiones ha tenido como lector (nos habla de la relectura compulsiva de Lovecraft entre otras cosas) y de sus hábitos adquiridos como autor de cuentos.
También nos acompaña Jesús Cotta, escritor de, entre otros títulos, Las vírgenes prudentes (Mono Azul editora, 2008) y Ulises y las sirenas (Ed. Paréntesis, 2009). Prologó y antologó un volumen de Santa Teresa de Jesús, Teresa, mon amour (Mono Azul Editora). Le hemos preguntado sobre el nivel necesario de obsesión para sus propios proyectos.
Elena recopila datos que juntan la palabra “obsesión” con la palabra “escritor”. Y nos recuerda el Mal de Montano, del que nos habló Vila-Matas, esa enfermedad literaria que consiste en obligarse a vivir obsesivamente colgando de la literatura, como esos adorables dandys que citan constantemente a Oscar Wilde. Y de la literatosis, ese mal aliento, que lo llamo Juan Carlos Onetti.
El residente de la Unidad de Psiquiatría del Gregorio Marañón Manuel González nos explica que muchos escritores sufren trastorno bipolar, lo que antes se conocía como maniaco-depresivo. Si a ese trastorno le sumas el alcoholismo, algo bastante habitual, nos encontramos con muchos grandes casos de la literatura, como Malcolm Lowry, nos pone como ejemplo.






