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Culturas

“La poca gente que ha tratado el genocidio del franquismo ha tenido problemas”

Antonio Orihuela: poeta libertario, ensayista, doctor en Historia con tres tesis doctorales y, en la actualidad, profesor en un instituto de secundaria.

Personaje poliédrico que a lo largo de dos décadas ha construido una obra, con más de veinte títulos, apegada a la tierra, de palabra sencilla, buscando devolver la poesía a "los pobres que están demasiado ocupados/trabajando para que los burgueses/puedan escribir poesía”.

Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.

La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.

Loca de contenta,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.

Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.

Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura…

Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse,

en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,
y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.

P. ¿Sigue estando el “pueblo sencillo y trabajador” tan lejos de la literatura? ¿Y qué es eso “que llaman literatura”?
A. O. Lo que llamamos literatura es un producto que surge en el siglo XIX, un producto de clase que inventa la burguesía para satisfacer su ocio a través de un reflejo de su mundo. Rara vez aparecen los trabajadores y cuando lo hacen es como personajes secundarios, subordinadores, marginales… Esa parte defectuosa de la sociedad que hay que evitar. A eso es a lo que llamo literatura. Después, para camuflar ese origen, la burguesía busca una genealogía y empieza a definir a La Odisea, la Iliada, el Poema del Mío Cid también como literatura.

Antonio Orihuela recitando en La Manzorga, Gijón (P. S. )

Hace un par de meses, Antonio Orihuela llenó el maletero de su coche de ejemplares de sus libros y recorrió varios cientos de kilómetros para presentar en varios librerías asociativas del norte de España su antología, Arder (1995-2012). Este doctor en Historia con tres tesis doctorales a sus espaldas, ha construido a lo largo de dos décadas una obra poética en las antípodas del academicismo y el ensimismamiento con la forma. Su poesía directa, cincelada con palabras sencillas y apegadas a la tierra y a la Historia reciente, es una de las más conocidas del movimiento anticapitalista Poesía de la conciencia, integrada por autores afines al movimiento libertario. Coordinador desde 1999 de los Encuentros anuales Voces del extremo, celebrados en su Moguer natal y promovidos por la Fundación Juan Ramón Jiménez, sus poemas tildados por algunos de extremistas o extemporáneos en la década de los 90, suenan ahora familiares a las proclamas que se escuchan en las manifestaciones contra las llamadas políticas de austeridad y algunos de sus versos fácilmente podrían haber sido fotografiados en las innumerables pancartas que abarrotaron las plazas de España por el movimiento del 15M.

Conversamos con él en Gijón, coincidiendo con un recital celebrado en Espacio Cultural La Manzorga.

P. A lo largo de su extensa obra poética es recurrente la denuncia del aburguesamiento de la izquierda, la trampa de creerse la muerte de la lucha de clases… Ahora, con el empobrecimiento generalizado de la población, la proliferación de círculos de pensamiento crítico a raíz del 15M y el nacimiento de nuevos partidos políticos de izquierda, el discurso de tu poesía que en los 90 sonaba a radical incluso para sectores progresistas, ahora resulta familiar, similar al que se escucha en manifestaciones, en las redes sociales… ¿Cómo está viviendo este resurgimiento del espíritu crítico?

A. O. Me produce mucha alegría pero en lo personal nuestra situación como escritores tampoco ha variado excesivamente. Sí hay una mayor recepción a nuestros discursos, pero la desgracia es que haya tenido que ocurrir todo esto. En los años 90 había muy poca necesidad de lo que decíamos. Fuimos la primera generación que habló de memoria histórica en sus poemas, cuando la mayoría estaba instalada en el discurso del olvido. Los primeros que empezamos a hablar del problema ecológico que ya tenemos encima, cuando lo habitual era la poesía hecha de bares, de copas, de mucha evasión. Defendíamos la lucha de clases y ahora el capitalismo le ha dado la vuelta y son los de arriba los que nos la están haciendo a los de abajo, pero además con una inquina que no éramos capaces de imaginar. En España, cada vez que la izquierda institucional ha perdido el poder han puesto a trabajar a sus intelectales orgánicos para que generaran discurso. Recuerdo que durante el segundo mandato de Aznar había instrucciones claras del PSOE a determinados autores para que espabilaran y produjeran un mensaje distinto al gobernante. Lo que pasa es que cuando necesitan a estos autores, éstos se desplazan hacia la izquierda y cuando recuperan el poder se olvidan de ella.

En 1936, a Antonio Orihuela lo vinieron a buscar
en un camión.
Delito:
Ser amigo del alcalde socialista.
Haber abierto un Casino Popular.
Le pegaron dos tiros
y en paz.
Como Ángela Benabat
no dejaba de gritar,
un muchacho le estuvo dando culatazos,
con su máuser,
en la cabeza,
hasta mancharse su bonita camisa azul.

Por los mismos conceptos
su nieto tendría ahora un trabajo fijo en el Ayuntamiento,
y estaría forrado
a base de estrujarles el alma
a cinco trabajadores,
siempre menores de veinticinco años-
A su mujer
Le dirían: Señora.
Este poema se llama
Historia de España.

P. Trabajaste en la Universidad, la institución por antonomasia de generación de conocimiento, pero también un sistema muy endogámico, de luchas intestinas dentro y entre los departamentos, de carreras de fondo interminables para conseguir un puesto medianamente estable.  ¿Cómo te moviste en este ambiente?
A. O. Fatal. Parece mentira que la cuna del conocimiento, lo que debería ser un marco de libertad, horizontalidad, cooperación, sea una estructura tan bajomedieval, de vasallaje, subordinación. Terrorífico. En este sentido ojalá tuviéramos el sistema de la universidad norteamericana basada en el meritaje, porque aquí el meritaje se basa en llevarle al catedrático el café o a sus hijos a la escuela. Normal que no tengamos ninguna universidad entre las 150 mejores del mundo. Yo me aburrí de la universidad porque veía que la lucha de clases también se trasladaba allí. Es una cuestión de resistencia porque aunque decidas convertirte en el vasallo del señor feudal, tienes que tener detrás una familia con recursos económicos para pasarte quince años cobrando una miseria.

P. Como la carrera para la judicatura.
A. O. Igual. Yo llegué a publicar en la American Journal of Archaeology, pero aquí eso no vale nada. Escribes tres artículos en la revista del pueblo y valen lo mismo. Es una locura. Eso cambió pero yo ya me había retirado. Cuando te decían en los tribunales “va a salir mi plaza”. Pero, ¿qué locura es ésta? Entonces los demás para qué vienen, ¿a hacer el paripé?. Es como las tesis doctorales. Todas tienen buenas notas porque se está valorando al director y si te ponen un aprobado es como si te hubieran suspendido. Hasta donde yo investigué, en España nadie ha suspendido una tesis y me consta que hay amigos que han querido suspender alguna y no les han dejado. Y luego los que compran tesis doctorales. Tengo una amiga que ha escrito dos tesis y se las han pagado muy bien, por cierto. En este país la corrupción ha sido lo normal, la gente vivía diariamente con ella. Esto es, uno se lleva diez millones a Suiza porque puede y otro, una caja de azulejos porque es lo que tiene a mano.

En mi caso, nunca me fié del bicho así que lo compatibilicé con sustituciones en institutos hasta que decidí definitivamente dedicarme a la enseñanza en secundaria.

P. ¿Y qué tal?
A. O. Muy bien, es un espacio que si tienes la suerte de que haya un equipo directivo majo, hay muchas posibilidades de hacer cosas. Además yo trabajo con chavales de diversificación. Curiosamente, cuando me encuentro con poetas o escritores que se dedican a la ensañanza suelen estar en estos programas.

P. El movimiento de la memoria histórica ha vivido en la última década una revitalización muy rápida. Como historiador, ¿qué riesgos crees que se corren en este proceso?

A. O. La memoria histórica que tanto sarpullido le provoca a la derecha, empezó a ser recuperada por ésta el 19 de julio de 1936 y no cesó cuando terminó la guerra, sino que en cada provincia se abrió una causa general donde se recogía a quién se mató, por qué… Y cuando se dan cuenta de que no tienen muchos muertos, tiran de patrimonio, iglesia, santos… Esa memoria ya estaba recuperada.

Cuando llegamos a la Transición sí que hay un proceso de recuperación de la memoria histórica, pero muy particular: se recupera la de la institución republicana y la de la guerra, pero planteada desde una perspectiva falsa. La de dos Ejércitos que se enfrentan cuando la primera batalla entre éstos no se da hasta el otoño del 36 en Talavera de la Reina. Pero hay un pacto sobre lo que no se debe recuperar: el genocidio, el papel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Monarquía. Por eso se habla tanto de Guerra Civil en la abundante filmografía existente, y la poca gente que ha tratado el genocidio cometido por el franquismo ha tenido problemas. Pilar Miró lo tuvo muy difícil con El crimen de Cuenca por la visión negativa de la Guardia Civil. Y la película documental Rocío, que trata de recuperar parte de ese genocidio, se prohibió en 1981, su director fue multado con 10 millones de pesetas y el destierro. Se tuvo que exiliar y murió hace unos años en Portugal.

Imagen de previsualización de YouTube

Yo he hecho tres tesis doctorales y la última fue sobre la memoria de la represión en mi pueblo, Moguer. A la presentación del acto vino el alcalde, un socialista que ha estado 30 años gobernando, para felicitarme, y me dijo: “Esto no se podía hacer antes”. Le respondí que sí, que debería haberse hecho antes y no in extremis como lo tuve que hacer yo, mientras los entrevistados se me iban muriendo. Sólo me quedaron 12 o 13 personas con edad para tener recuerdos de entonces y la cabeza bien. Es un trabajo que hoy ya no se podría hacer.

El historiador Paul Preston ha calculado que en las fosas comúnes yacen los restos de unas 180.000 personas y el también historiador británico Antony Beevor calcula que la represión franquista durante la guerra y la posguerra acabó con la vida de unas 200.000 víctimas.

