Culturas

“¿Por qué se ha permitido la entrada de cinco millones de inmigrantes en España?”

El escritor y activista Eduardo Romero analiza en su último libro, "Un deseo apasionado de trabajo más barato y servicial", el papel de las llamadas fronteras interiores en la política migratoria española y europea

"Buscan eternizar el desarraigo, poner a los pies del mercado a millones de trabajadores dispuestos a aceptar cualquier cosa por el miedo y la vulnerabilidad jurídica en la que viven".

La población de inmigrantes en España ha pasado de un millón en el año 2000 a 5,7 millones en 2010. Pero, frente al discurso europeo y español de cierre de fronteras, lo cierto es que en 2009, fueron expulsadas 13.000 personas en total de España. A partir de estas premisas, en su libro “Un deseo apasionado de trabajo más barato y servicial”, Eduardo Romero realiza un análisis crítico de la política de extranjería dentro de las fronteras europeas y españolas para explicar, mediante el contexto histórico, el análisis sociopolítico y las cifras por qué se ha permitido la entrada de casi cinco millones de personas en este país a la vez que se les mantiene en la vulnerabilidad y el desarraigo.

Pordada del último libro de Eduardo Romero.

Eduardo Romero es uno de los socios fundadores de la Asociación Cambalache, un colectivo que en sus ocho años de existencia se ha convertido en uno de los espacios de trabajo político colectivo más activo de la capital de Asturias, y que comprende una editorial, una librería, un grupo de consumo responsable, entre otros, pero sobre todo, un local de reunión, debate y análisis político. Uno de los grupos de trabajo está dedicado a la inmigración, en el que estudian y debaten “las políticas represivas y de criminalización que la Unión Europea pone en práctica, así como la elaboración de material educativo para contrarrestarlas”.

P. ¿Por qué escribes este libro?

Escribir y la creación de la editorial de Cambalache nace a la luz del activismo político de nuestro colectivo. Hace cuatro años empecé a escribir sobre inmigración, primero desde la política migratoria, con el libro “El Plan África y la inmigración. ¿Quién invade a quién?” (pdf), dedicado a contrarrestar la propaganda de “una invasión de los cayucos, de los inmigrantes”. Desde entonces he escrito otros ensayos y relatos literarios desde el punto de vista de la política migratoria en las fronteras exteriores. Pero en este último libro quería tratar lo que está pasando dentro de nuestro país, las fronteras internas, y analizar y contextualizar históricamente la ley de extranjería aprobada en 2009.

P. En el recorrido que haces por las políticas migratorias que se han llevado a cabo en los últimos 150 años en Europa descubrimos que la mayoría de las prácticas y leyes que se están poniendo en práctica ya lo habían hecho anteriormente.

Hay dos procesos permanentes de descontextualización histórica. Uno que afecta a los propios migrantes, que es el hecho de presentarles como individuos irracionales, incluso infrahumanos, que nacen en el momento en que los vemos por la televisión, cuando llegan a Canarias en cayucos y son recibidos por la policía y la Cruz Roja. Aparentemente, esos individuos no tienen un pasado, ni familia, ni territorio, ni motivos para emigrar. Son solo un fenómeno que aparece ahí. El otro proceso de descontextualización es ver las políticas de inmigración como hechos permanentemente novedosos, cuando en el libro se demuestra que la gestión de las migraciones en el último siglo y medio en Europa expresa más las continuidades que las novedades.

Obras para aumentar la altura de la valla de Melilla hasta los seis metros en 2005 (Álvaro Barrientos / AP)

P. ¿Qué son las fronteras interiores y por qué consideras que son fundamentales para el análisis de la política migratoria?

E. R. Las fronteras exteriores tienen unos dispositivos enormemente violentos que han provocado muertes en la valla de Melilla, que tiene centros de detención en el norte de África, que provocan situaciones de violencia en los aeropuertos con las expulsiones y detenciones en Barajas… Pero no es necesario negar la violencia de la frontera exterior para poner en duda su verdadero fin. Si la población migrante en España ha pasado de 1 millón en el año 2000 a 5,7 una década después, la violencia exterior no es suficiente para explicar la política migratoria. Evidentemente ha habido un proceso por el que se ha permitido la entrada masiva de inmigrantes en esta década y hay que analizarlo en otros términos. El porcentaje de personas expulsadas de España mediante todos los dispositivos de fronteras interiores -redadas racistas que se cuentan por cientos de miles sólo en Madrid, humillaciones en los calabozos de la policía, los Centros de Internamiento… todo ese entramado de contención de los flujos migratorios tiene como resultado la expulsión de 13.000 personas en 2009. Que haya 13.000 personas más o menos nos puede preocupar por la vulneración de derechos humanos, pero no es significativo a la hora de regularizar los flujos. Por lo tanto, todo eso se hace para otra cosa. Existen más de 2 millones de personas que o no tienen papeles o tienen permiso de residencia temporal en España y todo este sistema represivo que puede acabar en la expulsión está dirigido a crear miedo, inseguridad jurídica, y no expulsar a unos pocos.

