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Cooperación

Satélites para luchar contra el hambre

Una de cada seis personas pasa hambre en el mundo

Los satélites son instrumentos muy útiles en la lucha contra la inseguridad alimentaria

Imagine que vive en un país que lleva ya varios años con una sequía severa y persistente, que se ha visto agravada por el cambio climático. Además, no puede pagar los altos precios de los alimentos y, en ocasiones, el conflicto bélico origina una situación de inestabilidad en su país. La mayoría de las veces tendrá hambre; y sus hijos, también. Esta situación, es la realidad de una de cada seis personas en el mundo.

La mayoría de estas personas vive en Asia y en el Pacífico, mientras que África subsahariana tiene la mayor prevalencia de hambre, con más de un tercio de la población subnutrida. Hay muchos ejemplos y Tanzania es uno de ellos. En este país africano, la temporada de lluvias se está reduciendo con los años (de seis a tres meses).  Hasta 2003, concretamente, se sucedieron años de dura sequía en esta zona: “El cambio climático se nota en la productividad de la tierra. La gente trabaja muy duro pero la cosecha que se obtiene no es suficiente. Los impactos también se aprecian a nivel social. Muchos jóvenes, después de terminar la educación primaria, intentan dedicarse a la agricultura pero tras unos años sin conseguir productividad deciden marcharse a las ciudades, como Dar es Salaam, pero como no tienen una buena educación terminan en la calle y muchas chicas deben prostituirse“ explica Gladys Lamick en una entrevista que nos ha facilitado Intermon Oxfam.

Gladys Lamick trabajando sus tierras en Manchali, Tanzania, noviembre de 2009 (Foto de Pablo Tosco, Intermon Oxfam)

Gladys Lamick tiene 35 años y vive en Manchali desde que nació, en la región tanzana de Dodoma. Tiene tres hijos, de veinticinco, diecinueve y diez años. En 2003, coincidiendo con la dura sequía, su marido los abandonó a los cuatro y pasaron épocas de mucha hambre.

¿Pero es posible erradicar el hambre del planeta? Según Jeffrey Sachs, director del Proyecto Milenio de las Naciones Unidas, somos la primera generación que puede eliminar la pobreza. Sin embargo, a cinco años de cumplir la fecha para la cual se pretenden reducir a la mitad la proporción de personas que pasan hambre entre 1990 y 2015, estamos muy lejos de conseguir estos objetivos. Al margen del debate sobre cuál es la manera más eficiente de sacar de la pobreza, a los más pobres de los pobres, protagonizada por el propio Sachs y, el también economista y norteamericano, William Easterly; hablaremos sobre cómo los avances científicos y tecnológicos pueden contribuir al logro de estos objetivos.

Satélites para luchar contra el hambre

Gladys no lo sabe pero un satélite europeo sobrevuela Tanzania. Los satélites son instrumentos muy útiles en la lucha contra el hambre y es que las imágenes obtenidas por teledetección, o control remoto por satélites, permiten predecir regiones del planeta con riesgo de padecer inseguridad alimentaria. Para ello, el Centro de Investigación Conjunta (JRC, en sus siglas en inglés: Joint Research Center) de la Comisión Europea, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET) están trabajando en mejorar la tecnología aplicada a este tipo de sistemas de observación.

“Nosotros somos especialistas en la observación por satélite de la producción agrícola y ahora estamos desarrollando modelos de crecimiento vegetal pero, además, tenemos colegas que se ocupan de las dimensiones socioeconómicas, como pueden ser los precios de los mercados y la lucha contra la pobreza”  nos explica Felix Rembold, investigador de la unidad MARS (Monitoring Agricultural Resources) del JRC, desde su sede en Ispra, Italia. Este 2010, además de mejorar las herramientas que proporcionan valoraciones objetivas sobre la situación alimentaria, los investigadores pretenden doblar el número de países observados en tiempo real.

