Culturas

La literatura como daga para la rebelión contra el amo

¿A quién sirve mi discurso? Tercera parte de Cuando la ficción estalla en el espacio social

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? ¿A quién sirve mi discurso? Escucha el programa aquí, descarga la parte 1 y la parte 2 o suscríbete [Ivoox | RSS | iTunes]

Un momento del debate en Traficantes de sueños

¿Quién es mi amo?, es la pregunta que proponemos que se haga la escritora. Y por qué no, también, la editora y la lectora. Para ello reunimos en conversación a un director de revista literaria (Jaime Rodríguez Z.), a una novelista (Marta Sanz) y a un editor (Constantino Bértolo). Sus edades son dispares, así como sus lugares de nacimiento y sus trayectorias. En cambio se conocen, sus tiempos tejen o han tejido la red del mismo trabajo y ante el mismo capital. A quién sirve mi discurso y a quién sirve tu discurso debería ser nota mental o impresa al pie de toda comunicación pública, aunque el responsable final, el jefe supremo, sea para todos el mismo.

“Mi amo, como el amo de casi todos, es una sociedad anónima”, dice Constantino Bértolo. Se quiera o no, se sirve al capital y lo que vendemos le sirve al capital. “¿Cómo se ha producido esta servidumbre?”, se pregunta Bértolo. “Yo trabajo al servicio de esta multinacional para ganarme un sueldo y para ganarme un estatus, un capital simbólico que diría Pierre Bourdieu, aunque al final yo no distingo mucho entre capital simbólico y capital monetario porque el capital simbólico si no se convierte en dinero no es capital y para saber cuánto capital simbólico tienes en realidad lo que estás diciendo es cual es tu caché en el mercado. Se puede capitalizar siempre, el capital simbólico se ha exagerado en cuanto a su importancia”.

“Durante muchos años —reflexiona Jaime Rodríguez Z.— el supuesto estado del bienestar que todos hemos experimentado en la cultura española ha hecho que muchas personas de mi generación hayamos olvidado esta cosa que empezamos a redescubrir ahora. Una cosa que gente mucho más lista y con más experiencia que nosotros jamás ha olvidado. Durante mucho tiempo nosotros nos creímos la idea de la realidad como parque temático, un concepto muy de la postmodernidad, y eso ha hecho que en cierta medida estemos un poco adormecidos. Lo que siento es que mi deber ahora es acercar la literatura a la calle, llevarla a la calle, devolverla a la calle. Creo que hemos estado de espaldas a eso en los últimos tiempos. No me refiero al deber en un sentido más ideológico, sigo siendo una persona individualista, pero sí que siento una llamada hacia cosas urgentes”.

¿Qué es un discurso? Marta Sanz contesta: “mi discurso es el resultado de la capacidad de mis textos para ser permeables a lo que me rodea: neoliberalismo, paro, literatura anterior y contemporánea”. “Mi voz —prosigue— vuelve al mismo lugar del que salió, pero puede hacerlo por la vía del engorde de ese discurso hegemónico que ya no se siente como ideología, lo que Zizek llama la ideología invisible, o por la vía de la contestación a esas otras ideologías que sí se siguen llamando ideologías y que ya están cada vez más demonizadas. La primera opción sería la confortable y la segunda suele producir un cansancio agotador que siempre termina desembocando en la denuncia, aunque yo creo que el ratón puede acabar asustando a los elefantes”.