Culturas

[13]25 Al principio fue la palabra

Él era agricultor, hacia una siembra grandisísima. Un día llegó la violencia y se lo llevó. Eso fue un 16 de febrero, en 1998. Allá en la tienda habían una cantidad porque se sentían las voces riéndose y disfrutando de lo que estaban haciendo. Se lo llevaron a las diez. Después al año y medio viene mi hermano. Como él era concejal del pueblo lo vinieron buscando y que con un personal que lo necesitaba y los embarcaron, los mataron allá… a él y a un trabajador suyo. A los que lo hicieron, gracias a Dios yo ya los perdoné, el único que los puede justificar es Dios más nadie.

Aleida Torres, es una de tantas campesinas colombianas desplazadas (Daniel Lagartofernández)

Este es parte del testimonio de Maribel de la Rosa Lara, mujer, colombiana y defensora de los derechos de la mujer en Colombia. Como ellas, otras tantas con historias que pellizcan en la boca del estómago: historias de desarraigo, de violaciones, de asesinatos a seres queridos, de machismo enquistado. Son muchas mujeres las que sufren y pocas las que hablan.

“El conflicto armado en Colombia ha afectado el cuerpo, el espíritu y la vida de las mujeres”, dice Daniel Lagartofernández quien tiene en marcha el proyecto documental [13]25: Al principio fue la palabra desarrollado, hasta el momento, en Israel, Palestina y Colombia. El hilo conductor de este trabajo es la Resolución 1325 de Naciones Unidas sobre mujeres, paz y seguridad:

El acceso pleno y la participación total de las mujeres en las estructuras de poder y su completa implicación en los esfuerzos para la prevención y la resolución de conflictos son esenciales para el mantenimiento y la promoción de la paz y la seguridad.

Lagartofernández se fue a hacer un trabajo sobre las mujeres en Palestina y en Israel, se entrevistó con las responsables de las principales asociaciones de lucha por los derechos de la mujer en ambas zonas y allí, de casualidad, se topó con dicha resolución. “Se usa para empoderar a las mujeres y aunque no les dejen sentarse en las mesas de negociaciones de paz sí que la usan para hacer presión”, dice Daniel, “fue una feliz casualidad que me valió para definir el número de mujeres con las que quería trabajar y el proyecto”.

De esta forma, 13 mujeres entre palestinas, israelíes e internacionales posan ante la cámara del fotógrafo y cuentan su historia, la de la lucha por “conseguir el fin de la ocupación de Palestina por parte de Israel, y el fin de la violencia que esta ocupación provoca”.

Israel y Palestina

Angela Godfrey-Goldstein es israelí y oficial de actuaciones de Defensa y Amparo del Comité Israelí contra la Demolición de Casas, (ICAHD), ha elegido fotografiarse junto al muro de Abu Dis y la palabra ‘libertad‘:

En los últimos cuatro años hemos matado cinco veces más niños, tres veces más civiles palestinos que los palestinos han matado civiles o niños israelíes. Hemos cogido sus casas, tierra y pueblos, dignidad y trabajo.

A Arabiya Shawamreh, palestina, le han demolido varias veces su vivienda. (Daniel Lagartofernández)

“Las mujeres y hombres israelíes que se oponen a la política oficial de su gobierno y a la ocupación son expulsados de la sociedads , tienen que vivir con que les acusen de antisemítas”, señala Lagartofernández. Las mujeres palestinas no corren mejor suerte, están sujetas a la discriminación por el hecho de ser mujeres, de ser palestinas y árabes. La discriminación también está en casa: “la humillación que vive el pueblo palestino, es la que el hombre descarga en la mujer cuando vuelve a casa”. Ibtisam Mahameed trabaja para mejorar el estatus de la mujer dentro de las sociedades árabe y judía:

Su marido le pregunta: “¿Cuándo dejarás de cargar el peso del mundo sobre tus hombros?” Ella le contesta que cuando encuentre con quién compartirlo.

La resolución 1325 se aprobó en octubre del 2000, gracias a la presión del Grupo de Trabajo sobre Mujeres, Paz y Seguridad, quienes señalan que “la desigualdad de género es una amenaza para la paz y seguridad globales”. Referencia esta tesis Carmen Magallón Portolés, directora de la Fundación Seminario de Invetigación para la Paz de Zaragoza, en su informe Mujeres en los procesos de paz [pdf].

Cuando se le pregunta a Daniel Lagartofernández por la situación en Colombia exclama: “¡Es una barbaridad! Las mujeres se enfrentan a una situación donde sus derechos no están reconocidos, ni se intuyen: violencia doméstica, sexual. Lo que quieras”. Llegó a Colombia de mano de una ONG holandesa para hacer una campaña de visibilización sobre la 1325, allí repitió el mismo proceso que en Palestina e Israel, entrevistó a 13 mujeres de diferentes partes del país y les pidió para fotografiarlas que descalzaran sus pies y eligieran un lugar y palabra que representaran su lucha.

María Eugenia González, coordinadora del Colectivo de Mujeres Desplazadas en Cali lo hizo:

Yo estoy resistiendo a que mi dignidad y la de mi familia sea pisoteada, que yo no me callo. No quiere decir que no sienta miedo, simplemente que iré contra mí misma si no defiendo la familia y los derechos humanos.

“La mayoría de las mujeres colombianas están sumidas en una ignorancia de género” y las que están concienciadas, las que están trabajando por sus derechos y los de sus familias, como María Eugenia, “son, ellas y sus familiares, objetivo militar y paramilitar“. Muchas se pensaron si ser fotografiadas, pero al final la dignidad, la valentía y las ganas de denunciar ganó.

1325: Al principio fue la palabra sobre Israel y Palestina podrá verse en el Centro de Información y Recursos para las Mujeres de Barcelona (C/ Camelies, 36) hasta el próximo 28 de mayo. La segunda parte del proyecto, y tal vez no la última, será expuesta el próximo año, “me gustaría sacar la exposición a la calle, que la gente conozca las historias de estas mujeres”.

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