Culturas

“Luz en Hipocratia”, retrato de la humanidad en los hospitales

La pintora Emma Cano inaugura una exposición con su trabajo "Luz en Hipocratia".

"Cuando el azar me hizo conocer a Salvador nunca hubiera imaginado que su amistad iba a abrirme en la pintura un camino inédito para mí, ni que tendría la posibilidad de vivir intensas y nuevas experiencias que marcarían mi vida quizás para siempre. Su propuesta fue audaz: buscar el lado humano de los hospitales para después llevar mis impresiones al lienzo. Quería que fuera sus ojos, que viera lo que él ve y lo interpretara".

La exposición se inaugura en el Palacio del Conde de Toreno, Oviedo. Abierta hasta el 18 de Octubre.

Detalle de “Cirujana en el pasillo de quirófano”

“Con sus luces y sus sombras, con todos los matices que fuera capaz de captar. Ha sido fácil
encontrar inspiración, pues la vida, puertas adentro de un hospital, rebosa humanidad.
Para empezar, el ir «disfrazada» de personal sanitario para pasar desapercibida me
ha hecho sentir que la gente me trataba desde un respeto y una confianza nuevos para mí.

La distancia se acorta a la hora de hablar de intimidades. Las poses se pierden. En
un hospital los hombres son esencialmente lo que son. La confianza adquiere un sentido
absoluto. Los pacientes saben y sienten que el único motivo de que estés a su lado es que
les vas a ayudar. Esa tremenda entrega me creaba, de alguna manera, la obligación de
implicarme en las miserias de otros. Y de paso, a veces fugazmente, también en sus alegrías.

He sido parte a la vez que observadora de una encrucijada de vidas que coinciden
en un punto presente, intenso. Me he sentido envuelta en un torbellino de emociones,
contagiada por los sentimientos de los demás, impregnada por sus lágrimas y enternecida
por sus anhelos

Médicos, enfermeras, acostumbrados a tocar la miseria del hombre, se pasean
dando recetas, consejos, derrochando ternura y comprensión. Son capaces de combinar
esa suerte de amor que profesan a la humanidad, con una especie de distancia que les
protege del contagio del dolor de otros. Con todo, se angustian, sufren, se encariñan con
los pacientes, con los que a veces establecen una verdadera relación de amistad.

La enfermedad nos hace más conscientes de que la vida es tan maravillosa como frágil.
Enfrentarse a esa fragilidad nos ayuda a continuar. Vivimos con la muerte echándonos
vaho en la nuca. Disfrutemos mientras podamos. No hay una segunda oportunidad. Estos
meses he aprendido que es inútil esconderse del dolor y la muerte como si fueran ajenos a
nosotros, y no parte de nuestra esencia como seres humanos.

He agrupado los cuadros del catálogo en cuatro bloques temáticos, cada uno definido
por la palabra que mejor concentra lo que más me ha impresionado a lo largo de este año:
Entrega, Espera, Rutina, Vida.

Como en un juego ilimitado, releo esta elección de palabras y me evoca otra, igualmente
válida e intensa para describir lo que he sentido: amor, incertidumbre, esperanza,
trabajo… Combínense como se desee. Lo único que espero es haber podido transmitir con
mi pintura una ínfima parte de la brutalidad, el amor y la humanidad que se me regaló al
hacer este trabajo”.

Emma Cano

En la sala de espera.

Hombre paciente.

Enfermo doliente y soledad

Espera
El tiempo en suspenso.
Horas que ya no son horas, sólo eternidad o apremio.
Días que pierden su identidad en una sucesión de esperas encadenadas.
Esperar el diagnóstico, al médico, a las enfermeras.
Esperar una voz, unos labios fruncidos en la frente, un pulgar señalando al cielo,
una carcajada que resuene cerca, el sueño…
Esperar la sanación, el quirófano.
Esperar la muerte.
O el sol, una vez más.
Ya no hay días ni noches, sólo esperas amontonadas.
El goteo del suero mide el tiempo en una nueva dimensión.
Paciencia y soledad.
Incertidumbre y esperanza.
La vida en suspenso.

Un ángel.

 

Mi vida en tus manos

 

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Epidural a una anciana desnuda

 

 

En la habitación 107

ENTREGA

La vida en tus manos.
Un enfermo se desnuda ante un extraño. No se resigna aún, la esperanza le vence por ahora.
No siente pudor.
Escalofríos, sempiterna incertidumbre.
Se deja observar, se deja tocar, se estremece.
Y la enfermera ilumina con su sonrisa las sombras del dolor.
La completa desnudez.
La ternura, el amor a otros.
El enfermo sostiene su esperanza con las manos, en un cofre de plata y esmeraldas.
La entrega absoluta. Su tesoro más amado.
El cirujano lo llena con toda su voluntad, con su sudor, con sus manos dadoras de existencia.
Es el ángel custodio de su sangre y de sus entrañas.
Revuelve en su interior, corta, explora, persigue el mal, decide en segundos.
Responsabilidad extrema. Entrega total.
La vida en sus manos.

El equipo de trauma

 

Inma por la mañana

 

Terminando la tarea en silencio

 

El médico de la UCI

Rutina

Mi tiempo es el tuyo.
Rutina.
Nueva cada día, en cada enfermo renovada.
Trabajo meticuloso. Cansancio. Agotamiento.
El engranaje del hospital funcionando como un sistema ordenado, previsible.
La vida imprevisible.
Cada mañana una sonrisa cálida, luminosa. Unas manos diligentes y hábiles que manejan
el ánimo de los débiles, que controlan su dolor.
Dejarse llevar por ese fluir de actuaciones rutinarias en el deambular de enfermeras,
auxiliares y médicos.
Se pasean entre penalidades, trabajando concienzudos, con precisión milimétrica,
dispensando ternura y eficacia.
El paciente ya sabe interpretar el color de sus voces. Y se dice a sí mismo que todo va bien,
que el doctor hoy sonaba a hierba caliente junto a un mar en calma.
Se abandona en sus manos, resignado a toda suerte de suplicios con la esperanza de
recuperar la salud.
El deseo de vivir
Sabedor de la fragilidad de ese regalo maravilloso llamado vida.
Y el gotero comienza una vez más a medir el tiempo.
Mi tiempo, que aquí es el tuyo, el vuestro.
Se suceden los soles y las lunas. Y de vez en cuando el mundo se detiene en una
habitación.
Dejarse hacer. Entregado. Cada día. La rutina conocida.
Confiar

Arcoíris

 

La vida en la mano

 

Francisco y la luz de los días

 

Retablo

 

El último viaje

Vida

El presente, desnudo, en un tiempo de nuevo suspendido.
Acelerado, relentizado.
Desconcertante, deambula en un limbo de luces y sombras, de miedos y certezas.
Se impone con su realidad cruda a un pasado añorado, a un futuro incierto.
A veces alimenta la esperanza, otras la destruye.
La enfermedad es una parada en el viaje de la vida. De nuestras vidas. Una pausa obligada
lejos de la realidad cotidiana.
Entre extraños.
Una encrucijada de destinos que coinciden en un ahora desconocido, íntimo, involuntario
y compartido.
Las emociones se intensifican, concentradas en ese punto que atrapa a todos y a todos
iguala, despojados de cualquier adorno.
Amor
Soledad
Depresión
Miedo
Alegría y Dolor Resignación o Esperanza
Agradecimiento
El enfermo constata una certeza: su profundo deseo de estar vivo. Y se desgarra la voz
llamando a gritos a la vida si ve su sombra alejarse.
Es entonces cuando también son medicinas los días soleados de septiembre, los tonos
granates de las enredaderas en otoño, el sabor de las frutas dulces, el olor de los bebés.
Sabe que la muerte siempre camina a su lado, pero ya no tiene miedo.

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Dibujos

Cirujana en el pasillo de quirófano.

 

Retrato de un almirante.

 

Un atisbo de esperanza.

 

Tierna rutina

 

Recuerdo de juventud

 

Resignación

 

El llanto del pianista

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Biografía de Emma Cano

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Nací pintora, aunque no sé a qué edad hice mis primeros trazos, con un lápiz desgastado o manchándome las manos, torpes aún, con ceras de colores. En los primeros recuerdos que conservo de mí misma está presente mi pasión por el dibujo y la pintura. Mi vocación siempre ha estado definida: “Voy a ser pintora”.

Y enganchada a mi pasión como un drogadicto a su dosis, la vida ha dado mil vueltas, pero yo he seguido pintando, sin que importara el motivo o la técnica, experimentando con murales decorativos, retratos o ilustraciones, dibujo al carbón o cuadros al óleo.

Soy natural de Asturias, así que mis ojos se acostumbraron pronto a disfrutar de la belleza natural de los paisajes, de verdes intensos que casi se pueden oler, de la bravura del mar y la serenidad imponente de las montañas. Allí tuve la suerte de aprender, cuando aún era una niña, de un maestro del paisaje: César Pola, quien supo inculcarme la fascinación que siento por pintar en plena naturaleza.

Más tarde acudí a clases de dibujo y modelado en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, y como en mi ciudad no existía facultad de Bellas Artes me licencie en Filología, así que podría decirse que soy semiautodidacta.

Mi juventud transcurrió entre tonos tostados, amarillos y sepias del desierto almeriense. Allí pinté murales, retratos de turistas, dibujos y cuadros de los paisajes áridos de la zona y de las gentes que se ofrecían a posarme. He dibujado también en Berlín o en Finlandia, en Canarias o en Madrid… Allá donde estuviera, mis trazos siempre han bailado libres, imparables…

Desde 1991 vivo en Mallorca. Aquí trabajo como ilustradora y fotógrafa de la revista Missèr, que edita el Colegio de Abogados de Baleares. He tenido la fortuna de ser elegida para retratar a personajes ilustres de la abogacía, y la Real Academia de Medicina me encargó en 2001 un retrato del rey para su sede en Madrid.

Hacer ilustraciones me gusta y divierte especialmente, porque los temas legales o judiciales son muy abstractos y difíciles se sintetizar en un dibujo, y eso constituye un reto para mi creatividad.

En esta preciosa isla he hecho varias exposiciones y trabajado en diferentes proyectos que me atraían, como trampantojos o murales, para casas privadas u hoteles. Además, mi obra ha sido galardonada con algún que otro premio.

Aunque mi pintura es figurativa no me siento identificada con ninguna escuela o estilo en concreto. Quizás el hecho de ser autodidacta me ha liberado de esta clasificación. Siempre palpita en mis dedos, mi mirada y mi pensamiento el aleteo libre de quien se expresa con la belleza.

www.emmacano.com

 

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