Culturas
La primera película hecha en Sudán del Sur
Son las diez y poco de la noche del viernes 17 de diciembre y la excitación en una terraza junto al Nilo en Juba es evidente: en una pantalla montada al aire libre acaba de comenzar el estreno de la primera película de cine realizada en Sudán del Sur. El productor, director y equipo técnico vienen de Nigeria, la mayor industria del cine en África, pero la casi totalidad de los actores son sursudaneses. La película se titula La sal de la nación (The Salt of the Nation). “Me encanta el título, nosotros los jóvenes somos la sal de la nación y podemos hacer que sur Sudán tenga muy buen sabor”, dice Jamila Garang, de 23 años y una de las protagonistas.
La película gira alrededor del referéndum de independencia que Sudán del sur va a celebrar el próximo 9 de enero. La votación forma parte del acuerdo de paz que, en 2005, puso fin a una guerra de 22 años entre el norte y el sur de Sudán. Todo el mundo da por hecho que el sur, rico en petróleo y de población negra, se va a separar del norte, de población árabe y musulmana y tierras menos fértiles. Pero la más que probable independencia de Sudán del sur estará llena de retos, ya que se trata de un país tremendamente subdesarrollado y sin apenas infraestructuras.
En la película, Garang interpreta a Poni, una joven de la tribu mundare enamorada de Duku, un chico de la tribu zande cuyos padres no aprueban que se relacione con chicas de otras tribus. Y es que uno de los mayores problemas para el nuevo país es la propia existencia de Sudán del Sur como nación: sus entre 8 y 10 millones de habitantes se reparten por un territorio mayor que el de la península Ibérica y están formados por unas 500 tribus diferentes que hablan más de 100 idiomas distintos y tienes culturas diferentes. Además, no son raros los conflictos armados entre algunas tribus que compiten por tierras, pastos, ganado y otros recursos.
“En Sur Sudán, la gente no se casa con personas de otras tribus pero es el matrimonio entre tribus lo que nos puede traer la unidad”, dice convencida Garang, que huyó del país junto con su familia en 1991 y vivió durante seis años en el campo de refuigados de Kakuma en Kenia. “No quiero que mis hijos y mis nietos tengan una infancia como la mía, quiero que puedan vivir en paz y en unidad”.
Como otros jóvenes refugiados, esta joven actriz regresó recientemente a Sudán del Sur para encontrar que sus ideas chocan con las de sus mayores. Garang vive en Juba con su tío y éste no aprueba su carrera de actriz. “Mi tío no sabe que estoy aquí, pero le voy a sorprender: los jóvenes no podemos matar a los viejos, pero esta película sí puede cambiar las ideas de la gente”, asegura Garang. “Es nuestro momento, de nosotros depende construir sur Sudán y hacer que todo el mundo lo conozca”.
Dabi Jacob, de 24 años, interpreta a Duku, el joven protagonista que desafía a sus padres y no acepta el matrimonio que ellos le quieren imponer con una chica de su misma tribu. Duku y Poni se encuentran en secreto y, tras una gran pelea, Duku acaba yéndose de casa de sus padres.
“El matrimonio entre tribus es muy raro en la vida real y, cuando ocurre, hay veces que tu familia política es de otra tribu y no puedes ni abrazarlos”, relata Jacob. “La única forma de estar unidos como un solo pueblo es a través del matrimonio entre tribus, y somos nosotros, los jóvenes, los que tenemos que defenderlo y mostrar que estamos unidos, porque la nación pertenece a los jóvenes”.
La tercera en discordia es Flora Charon, de 21 años y que interpreta a Kadija, una joven zande cuyos padres quieren casarla con Duku a la fuerza. “A mi personaje no le gusta el matrimonio forzoso, me merezco a un hombre que yo elija y elijo lo que el corazón me diga, no lo que me digan mis padres”.
Charon coincide con sus compañeros sobre las posibilidades del cine para enviar mensajes a la población: “La gente en sur Sudán es aún diferente, no se fían unos de otros y estamos intentando transmitir un mensaje de unidad”.
Sin embargo, los tres jóvenes son conscientes de las limitaciones de Sudán del Sur en cuanto a cine. “Me fijo en las estrellas de cine de Nigeria y me gustaría poder ir allí porque aún necesito más experiencia”, dice Charon y sus compañeros coinciden, aunque además las dos chicas sueñan con poder llegar a Hollywood.
Charon, Garang, Jacob y los demás actores están a punto de graduarse en la primera promoción de la escuela de cine UMTI en Juba, propiedad de Dare Folder, un nigeriano que también es el productor de la película. “El 90 por cien de la gente no tiene acceso a la Televisión de sur Sudán, pero sí tienen reproductores de vídeo, de DVD, ven películas nigerianas…”, cuenta el productor. “Entonces, ¿por qué no usar el cine africano para ofrecer un mensaje sobre el referéndum?”. Se trata de la quinta producción de Folder, quien defiende el mensaje de este trabajo: “La película no toma partido político pero sí defiende la autodeterminación y le dice a la gente que vote sabiamente”. “Además, es el matrimonio entre tribus lo que crea unidad, en Nigeria fue así como conseguimos estar unidos”, concluye.
El pasado enero, Folder entregó el guión de la película a Leken Ayinde, un director de cine nigeriano que ha realizado más de 20 películas en su país. “Había oído algo sobre la guerra en Sudán pero, siendo sincero, no sabía nada sobre este país”, reconoce Ayinde. “Tras ver el guión, empecé a leer sobre el tema, a buscar en internet y y lo que vi me afectó, así que quise venir y contribuir al progreso de los sudaneses del sur”. Tras trabajar en el guión y otros preparativos, Ayinde llegó por primera vez a Juba el 24 de noviembre, el día siguiente empezó el rodaje y el director cuenta que el país le sorprendió. “Antes de llegar aquí, tenía una mala impresión de Sudán, mi familia no quería que viniera, creían que era peligroso”.
Como los medios eran básicos y escasos, el equipo rodó y editó la película en poco más de dos semanas. El estreno estaba previsto para el sábado 11 de diciembre pero problemas técnicos lo retrasaron al viernes siguiente. Y finalmente, tras varios discursos por parte de Folder y algunos actores, defendiendo el voto por la separación y el poder del cine para cambiar la sociedad, unas 200 personas asistieron a la proyección de la que es la primera película de cine comercial de sur Sudán, según aseguran sus creadores.
La historia dura una hora y veinte minutos y comienza con escenas de gente desplazada por la guerra civil entre 1983 y 2005. Más adelante, la acción llega a la Juba actual y a la rebeldía de los jóvenes que no quieren aceptar los matrimonios que sus padres les han preparado. Los personajes hablan constantemente de que hay que votar por la separación en el referéndum y de la cuestión del matrimonio entre tribus, que enfrenta a padres e hijos. Finalmente, los padres de Duku aceptan sus deseos y entienden que todas las tribus forman igual parte de Sudán del sur. La calidad de la imagen y el sonido es pobre y las interpretaciones no resultan muy creíbles, pero el público está satisfecho y aplaude con ganas al final.
“Soy un amante del cine y he querido venir para ser testigo del estreno”, dice con entusiasmo Anthony Moga. “Pensé que, como es la primera película que hacemos en mi país, no iban a alcanzar un gran nivel, pero me han sorprendido, es mejor de lo que me esperaba”.
Moga también es joven y está de acuerdo con el mensaje de la película. “Me ha encantado, va sobre el referéndum y sobre cómo debemos aceptarnos unos a otros a través del matrimonio entre tribus”, resume, y añade que ahora él también quiere ser actor.
Durante los días previos al inicio de la votación, el equipo proyecta la película en otras ciudades y pueblos de sur Sudán. Queda por ver el impacto que la historia puede tener en zonas más rurales, donde diferentes tribus sí viven separadas unas de otras y donde la mayoría de la gente no habla inglés, el idioma de la película. “Pero no importa, la gente como yo les contaremos a los otros de qué va la película y transmitiremos el mensaje sobre el matrimonio entre tribus”, asegura Moga, que dice que ya le ha dicho a su madre que la llevará al cine la próxima vez que la película se proyecte en Juba.











[...] Facebook [...]
Interesantísimo el reportaje y gran idea la de hacer esta película. Creo que el futuro de Sur Sudán será muy difícil por las rivalidades internas -es fácil unirse cuando hay un enemigo común, pero cuando deja de haberlo es todo mucho más complicado- y otra cuestiones, como los ingentes recursos naturales que tienen, que seguro les traen algunos problemas, pero cualquier cosa será mejor que 20 años de guerra, no?
Por cierto, me resulta muy curioso que el director de la película, nigeriano, diga que le “sonaba algo de la guerra, pero no tenía ni idea de este país”. La desinformación anda por todos lados…
Enhorabuena por el reportaje: rascando temas, una de las muchas cosas que, aparte de guerra, debe haber en Sudán del Sur. Gracias por informar de manera diferente.