Culturas

Desde el cuarto propio conectado

Remedios Zafra explora en Un cuarto propio conectado (Fórcola Ediciones) las interacciones y cambios generados en el yo frente al mundo e Internet.

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Remedios Zafra en el estudio

Qué podemos decir: somos víctimas, a veces con placer masoquista, a veces con ira, de todo lo que este libro explora. Somos en Internet hasta el punto de que nos escucháis por medio de un podcast. Venimos experimentando, además, desde mucho antes. Hemos sido “experiencia” que se transforma en “esencia”, yoes lúdicos arrastrados o llevados por los hilos que desenrollarán la ilusión, desperdigados en herramientas, en páginas de navegador, en voces y avatares.

Los cuartos propios, parte del espacio doméstico (compartido) y utopía feminista, han derivado de zona cerrada y privada a incorporar una ventana al mundo: es en estos lugares que, en palabras de Remedios Zafra, “lo privado se funde literalmente con lo público, y entonces lo político se incrementa“. Dejamos de ser nosotros, puros, para estar mezclados, para jugar a las posibilidades, para inventar redes, relaciones y máscaras, para incorporar el activismo a nuestras vidas mientras empuñamos un plumero o desarrollamos una actividad profesional.

El libro de Zafra toma el punto de partida del mítico trabajo de Virginia Woolf para reivindicar que en verdad la revolución ha tocado a todos, pero en especial a las mujeres, hasta hace tan poco reinas de los espacios domésticos. Confieso que no conocía el trabajo de esta profesora e investigadora cordobesa antes de tener este libro en mis manos y que eso no está bien. Por eso era más que obligatorio traerla a que nos contara de viva voz el fruto de sus investigaciones y reflexiones. Son pocos los que consiguen abstraerse lo suficiente de la velocidad y el marasmo de contenidos. Así que deténganse, les pedimos, una hora con nosotras. Estamos seguras de que encontrará pistas para seguir pensando en el alcance profundo de lo que está sucediendo con la identidad en la Red.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie