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Culturas

Jesus

Serie Retratos entre la multitud

Jesus, así sin tilde, es pintor y desde hace 18 años realiza caricaturas en el parque de El Retiro, en Madrid

Antes de empezar cualquier encargo, desnuda el lapicero con su cúter, despojándole de la madera que lo recubre y quedándose únicamente con la mina entre los dedos. Una manía, dice. Así tiene las yemas del índice y del pulgar, emborronadas del negro del carboncillo. Como listas para que le tomen la huella dactilar. Luego agarra el lienzo en blanco, que está apoyado sobre una superficie rígida, con la mano izquierda. Y lo coloca sobre su pierna derecha, en una ecuación posible. Entonces mira afinando los ojos, escrutando suavemente a la persona que se le ha sentado delante. Y empiezan a volar los trazos.

Jesus, así, sin tilde porque él es de barrio, tiene 49 tacos, canas y aspecto canalla. Canalla, pero íntimamente entrañable. Pinta cuadros de todo tipo desde que tiene memoria, pero desde hace 18 contados años realiza caricaturas a todo el que se atreve en el madrileño parque de El Retiro. En el paseo del estanque. Aunque antes de eso, amó pintar en muchos otros lugares.

La vena retratista le viene de su padre, que también era pintor. Y a él le debe también su nombre artístico: ‘Cosío’, que era uno de sus apellidos. Jesus, de niño, dibujaba a diestro y siniestro, sobre todo, a sus superhéroes favoritos. Y con tan sólo 18 años empezó a ganarse la vida plasmando caras. Por aquel entonces, el año 1979, lo hacía en la Plaza Mayor. Hoy es fácil encontrar allí a decenas de artistas como él, pero en esos años tan sólo dos colegas más se dedicaban a la caricatura.

Trabajó en el epicentro madrileño curtiéndose en esto del arte a pie de acera. Pero él quería ver más. Vivir más y pintar más y diferente. Con el dinero de unos pocos años, viajó a París a seguir dibujando. Tenía entonces 22, y empezó a vivir junto a dos amigos pintores en una pensión. Su oficina callejera fue allí la place du Tertre, en Montmartre, la cuna parisina de los dibujantes bohemios. Y también la orilla del Sena, donde vendía, principalmente, desnudos masculinos y femeninos. París le abrazó con su sublime respeto al arte. Y Jesus volvió a España tras cuatro años con los bolsillos más llenos y los dedos más gastados de arrastrar el carboncillo por el lienzo.

A su vuelta, continuó pintando caricaturas, entonces ya afincado en El Retiro, en el mismo lugar en el que se le puede ver todavía hoy, cada fin de semana. Para Jesus la caricatura es un deporte sano. No es su vertiente pintora favorita, pero reconoce que “es lo que más beneficio económico aporta, y eso es lo que permite vivir”. Conoce la esencia de este arte humorístico, ese algo que empuja a reír cuando vemos a alguien reflejado en una caricatura: “Todos tenemos un punto de ridículo exagerable, tanto físico como psicológico, y es bueno verlo”, dice. Aunque eso a veces le ha traído problemas. Una vez dibujó a una mujer árabe en bikini, sin escatimar en curvas, pero se las tuvo que ver con su marido y unos amigos cuando éstos vieron la caricatura. “Querían pegarme”, ríe ya Jesus, pero nadie le libró entonces del mal rato, ni de tener que emplear grandes dosis de su cercanía campechana para apaciguarles.

Tal vez por eso él prefiere caricaturar a niños: “Los adultos nos ofendemos con más facilidad, y un niño además demuestra mucho más su ilusión al ver el resultado”. Es una de las recompensas que tiene su trabajo: emocionar a fuerza de trazos. O recibir un aplauso del público que se ha agolpado a su espalda cuando termina una caricatura que realmente impacta, por el parecido indiscutible con el sujeto retratado. Pero como sus propias creaciones, Jesus vive entre luces y sombras. Cuando vienen mal dadas, sufre épocas depresivas, y un mal día en la calle, en el que alguien menosprecie su trabajo o le gaste una broma pesada puede dar al traste con toda la energía empeñada en hacer bien su trabajo. En eso también es muy artista, en ser dueño de altibajos.

Para cogerle por el pescuezo y sacarle a flote, Jesus cuenta, sobre todo, con su familia. En especial su hijo, que le ayuda en su carrera y le gestiona la venta de cuadros por internet. Jesus, divorciado –y tal vez por eso mismo- saca también su lado galán a través de su arte. Dice, con una firmeza entregada, que “es imposible retratar a una mujer fea. Es de muy mal gusto. Podrás sacarle los labios o los ojos más grandes, hasta que ocupen medio folio en la caricatura. Pero fea jamás. Ninguna mujer lo es”.

Este explorador de miradas piensa que el único secreto de un buen retrato es lograr que los ojos de la persona del cuadro miren e indaguen a quien lo observa. Ahí es nada. Y piensa seguir vaciándose en otros rostros hasta que pueda. “Pintaré hasta que me muera”, sentencia. Una pasión es una pasión. Todos, alguna vez, hemos muerto por una.

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Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

6 comentarios

  1. Leticia

    ¡Grandes retratos! Me gustó mucho el de Esther, pero es que han ido ‘in crescendo’. ¿Quién será el lunes que viene?

    • María Paredes

      ¡¡Muchísimas gracias, Leticia!! Que te gusten son un motivo para seguir escribiéndolos.

      El próximo… Ummm… Aún es sorpresa hasta para mí, jeje, pero mi idea es contar la historia de una persona enferma de Alzheimer. Aunque tal vez ese no sea exactamente el de la próxima semana.

      ¡Un abrazo fuerte!

  2. Ana

    Genial, Mary…

  3. Me ha encantado la descripción que has hecho de Jesus. Me parece además una serie de artículos que puede llegar a ser muy interesante con el tiempo, al reunir retratos de tantos personajes interesantes que se mueven de forma anónima entre nosotros. Te animo a seguir. Gracias.

  4. Me ha encantado la descripción que has hecho de Jesus. Me parece además una serie de artículos que puede llegar a ser muy interesante con el tiempo, al reunir retratos de tantos personajes interesantes que se mueven de forma anónima entre nosotros. Por ello te animo a seguir. Como periodista de TVE trabajé muchos años en la calle, y he de decir que el tratar con esas personas siempre fue muy gratificante. Saludos

  5. Anaí

    He percibido exactamente cómo es Jesus, sin tilde. Tienes una sensibilidad excepcional. Ten animo a que busques en la cárcel.

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