Imagen obtenida con el satélite SPOT VEGETATION durante los 10 primeros días de 2010. Se muestran grandes regiones de nieve en la región del hemisferio norte y una actividad intensa de vegetación en el hemisferio sur (unidad MARS del JRC)

Aunque hace 30 años que los investigadores trabajan con satélites, al principio la calidad de las imágenes obtenidas era baja. Pero en los últimos años los avances tecnológicos están permitiendo obtener datos con mayor resolución espacial. “Las imágenes muestran el estado de la vegetación y permiten advertir cómo afectan las condiciones climáticas a su desarrollo, además de mejorar los modelos sobre el crecimiento de las cosechas y los pronósticos de la producción agrícola en etapas tempranas” comenta el mismo investigador en otra entrevista para la plataformasinc.

Estos esfuerzos, por parte de la comunidad internacional, son la respuesta a la crisis alimentaria mundial que tuvo lugar entre 2007 y 2008 y que incrementó de forma significativa el número de países que sufren inseguridad alimentaria. 1.020 millones de personas pasan hambre en nuestro planeta, según el 10º y último informe de la FAO publicado en 2009. Esta cifra es el valor más alto desde 1970 (primer año desde el que se dispone de estadísticas comparables).

Nueva Clasificación Integrada en Fases: un “lenguaje común”

Pero los esfuerzos han ido aún más lejos y para ello, siete organizaciones internacionales acaban de establecer, en común, un sistema de clasificación único, que ha sido reconocido internacionalmente, y que facilitará a los gobiernos, las agencias y los donantes la toma de decisiones frente a situaciones de crisis alimentarias. El sistema se llama Clasificación Integrada en Fases (CIF) (IPC-System, en inglés: Integrated Phase Classification) y entre las organizaciones participantes se encuentran el JRC, la FAO, FEWS NET, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas y las organizaciones Care International, Save the Children (Reino Unido y los Estados Unidos de América) y Oxfam Gran Bretaña.

“La mayor ventaja que ofrece este sistema es que consiste en una interpretación común de la seguridad alimentaria”, enfatiza Rembold sobre la CIF. Una de las mayores dificultades en la valoración de una crisis alimentaria, hasta ahora, era que dependía, en gran medida, de los diferentes informes y análisis proporcionados por los diferentes centros y las instituciones competentes.

Así es que la CIF ofrece un marco de análisis, un conjunto de instrumentos y protocolos, que integra y aprovecha los datos, que le son proporcionados por los diferentes sistemas de información de los países. Es decir, recoge todo tipo de informaciones relevantes como la observación por satélite (en la que trabaja el JRC), datos climáticos, modelos de cultivo y análisis estadísticos, entre otros, y los traduce a un “lenguaje común”, que definirá la naturaleza y severidad de una crisis; así como las políticas y respuestas más apropiadas y eficaces ante la inseguridad alimentaria. “Estas informaciones serán entregadas a los políticos y donantes y para ellos será más fácil poder tomar una decisión; y por lo tanto, actuar más rápido”, añade el investigador.

En cuanto al tiempo de predicción de una situación de inseguridad alimentaria, Rembold se muestra prudente. Es relativamente difícil realizar una tesis con mucha antelación puesto que no sólo depende del clima y del estado de las cosechas. “Desde el punto de vista climatológico, podríamos hacer pronósticos con dos y tres meses de antelación. Sin embargo, estos deben de ser comparados con otros muchos factores, como pueden ser el acceso a y la disponibilidad de alimentos, los medios de subsistencia, los conflictos, el acceso al agua, la nutrición, etc.” De modo que el investigador cree que sería difícil hacer predicciones a más de tres meses.

El sistema de Clasificación Integrada en Fases fue desarrollado y utilizado, por primera vez, en Somalia; y ahora, se está aplicando en varios países del Cuerno de África, África occidental y austral, y Asia. Tanzania se encuentra, precisamente, entre los países que han recibido capacitación técnica para la clasificación integrada de la seguridad alimentaria.

