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Culturas

El país de las sonrisas heridas

La esperanza ocupa un papel protagonista en la exposición de Gervasio Sánchez sobre Camboya

La mayoría de camboyanos sobreviven anualmente con una sola cosecha de arroz, en un país que sigue siendo mayoritariamente rural. (Foto: Gervasio Sánchez)

“Enrique Figaredo era un firme candidato a ganar el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación de este año. Sin embargo, llamadas de ciertos ministros lograron hacer cambiar las tornas a última hora para que se lo concedieran a Ingrid Betancourt, quien acababa de ser liberada en Colombia y cuyo comportamiento posterior ha dejado mucho que desear”. Fiel al discurso políticamente incorrecto que le caracteriza, el fotoperiodista español Gervasio Sánchez,  inauguraba de esta manera, entre amigos y admiradores, la muestra “Camboya, tierra de esperanza”, la cual, después de recorrer algunas de las principales ciudades de nuestro territorio nacional, arriba finalmente a Tarragona, donde podrá visitarse hasta el próximo 21 de noviembre.

“Mi vínculo con Camboya, de hecho, se inició aquí”, explica Sánchez. “Hace 23 años estaba ojeando un periódico en el Motoclub cuando leí la carta de un misionero jesuita que pedía a los medios de comunicación que llegaran a visitar los campos de refugiados, que él se encargaría de abrirles las puertas para que el mundo pudiera enterarse de lo que estaba pasando”. El autor de la misiva era Kike, a quien citábamos inicialmente, un gijonense conocido como “el obispo de las sillas de ruedas”, por sus más de 25 años trabajando con víctimas de la guerra y de la polio en

Las nuevas generaciones son la esperanza de futuro de un país herido tras tres décadas de guerra (foto: Gervasio Sánchez).

Battambang, una de las provincias más necesitadas de Camboya. Por otra parte, el joven que, ni corto ni perezoso acudió a su llamado, un estudiante de periodismo que en verano vendía paellas en la playa, no era otro que el propio Gervasio.

“Cuando a mediados de 1987 llegué a Bangkok por vez primera, recuerda, logré encontrar a Figaredo de pura casualidad. Él me aconsejó que pidiera un permiso a los militares y terminamos conviviendo en su pequeño cuarto, durante dos semanas”, comenta. El reportaje, que lo compró Interviu, nunca se publicó y muchas de sus fotos se velaron cuando pasaron por los controles, pero aquel viaje inicial le permitió tomar contacto con la realidad brutal de un país que para muchos sigue siendo, aún hoy, un gran desconocido.

Desde entonces Gervasio ha ido y venido constantemente, en el 95, en el 96, en el 98, en el 99 y en el 2002, acabando de aterrizar procedente de allí, precisamente, hace tan solo unos días. “La situación actual del país, explica, es mucho mejor de lo que habría podido imaginar hace 20 años, pero aun así resulta bastante peor de lo que uno desearía”. La selección de 108 imágenes para esta exposición nos acerca, precisamente, a la vida cotidiana camboyana, vista a través de una mirada única, que ha sabido captar a través del tiempo el legado de más de 30 años de guerra.

Desminando a través de la cultura

El fotoperiodista español Gervasio Sánchez inauguró la pasada semana su exposición fotográfica sobre Camboya en Tarragona.

La palabra “Camboya” deriva de Kambu Svayambhuva, nombre del fundador de la tribu india que propiciaría el florecimiento, entre los siglos IX y XIII, del imperio jemer. 700 años después Pol Pot y su partido de corte radical protagonizarían uno de los periodos más oscuros de la historia de esta región, llevando a cabo un genocidio en el que fueron exterminados 2 de los 10 millones de habitantes que tenía el país entre 1975 y 1979, es decir, un tercio de su población. Posteriormente, con la ocupación vietnamita se desencadenó un conflicto que no se empezaría a resolver sino hasta 1998, cuando tras la muerte de su líder, la mayor parte de la guerrilla de los jemeres rojos terminaron aceptando, finalmente, el proceso de paz.

A consecuencia de todo esto, a Camboya le faltan dos generaciones. La media de edad en el país es de 21 años y una tercera parte de la población se encuentra en la franja de los 15. Pese a esta aparente vitalidad, la esperanza de vida no supera los 50 y es uno de los lugares con más mutilados por minas del mundo, una de cada 230 personas en un territorio que en su 40% sigue plagado de estos artefactos. Según algunas fuentes, se estima que quedan todavía por desactivar entre 4 y 6 millones, lo que significa que hay 1 mina por cada 3 habitantes.

“La evolución del país ha sido como la de otros ejemplos de posguerra. Macro económicamente se constata una mejora pero las cifras micro nos dan cuenta del engaño”, atestigua Gervasio antes de proseguir. “Y es que lo que entendemos por democracia allá es inexistente. La corrupción es el pan de cada día y el impacto del conflicto armado es actual y permanente. Camboya, además, está atrapada entre dos grandes potencias comerciales regionales, como lo son Vietnam y Tailandia. No obstante todo ello, es un país donde todos sonríen, por que en su mayor parte son niños, aunque detrás de cada sonrisa haya una gran tragedia”.

Centro Arrupe en Battanbang, donde el jesuita Enrique Figaredo impulsa muchos de sus proyectos de ayuda humanitaria (Foto: Gervasio Sánchez)

Y esta es, precisamente, la perspectiva hacia donde apunta esta exposición, hacia la esperanza. Se trata de un enfoque distinto que, sin querer olvidar el pasado, busca mirar, sobre todo, hacia el futuro, hacia esas nuevas generaciones que aún sin piernas no se detienen, que siguen caminando hacia delante. En el viaje a través de las tres secciones temáticas en las que se divide la muestra -minas, campos de arroz y construyendo caminos-, Sánchez confiesa que se sintió atraído por un proyecto diferente que parte desde una óptica optimista. “Cuando uno va a la guerra tan a menudo, tiene solo dos opciones para conseguir mantener el equilibrio mental. La primera es ir al psicólogo. La segunda, por la que yo he optado, es dar la vuelta a la tortilla y volver a tomar fotos, en esos mismos lugares, una vez ha llegado la paz”.

“Camboya, tierra de esperanza”, es parte de este ejercicio de salud mental, una modalidad abstracta de desminado que, a través de la cultura, busca arrancar al país del manto de pesimismo que le cubre para liberarlo, para que sus pobladores por fin puedan decirle a la comunidad internacional algo así como “Yo también puedo ¿o acaso no seguimos estando aquí después de todo?”. Complementada con dos videos documentales de Oriol Gispert, se trata, en definitiva, de una oportunidad para acercarse a la realidad de vida, más allá de los tópicos, de esta particular región del sudeste asiático.

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2 comentarios

  1. Todos los asturianos lamentamos que Kike, nuestro paisano, no hay sido el premiado este año. No poder verlo y escucharlo hablar, en su tierra, es algo que debemos no se a que ministerios. Lastima de imparcialidad en el jurado. Nos han privado de un gozo, pero no del todo.
    ¡Que buen equipo hacen Gervasio y Kike!
    Con hombres asi. Los paises vuelven a sonreirnos. Alzandose de sus mutilados miembros. ¡Bravo!

  2. [...] Camboya, el país de las sonrisas heridas, por Alesia Martínez en Periodismo Humano. [...]

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