P. ¿Y qué cree que pasa cuando se habla de genocidio ahora?

A. O. Como dice Eladio Orta en un poema, se puede cambiar de régimen pero no de apellido. Cuando vas escarbando en el genocidio van apareciendo apellidos muy sorprendentes, y lo que han querido evitar es que se supiera que los apellidos de los represores, hoy están en los dos partidos.

P. Pero tampoco le podemos pedir el carnet de pureza de sangre de las personas.
A. O. Pero ¿por qué lo ocultan? Porque son los principales interesados en que esa parte de la historia quede oculta.

Antonio Orihuela recitando (P. S. )

P. “Dilo con adoquines”. Cada día son más los que en España, ante el agravamiento de las consecuencias de la crisis, piden acciones más contundentes que las manifestaciones pacíficas que diariamente se suceden. ¿Cómo sería en la práctica decirlo con adoquines?

A. O. El poder se ríe de las expresiones de disgusto de la ciudadanía. Las personas que participaron en el 15M pensaban que esa protesta tenía que ser oída y se desengañaron cuando vieron que no se les hacía ningún caso, que si no hay disturbios, la manifestación no sale en los medios, que se infiltra a policías para desacreditar la protesta… No basta con reunirnos en las plazas, hay que emplear otros mecanismos como en Gamonal, donde los vecinos fueron capaces de plantarle cara al poder político con muy buenos resultados. Eso es “dilo con adoquinos”.

P. Defiendes una poética “para recuperar la vida”. ¿A qué tipo de vida se refiere?
A. O. El capitalismo es un tiempo de muerte porque cada vez estamos más personas dedicando más horas a alimentar a la bestia. La precariedad significa tener que echar muchas horas, tener varios ‘minijobs’ y muy poco tiempo para uno, para pensar, para disfrutar de la vida. La desgracia es que los buenos trabajos están en vías de desaparecer. Para salir del capitalismo tendríamos que reinventarnos, decidir qué queremos hacer con nuestra vida.

Los pobres están demasiado ocupados
trabajando para que los burgueses
puedan escribir poesía.

P. Por tanto, escribes poesía porque tienes un empleo que te deja tiempo libre.

A. O. De hecho durante un periodo tuve un bar y no escribía ni una línea. Y cuando estuve trabajando como albañil, recuerdo que llegaba a casa tan machacado que no podía pensar en leer ni escribir, ni en recurrir a nada que me hiciera bien espiritualmente o psíquicamente. El cansancio era tan brutal que sólo quería tirarme en el sofá, encender la tele y que me echara lo que quisiera para no pensar.

Así que sí, escribimos porque somos unos privilegiados pero también podríamos haber decidido escribir otras cosas y buscar una rentabilidad que esta poesía no tiene.

P. Esta crítica tan furibunda que haces y has hecho a lo largo de los años a una poesía más ensimismada con la belleza o a la poesía de la experiencia… ¿De verdad que no pueden convivir? ¿O la crítica viene de que hayan concentrado la mayoría de la atención de los espacios de divulgación?

A. O. Hoy sería más moderado. Son discursos que elaboré en caliente cuando nos hacían una guerra encarnizada definiéndonos como autores de poesía garbancera. Hoy lo veo de otra manera. Claro que tienen que convivir y, de hecho, conviven en mi poesía porque estamos hecho de pasiones, amores, ilusiones… Lo contrario sería horroroso.

P. Me llama la atención que habiendo muchas mujeres poetas, muy pocas hayan sido reconocidas con premios. ¿Sigue siendo el mundo de la poesía tan machista como tantos otros?

A. O. No sólo eso, sino que además las mujeres siguen siendo las mejores lectoras y hay muchas escribiendo discursos muy potentes. Sinceramente no sé por qué esta falta de visibilidad.

Y Orihuela, empieza a recomendar autoras, amigas: Isabel Pérez Montalbán, María Eloy García, María Salgado, Isla Correllero, Verónica Pérez Montes, Begoña Abad…. De cada una un detalle, una anécdota, un libro, mientras sube al coche para conducir de vuelta a Extremadura, a sus clases, al colegio, a seguir escribiendo poemas, imprudencias, como:

No confíes en los perros de los cazadores
…

no corras a besar sus colmillos


Tú eres la presa

Más info sobre

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

4 comentarios

  1. [...] Sigue leyendo esta noticia de Periodismo Humano en “La poca gente que ha tratado el genocidio cometido por el franquismo ha tenido problemas” [...]

  2. jaime

    El problema es la desmemoria,el olvido o el silencio…Nos falta conseguir Verdad, Justicia y Reparación!

  3. No había visto este artículo sobre Antonio Orihuela: poeta libertario, ensayista, doctor en Historia con tres tesis doctorales y, en la actualidad, profesor en un instituto de secundaria.
    Siempre he admirado su fuerza para contar verdades, “verdades poéticas”, diría.
    Gracias por la difusión de este hombre, culto y sabio, tan fuera de lo común.

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