Inversión, ciencia, educación

La vida de Gladys, casi una década después, es radicalmente opuesta a la de 2003. “Mi vida ha cambiado gracias al programa de medios de vida (financiado por Intermon Oxfam). Eso hace que tenga más seguridad alimentaria que otras personas. Además, mis ingresos también han aumentado en comparación a años anteriores. Ahora crío cerdos y si no tengo cosecha suficiente en mi campo, puedo venderlos y comprar comida. Además, he aprendido a procesar semillas de girasol para hacer aceite que también puedo vender”, explica sonriente. Gladys se ha comprado más acres de tierra  gracias a los ingresos que genera a través de los distintos proyectos en los que participa y, además, se ha podido construir una casa nueva y sus tres hijos están recibiendo educación.

Quizá el de Gladys, sea un ejemplo de que el enfrentamiento entre Easterly y Sachs, sobre si la ayuda al desarrollo sirve de algo o no, no tendría por qué ser tan contrario. De hecho, es fundamental contar con una buena inversión para crear la base de una estructura (modelo Sachs) pero para que arraigue se necesitan equipos dentro del país (modelo Easterly) y para eso hay que invertir en capital humano, en educación, en formación, en desarrollo sostenible… como en este caso concreto. Los expertos opinan que los sistemas de previsión por satélite adquirirán cada vez más importancia en los próximos años. Y es precisamente aquí, donde la ciencia desempeña un papel destacado, desarrollando metodologías y herramientas, que ofrecen una valoración sólida y consensuada, y que a disposición de los gobernantes permitirán a las organizaciones humanitarias actuar de forma más eficaz. De ser así, y con el esfuerzo de todas las partes, el caso de Gladys se sumará al de otras mujeres,  niños y hombres que consigan salir de la inseguridad alimentaria en la que se encuentran.

El derecho a la alimentación es un derecho básico que se recoge en el artículo 25 de la Declaración de Derechos Humanos. Sin embargo, casi una sexta parte de la población mundial (una cifra que supera la suma de los habitantes de Estados Unidos, Japón y la Unión Europea juntas) se acuesta cada noche con la incertidumbre de qué comerán al día siguiente. A esta incerteza acerca de cuándo comerán de nuevo se llama inseguridad alimentaria.

4 comentarios

  1. Estimados colegas de Periodismo Humano:
    Lo primero es felicitarles de corazón por la iniciativa. Les deseo toda la suerte del mundo.
    Lo segundo, sin embargo, es una pequeña crítica, que espero la reciban como constructiva. Acabo de leer esta nota y, honestamente, no veo nada de humanismo en sus líneas. La historia de Gladys se ve metida con calzador, ni siquiera fue algo reporteado por la redactora, sino recibida enlatada de parte de una ONG. El grueso de la nota es la explicación de una tecnología. ¿Esto es el periodismo humano que con tanto interés han anunciado? De este tema hubiera esperado un relato más humano y vivencial de Tanzania, que la nota me permitiera por unos minutos conocer a una familia y sus problemas, pero acá las personas parecen nomás la excusa para hablar sobre una ONG. Se asemeja más a una artículo escrito por el personal de comunicaciones de Oxfam que una nota de una periodista independiente. Gracias. Y sigan adelante. Eroriz ikasten da oinez.

    • pues ese al psoe no tiene güevos para cogérselos. Ni siuqiera para identifcarse.¡viva don ricardo!

  2. Ata

    Pues a mí me ha gustado. Lo humano subyace más allá de las experiencias de esta u otra familia. Cada vez me gusta más este periodismo humano del que hacen gala. Sigan así.
    Un saludo
    José Jiménez (Las Palmas de Gran Canaria)

  3. Maria

    La situación precaria que tenía Glady es la situación de hambruna que se vive en el mundo. ¡Qué más humano puede ser que 1.020 millones de personas pasen hambre en nuestro planeta!

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