Cooperación

Vivir sin fronteras

Vidas sin Fronteras recoge las historias personales de trabajadores de Médicos Sin Fronteras

Sus motivaciones pero también las dudas y contradicciones a las que se enfrentan cada día

Bru Rovira autor de Vidas sin Fronteras y Paula Fairas, directora de MSF en la presentación del libro

Vidas sin Fronteras son historias de trabajadores de Médicos Sin Fronteras. Relatos de experiencias, motivaciones, pero también debates y fracasos que ayudan a desmitificar el papel del trabajador humanitario, como dice Paula Farias, presidenta de MSF y una de las protagonistas que lo describe como un libro poco ortodoxo. “Hay mucho de inquietud personal. Ninguno de nosotros nos sentimos a gusto con esa carga moral que se nos suele atribuir”.

A Bru Rovira, su autor, le costó siete meses de largas entrevistas y viajes a algunos países donde está presente la organización, “buscando qué hay detrás, qué les llevó a trabajar en ella y qué debates tienen entre ellos”. Ese “ellos” son los trabajadores, unos más veteranos y otros más jóvenes, que han sido (aunque alguno ya ha dejado de serlo) parte del equipo de MSF en los últimos veinte años . “Yo lo había vivido como periodista coincidiendo a veces sobre el terreno con quienes aparecen en el libro. Al final, escribirlo ha sido un viaje a mi propia historia y a la historia de esos países en general”, reconoce Rovira.

Un viaje por Somalia, Kosovo, Afganistán, Darfur, Yemen… guiados por profesionales anónimos a los que conocemos a través de sus testimonios, como los de María del Pilar, enfermera; Albert, logista; Siham, trabajadora social; Anna, médico o Carlos Ugarte, autor del blog Crónicas contra el Olvido de periodismohumano. “Un puñado de personas de distintas formas de ver la vida cuyas razones no son siempre solidarias ni políticamente correctas, aunque todos terminamos encontrando esa puerta que hace que tu trabajo merezca la pena y tenga sentido. Esa puerta que nos conecta con el Otro es el punto de encuentro de todos los que aparecen en el Vidas sin fronteras“, asegura Farias.

Gratificante y al mismo tiempo controvertido. La directora de Recursos Humanos de la organización lo ejemplifica cuando habla en el prólogo de los dilemas que, a lo largo de los años, han surgido mientras MSF iba redirigiendo su labor hacia una acción más emergencista y humanitaria. “Nos acechan las dudas sobre hasta dónde queremos y podemos llegar. ¿Es la migración una crisis humanitaria? ¿Lo son la falta de acceso a la salud o el tratamiento de las enfermedades olvidadas? ¿Es nuestra propia forma de ser parte del problema? ¿Ser una organización eminentemente “occidental” es adecuado en un mundo cada vez más complejo y más necesitado de visiones más integradoras?”.

Preguntas y muchos cambios a los que han tenido que adaptarse. “Ahora tenemos más problemas de acceso que antes, producto de ese mundo bipolar del ‘estás con nosotros o contra nosotros’. El militarismo humanitario ha crecido en los últimos años y eso confunde. Nos cuesta distinguirnos y pasar nuestro mensaje”, dice Farias. ¿Y cómo encontráis el equilibrio entre denunciar y el riesgo a que no os permitan seguir desarrollando el trabajo? “Nosotros tenemos un compromiso con la gente con la que trabajamos. Denunciamos cuando pensamos que eso va a mejorar de una forma considerable la vida de las personas, más que nuestra asistencia personal. Hay que tener en cuenta que podemos perder el acceso y tenemos demasiada responsabilidad con la gente con la que estamos trabajando. Sabemos que si nos vamos puede haber gente que muera”, argumenta la presidenta de MSF.

Bru Rovira advierte de que Vidas sin Fronteras no es donde encontraremos respuesta a esas preguntas pero sí ayudará a generar un debate “que la sociedad necesita y que ya debería estar en ella”.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie