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Culturas

Los exiliados españoles que revolucionaron las letras mexicanas

México recupera el legado de los intelectuales republicanos que asiló

Luis Cernuda, León Felipe o Max Aub son algunos de los escritores de renombre que más han influenciado el acervo cultural local

La brisa del Atlántico golpeaba sus caras, sus nostalgias y el coraje de sus ideales. Se acababa mayo de 1939 y 1600 españoles partían desde Francia hacia México a bordo del buque Sinaia huyendo de los horrores de la guerra, de la persecución del franquismo, y de los campos de concentración franceses. Atrás dejaban los sueños rotos de un país mejor y en el horizonte se dibujaba la esperanza de rehacer su vida, en un lugar donde eran bien recibidos y compartían el idioma. Así se desprende del pequeño diario que editaba en la travesía el poeta de la generación del 27, Juan Rejano, donde entre otros, aparece este poema:

Qué hilo tan fino, qué delgado junco
-de acero fiel- nos une y nos separa
con España presente en el recuerdo
con México presente en la esperanza.
(…)
Como otro tiempo por la mar salada
te va un río español de sangre roja
de generosa sangre desbordada…
Pero eres tú, esta vez, quien nos conquista
y para siempre, ¡oh, vieja y Nueva España!”

Fragmento del poema Entre España y México, de Pedro Garfias

Fernando Gamboa y su hermana Susana a bordo del Sinaia. Fondo de laPromotora Cultural Fernando Gamboa

El 14 de junio arribaron al puerto de Veracruz. Fueron la primera oleada de exiliados republicanos en México. Al Sinaia le siguieron los buques Ipanema, con casi un millar y Mexique con más de 2000, y así sucesivamente fueron llegando a México conciudadanos de todas las clases sociales hasta principios de 1950, cuando ya habían más de 25.000 españoles viviendo en el país. Y es que este fue el Estado que más republicanos albergó. El presidente Lázaro Cárdenas había respaldado fehacientemente la República y a su derrota concedió asilo político a sus partidarios, favoreciendo especialmente la integración de los intelectuales en la vida cultural mexicana.

Luis Cernuda, Max Aub, León Felipe, Juan Rejano, Joaquim Xirau, María Zambrano, José Gaos, Pedro Garfias, Maria Luisa Algarra o Luis Buñuel son algunos de los escritores, filósofos o cineastas que, repudiados e ignorados por el franquismo enriquecieron el acervo cultural mexicano. “Su herencia es tan importante que me atrevo a decir que es el acontecimiento cultural más importante de México en la segunda mitad del siglo XX”, subraya Gerardo de la Cruz, subdirector de Documentación y Publicaciones de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), y comisario de la exposición Si me quieres escribir…autores del exilio que alberga la Biblioteca de México hasta el 15 de agosto.

Son numerosas las exposiciones, simposiums y otros homenajes que les brinda México a los exiliados españoles que enriquecieron este país. MJ Siscar

Esta muestra pone de manifiesto “la mirada de un país enriquecido por esta generación de intelectuales y la influencia de la cultura mexicana en su proceso de creación”. Para ello reúne fotografías, retratos, libros, revistas, cartas manuscritos y notas hemerográficas de los más ilustres exiliados y de sus hijos, los hispanomexicanos que, crecidos entre los recuerdos de sus padres, arrastraron un fuerte lazo con España pese a ser mexicanos y sus creaciones revuelven estas dos identidades. La exposición es uno de los numerosos reconocimientos que México les viene dando a estos compatriotas que durante décadas han sido silenciados en España.

Y es que el exilio español en México no fue casual. Los lazos se remontan a principios del siglo XX. En las tres primeras décadas de la centuria, Madrid se convierte en el refugio de intelectuales mexicanos en las idas y venidas de la Revolución que azota este país. Además la capital española se encuentra en plena efervescencia cultural y política, con la impronta de la generación del 98 y el auge de los movimientos vanguardistas, sus publicaciones, cafés y tertulias. Entre estos mexicanos exiliados en Madrid destacan en lo político, Martín Luis Guzmán –muy cercano al presidente Manuel Azaña- y en lo cultural, Alfonso Reyes.

Ambos, se convirtieron, junto al pintor Fernando Gamboa, en los benefactores del exilio español en México al terminar la Guerra Civil. “Hay una red de amistades y proyectos editoriales entre intelectuales de ambos países establecidos antes de la guerra que favorece la integración posterior”, asevera De la Cruz y cita la definición del filósofo José Gaos, natural de Gijón y exiliado en México, quien se calificaba a sí mismo no como un exiliado sino como un transterrado, “transplantado a otra tierra”, ya que la historia común entre España y México facilitó la integración, como si el país nuevo fuese una extensión del anhelo perdido.

Alí Chumacero, Max Aub y León Felipe. Fundación Max Aub

Y de hecho lo fue, pues pese a algunas envidias y muchas críticas de algunos intelectuales locales que veían peligrar su estatus, se les facilitó la incorporación a universidades y centros culturales. Sus ideas progresistas fortalecieron el panorama cultural mexicano, y algunos hasta fundaron editoriales propias y revistas. “Se integran completamente en México, a su estructura cultural y al mercado editorial. Sus aportes en lo político, en lo cultural, en el cine, elevan el diálogo intelectual de México, que se abre hacia nuevas latitudes más allá del nacionalismo interno y eso fructifica en escritores locales como Jose Emilio Pacheco, Fernando Benítez o el mismo Carlos Fuentes, quienes son muy cercanos a Manuel Altolaguirre, Max Aub o Luis Buñuel y beben de su influencia”, explica De La Cruz.

Sin embargo no fue un camino fácil, los españoles tuvieron que trabajar muy duro para superar los recelos de algunos mexicanos y como asevera De la Cruz, “se ganaron sus lugares a pulso”. La mayoría concibieron la parte más importante de su obra aquí, que obviamente se vio imbuida por la voluptuosidad del nuevo país que estaban descubriendo. Aunque siempre permaneció la obsesión por la patria perdida y eso se refleja en sus escritos, como plasma este fragmento del poema Un español habla de su tierra, del libro Las nubes, de Luis Cernuda:

Luis Cernuda, poeta sevillano de la Generación del 27, murió en México en 1963

Ellos los vencedores
caínes sempiternos,
de todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.

Si el hombre pudiera decir, poema de Luis Cernuda

¿Por qué habla tan alto el español?, poema de León Felipe recitado por Ofelia Guillman

Y no sólo de manera triste, para muchos, las palabras fueron el único vínculo que les quedaba con su país de origen, y por eso mantuvieron en sus líneas contínuas referencias al Estado español e incluso mantuvieron sus lenguas propias, especialmente los catalanes, una basta comunidad en México que publicó decenas de revistas y centenares de libros en catalán.

Con todo este esfuerzo no sólo se integraron sino que acabaron convirtiéndose en protagonistas. Su influencia fue notable por ejemplo, en la poesía. Y no es para menos, pues aquí se exilió el grueso de la Generación del 27, con Cernuda a la cabeza, y escritores de renombre de la del 98 como León Felipe. Tanto Cernuda como Felipe calaron hondo. “León Felipe fue un escritor público. Sus recitales tenían la capacidad de convocatoria de los grandes de México, la gente iba en multitud. No ocurre lo mismo con poetas más vanguardistas como Manuel Altolaguirre o Concha Méndez”, narra De la Cruz, aunque su influencia permea por otras vías.

Más allá de la poesía, el ensayo y el cine, los exiliados españoles revolucionan el mercado editorial. Su incidencia es determinante en la concepción de la revista literaria, del campo editorial como mercado, de las librerías como punto de encuentro, de las tertulias en si mismas…

Un autor casi desconocido en España que excelsió en México fue Juan Rejano. Perteneciente a la generación del 27, más allá de su extenso trabajo poético, como ya hizo a bordo del Sinaia, Rejano editó numerosas revistas literarias, marcando la pauta de las publicaciones venideras y integrando a la que sería la generación mexicana de los 60.

En cuanto al mercado editorial, también dos españoles, Joaquín Díez Carnedo y Vicente Rojo, se volvieron fundamentales. En colaboración con editoriales mexicanas, Rojo integra por primera vez el diseño gráfico en los libros.

Cena en casa de Joaquín Díez-Canedo con su socio Carlos Barral, Alí Chumacero, Joaquín Diez-Canedo, Fernando Benítez, Hero Rodríguez Toro y Huberto Batis, en 1963 (Ricardo Salazar/ Fototeca CNL-INBA)

Los ejemplares se vuelven bonitos, incorpora el trabajo artístico en las portadas. Y Díez Carnedo fundó junto a Carlos Barral la editorial Joaquín Mortiz, que sobrevive durante 30 años de manera independiente. En ella publican autores mexicanos de prestigio y también los talentos incipientes, además de recuperar a los exiliados españoles. Pero sobre todo trae el concepto de libro de bolsillo a México. Edita a muy bajo costo, con traducciones muy buenas pero accesibles para todo el mundo.

En definitiva, la relación entre los intelectuales españoles y México fue muy fructuosa. Este país les abrió las puertas que el nuestro les cerró, y a la vez ellos le recompensaron engrandeciendo su patrimonio cultural. Y como destaca De la Cruz, esta “es una historia que no termina”, pues perdura en los jóvenes exiliados y en los hijos de esos miles de españoles que se quedaron en México y siguen enriqueciendo este país con su doble identidad.

El filósofo Adolfo Sánchez Vázquez escribió en su libro ¡Exilio!, publicado en México en 1977:“el exilio es un desgarrón que no acaba de desgarrarse, una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre (…) el exiliado descubre con estupor, primero con dolor, después, con cierta ironía más tarde, en el momento mismo en que objetivamente ha terminado su exilio, que el tiempo no ha pasado impunemente, y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado”.

8 comentarios

  1. [...] Los exiliados españoles que revolucionaron las letras mexicanas periodismohumano.com/culturas/los-exiliados-espanoles-que-re…  por opcional hace 3 segundos [...]

  2. [...] D.F.) tradução de Mariana Marcoantonio, originalmente publicada no Blog da Sem Fronteiras Leia aqui o artigo original em [...]

  3. Raquel Huerta-Nava

    El señor alto de lentes que dicen que es “Efraín Huerta” con León Felipe y Max Aub, no es mi padre, Efraín Huerta. De hecho es un escritor que aparece en la otra foto (de Ricardo Salazar), pero no es mi padre. Gracias.

    • periodismohumano

      Gracias :)

    • Liliana Murillo

      Hola Raquel, muchas gracias por clarificar. Existe una posibilidad de que pueda realizarte algunas preguntas?

  4. Raquel Huerta-Nava

    Es Alí Chumacero…

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