Un inmigrante trabajando como cuidador de un anciano en Sevilla (Gabri1987/Flickr)

P. ¿Por qué se querría mantener a estas personas en ese estado de miedo y de inseguridad jurídica?

E. R. El trabajo realizado por los migrantes ha sido imprescindible para que España haya podido crecer espectacularmente entre 1994 y el año 2007. En este período las cifras económicas son sorprendentes, pero la más espectacular es que hayamos pasado de 12 a 20 millones de asalariados. ¿De dónde han salido esos 8 millones de personas? Pues más allá de la reducción del paro, la incorporación al mercado del trabajo de la mujer autóctona  -especialmente del 94 al 2000-, el resto han sido inmigrantes en sectores como el cuidado de personas mayores, la construcción, el turismo, la hostelería, el sector hortofrutícola…  Pero estas personas se han incorporado en condiciones de especial vulnerabilidad que en principio estaban aseguradas porque venían a buscarse la vida desde países empobrecidos, en condiciones de desarraigo, y podían estar dispuestas a aceptar condiciones de trabajo miserables o peores que las de los autóctonos. Pero lo normal sería que con el paso del tiempo estas personas se fueran construyendo sus propias redes de apoyo, de arraigo. Sin embargo, las políticas de extranjería, con todas esas violencias en forma de expulsiones, redadas, lo que hacen es eternizar el desarraigo. Tienen que pasar entre 8 y 10 años para conseguir un permiso de residencia más o menos permanente que les permita no tener miedo a ser expulsado. Al vincular los permisos de residencia a tener trabajo lo que están haciendo es colocar a los pies del mercado de trabajo a cientos de miles de trabajadores que tienen que aceptar cualquier cosa. Es una especie de reforma laboral encubierta previa a la que se acaba de realizar.

P.En España hay nueve centros de internamiento para inmigrantes y las organizaciones de derechos humanos denuncian una falta de transparencia y acceso para saber qué ocurre en su interior. ¿Qué papel juegan los CIE en la política migratoria?

E. R. Casi la mitad de las personas que están en los CIE llevan más de cuatro años residiendo en el Estado español, trabajando en la economía sumergida cumpliendo ese papel del que hemos hablado,  y la mayoría no son expulsados porque no tienen acuerdos de repatriación con los países de origen -pero eso ya lo sabían desde el primer día-, porque el Estado no quiere gastarse el dinero de los seguros de repatriación o porque en esos 60 días no ha salido un avión para el país de destino, por ejemplo. Esto demuestra que es una medida ejemplarizante para generar miedo e inseguridad. Todo esto sin contar los abusos sexuales a internas como los que se han registrado en el CIE de Málaga, las condiciones insalubres y de abortos que han sufrido internas, o por ejemplo en el de Aluche que nos contaban cómo las mujeres no podían ir al baño por la noche por lo que tenían que hacer sus necesidades en bolsas que colgaban en los barrotes de las ventanas y que terminaban cayendo en el mismo patio donde paseaban durante el día.

Yo no he entrado en ningún CIE pero sí he acompañado a una persona que tenía un amigo detenido en el de Aluche, Madrid. Hicimos 450 km y lo que nos encontramos fue unos bancos a la intemperie y a los propios familiares gestionando el orden de las visitas escribiendo el número de interno. Cada 50 minutos sale un policía y dice “dadme diez números” y pasan sus familiares. Así hasta las siete de la tarde, y personas como nosotros que habíamos pedido el día libre, se queda sin ver a su familiar. Pero si tienes suerte y entras lo que te encuentras es una mesa entre el preso y tú, con un policía que escucha toda la conversación, y un tiempo de cinco minutos.

P. Trabajas diariamente con inmigrantes. ¿Cómo les afecta en su vida cotidiana las redadas, las detenciones, los encarcelamientos en los CIE…?

Suelen hablar de la ciudad como una experiencia en la que se sienten como en una cárcel. Diariamente, tienen que hacerse el mapa mental para llegar a su destino sin pasar por las estaciones de trenes y autobuses, comisarías, plazas donde se reúnen inmigrantes…Hay personas que no se atreven a salir de casa y que gracias a la solidaridad de otros permanecen mucho tiempo encerrados, sin ni siquiera entrar en la economía sumergida, esperando el tiempo suficiente para pedir el arraigo social y poder quedarse sin pasar por un calabozo, humilllado.  Y también están los que una vez que tienen los papeles siguen estando en tensión por el estigma de ser inmigrante. En el libro cuento cómo preguntándole a unos chicos cuántas veces les habían pedido los papeles, nos dijeron que cincuenta. Me parecieron tantas que le pregunté “¿pero si llevas dos años, eso es una vez cada dos semanas?”. Y me dijo,”¡ah no, pues entonces muchas más!. Ha habido días que me los han pedido varias veces”. Su vida es una continua huida para evitar ese control.

P. El envecimiento de la población europea es fundamental en el análisis crítico que desarrollas. ¿Por qué?

Porque la consecuencia inmediata es el descenso de población en edad activa y eso, desde el punto de vista de la competitividad internacional, es un grave problema. A lo largo del último siglo y medio, la inmigración ha servido para generar no sólo la suficiente fuerza de trabajo, sino el exceso que el mercado capitalista requiere. Es falso que el ideal sea una demanda entre la demanda y la oferta. Históricamente ha funcionado “mejor” cuando existe un exceso de fuerza de trabajo. En 1945 Charles De Gaulle, tras la muerte de millones de personas y la perspectiva de un gran crecimiento económico, pide desesperadamente a las mujeres francesas que tengan “doce millones de preciosos bebes” porque necesitaban trabajadores para las fábricas. Aunque las francesas se los “hubiese dado”, que no lo hicieron, hubieran tardado casi dos décadas en poder trabajar, así que rapidamente empezaron a llegar inmigrantes de Argelia, España, Portugal… Como está pasando ahora. Pero mientras, el discurso dominante es que los inmigrantes sobreutilizan los servicios públicos, que nos vienen a quitar los trabajos… La realidad es la contraria: son ellos los que permiten compensar estos desequilibrios que tienen tan preocupados a la clase dominante europea. No es que las pensiones sean inviables por culpa del envejecimiento de la población, lo son bajo las reglas del capitalismo. Se dan muchas cosas por sentado. Como que la Seguridad Social tiene que ser pagada por los propios trabajadores. El Estado tiene otros recursos y podría dedicar más dinero a las pensiones que a contruir tanques y portaviones. En definitiva, en el tablero de juego del capitalismo se necesita esa mano de obra migrante, vulnerable y abundante. Por eso no van a ser expulsados masivamente.

P. La mujer migrante ha jugado un papel más invisible aún en nuestra sociedad. En este sentido, uno de los asuntos que tratas son las redes transnacionales de cuidado.

E. R. Cuántas abuelas o hijas están sustituyendo en las tareas de cuidado a las mujeres que se vienen como migrantes para cuidar a otras abuelas o hijos. Normalmente, las mujeres que se vienen dejan a una familia que dependía de ella y no son los hombres los que se hacen cargo de ese vacío, sino otras mujeres.

Ahora, con la crisis y la pérdida salvaje de empleos, aquellas familias de migrantes que habían llevado a cabo la reagrupación familiar y que mantenían un padrón patriarcarl por el que era el hombre el que llevaba el salario a casa, muchas mujeres migrantes han empezado a trabajar. Pero claro, sin que haya nadie que les respalde en el trabajo de la casa.

P. En el libro criticas que se haya enarbolado la movilidad como panacea para el crecimiento económico. Tú reivindicas el derecho a la no vomilidad ¿por qué?

Eduardo busca en su mochila el libro que está leyendo, Noticias del filósofo y escritor Santiago Alba Rico. Y lee el texto: ‘Nuevo plan europeo de flexibilidad’

E. Ro. “Nada debe permanecer en su sitio para siempre”, ha declarado el presidente de la UE.

Los países de la Unión Europea han decidido por consenso nuevas medidas de flexibilidad laboral, cultural y geográfica a fin de evitar la ralentización y estancamiento de la economía. A partir del primero de enero del año 2010, todos los objetos, muebles e inmuebles, naturales y artificales, cambiarán cada día de emplazamiento….

Los planes educativos tienden hacia la homogeneización para que la mano de obra sea intercambiable. Y el ejemplo de los trabajadores emigrantes es un fenómeno extremo muy revelador para explicar el funcionamiento del mercado de trabajo. Por ejemplo, cuando los empresarios de la fresa deciden contratar a emigrantes con cargas familiares para asegurarse de que vuelvan a sus países, o cuando les hacen fotos de las manos en sus países de orígenes para seleccionar las que tengan las mejores para trabajar. Pero es más, si necesitan 15.000, contratan 30.000 en origen porque como el pago es por día trabajado pues no importa. Pero es que además, si un día una gran superficie te hace un pedido enorme tienes que tener a 30.000 personas. Mientras pueden vivir en chabolas, hacinados… no importa. Y todo esto favorece, además, el ambiente de presión que permite esas selecciones cada mañana mientras los inmigrantes esperan en fila.

P. En el libro utilizas el término de ‘genocidio estructural’, que ya han utilizado pensadores como Alba Rico o Frank Hinkelammert sobre el proceso de la inmigración en Europa. ¿En qué te basas?

Los acuerdos de cooperación entre los gobiernos italiano y libio, además de vehículos y armamento para controlar la frontera, incluye bolsas para los cadáveres. Se han aprobado medidas en Italia que van contra el deber de socorro, por ejemplo, los pescadores que fueron juzgados por recoger inmigrantes a la deriva. Y la militariazación de las fronteras, haciendo las rutas mucho más largas, de hasta dos mil kilómetros, y peligrosas.

Ver las diferentes librerías en las que puedes compen las que puedes comprar “Un deseo apasionado de trabajo más barato y servicial”  o se puede descargar en formato pdf aquí.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie