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Pictograma de la migración

En una pared de Sevilla empapelada con dibujos a lápiz, se cuela un pictograma que representa a mujer con hijab y una gran sonrisa subrayada por la frase “no 
soy terrorista”. Los dibujos muestran historias anónimas de movilidad y transculturalidad. Los pictogramas son su equivalente digital y también el modo que el Colectivo Migrantas ha encontrado para dar voz y visibilidad a los inmigrantes.

Invisibilidad, migración y sentimientos. Estas fueron las semillas de un proyecto que lleva siete años recogiendo el testimonio de los inmigrantes en  Alemania y que por primera vez desembarca en España. Ocurrió este mes de marzo en Sevilla, en el marco del Festival Internacional ZEMOS98. El Colectivo Migrantas, formado  -entre otras mujeres- por la artista Marula Di Como y la diseñadora Florencia Young, argentinas residentes en Berlín, trata de comprender, y que se comprenda, qué es lo que realmente le sucede a los extranjeros en su nuevo país de residencia.

El proceso de trabajo consiste, según explica Young, en “hacerles reflexionar sobre su condición de forma colectiva en los talleres, de manera que diferentes seres humanos de innumerables orígenes sociales y culturales intercambien sus experiencias y las expresen en dibujos simples”. Después, se crean los pictogramas: unas sencillas figuras que sintetizan lo visto y escuchado en los talleres; símbolos de la situación de los migrantes, que ya engrosan una colección de sesenta y dos elementos.

Pictograma de Migrantas en las calles de Sevilla (Julio Albarrán/Flickr)

De los pictogramas se crean afiches publicitarios, carteles, animaciones digitales, bolsas para la compra y se distribuyen postales; así que lo más importante es, en cierta manera, lo que sucede en el espacio urbano que le sirve de marco.  “Se trata de tirar la piedra y que la onda se expanda, estimulando la reflexión en la parada del autobús o en la cola del supermercado”, reflexiona Di Como.

El taller, que dura cuatro días, se ha impartido en unas nueve ocasiones desde 2002. “Siempre estamos pendientes de subvenciones que nos permitan ponerlo en práctica”, señala Marula, quien llevaba tiempo deseando trasladar su proyecto a territorio español. “Hemos sido invitadas a España muchas veces y, ahora,  por fin, se ha hecho realidad”, comenta satisfecha. En España han estrenado también los talleres mixtos: por primera vez, hombres inmigrantes han expresado a través del lenguaje visual lo que sienten, cosa que en Alemania no era posible “porque no participan tanto de la vida cultural como las mujeres”.

Para las organizadoras, ha sido enriquecedor recibir historias diferentes, pues diferentes son las realidades de la inmigración que acude a Europa en función de su procedencia, capacidad económica y posibilidad de elegir la ruta de llegada. No es lo mismo llegar a Alemania desde Europa del Este, o Asia, que hacerlo a España surcando el mar desde el continente africano; y eso lo han comprendido bien ambas organizadoras al desarrollar el proyecto en la Península Ibérica. “Es la primera vez que escucho de primera mano el relato de una persona que ha venido en un barquito desde África. Es muy fuerte”, confiesa Marula Di Como. Ambas organizadoras están contentas de compartir esas historias y, en esta ocasión, lo han hecho con una intervención en el espacio urbano: la colocación de grandes pósters con los pictogramas, que aún se pueden contemplar en la calle Feria del centro de Sevilla.

El taller de Migrantas se ha producido con la colaboración de la Universidad Internacional de Andalucía en el marco del 12 Festival Internacional ZEMOS98.