Cooperación

“No hay más dinero, pero tenemos que seguir adelante y desarrollarnos”

Alimentos locales para la población local. Esa es la idea que promueve Sharaka ("compartir", en árabe), una organización palestina que se propone llevar a la mesa familiar alimentos producidos en los territorios ocupados

(AP Photo)

“Nuestra visión es una Palestina con soberanía alimentaria, donde seamos independientes desde el punto de vista económico, usemos nuestros recursos y nos apoyemos los unos a los otros”, explicó una de las fundadoras de Sharaka, Aisha Mansur.

“Eso lleva a un desarrollo humano. Es la economía local”, remarcó.

“A través de una economía local y un sistema alimentario se construye una comunidad”, añadió.

Ha sido una lucha convencer a los agricultores y a los consumidores de participar en este tipo de iniciativas, reconoció Mansur, pero Sharaka logró organizar varios mercados exitosos en la central ciudad cisjordana de Ramalah, y sigue creando conciencia sobre los beneficios de alimentarse con la producción local.

Además, la organización se niega a recibir asistencia internacional para llevar a cabo su trabajo.

“Es un sistema roto. Todo el mundo lo sabe”, dijo Mansur , refiriéndose al modelo de desarrollo y de asistencia internacional. “La gente que conoce a su comunidad y quiere desarrollarse, hace cosas. Así es como se desarrollan, así ocurre el desarrollo. No es algo impuesto desde afuera”, insistió.

Los palestinos están entre las personas que más asistencia internacional reciben, por habitante, en el mundo. Desde 1994, cuando llegaron los primeros suministros de ayuda a los territorios ocupados, hasta la actualidad, se han gastado miles de millones de dólares por este concepto.

La primera conferencia de donantes para ofrecer ayuda económica al pueblo palestino se realizó en octubre de 1993 en Washington, poco después de la firma de los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación Palestina (OLP).

“Los Acuerdos de Oslo entre la OLP e Israel no tendrían éxito, ni siquiera funcionarían ni durarían, sin el apoyo de los donantes”, indicó Samir Abdullah, director general del Instituto de Investigación de Política Económica de Palestina, con sede en Ramalah.

Abdullah dijo a IPS que las restricciones impuestas a los palestinos en el marco del tratado incluyeron recibir solo 80 por ciento de la recaudación de impuestos, y solo tener acceso a 40 por ciento del territorio de Cisjordania, lo que limitó su crecimiento y su desarrollo.

Eso obligó a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), organización administrativa creada por los Acuerdos de Oslo, a depender de la asistencia de donantes internacionales para cubrir su presupuesto.

“Ahora la ANP tiene una deuda de 3.000 millones de dólares”, indicó Abdullah. “Si esto sigue así, colapsará. Si los donantes no se hacen cargo, la ANP no podrá hacer frente a la deuda”, alertó.

En el Plan Nacional de Desarrollo para 2011-2013, la ANP declara: “La recaudación impositiva y fiscal, en aumento por el crecimiento económico impulsado por el sector privado, y la mejor gestión de los fondos reducirán de forma progresiva la dependencia en la ayuda externa”.

Pero los esfuerzos para independizar a la ANP de la asistencia extranjera han resultado infructuosos.

Los donantes internacionales prometieron 1.000 millones de dólares a la ANP en 2011 y en 2012 para mantener a flote la organización. Pero cuando esa suma no fue transferida, el gobierno palestino sufrió la mayor crisis financiera de su historia.

Ahora no puede pagar con regularidad los salarios del sector público, y el presidente Mahmoud Abbas suele lanzar llamados de emergencia a los estados árabes en busca de apoyo para su gobierno con sede en Ramalah.

La ayuda internacional a los palestinos también tiene mucho que ver con la situación política y, principalmente, con las negociaciones de paz con Israel.

Después de que la ANP logró mejorar el estatus de Palestina dentro del sistema de la Organización de las Naciones Unidas, Israel amenazó con retener 100 millones de dólares de la recaudación impositiva por mes, y Estados Unidos congeló 500 millones de dólares de su ayuda.

Según Nora Lester Murad, voluntaria y una de las fundadoras de la organización Dalia, la asistencia internacional tuvo impactos positivos en la sociedad palestina, como la creación de empleo y la construcción de instituciones básicas, pero sobre todo fue destructiva.

“No contribuyó a la defensa de los derechos del pueblo palestino. Tampoco ayudó a resolver el conflicto palestino-israelí y, voy a ir más allá y decir que socavó los derechos humanos y dificultó o impidió la resolución del conflicto”, dijo Murad, cuya organización se dedica abogar por un mejor uso de los recursos locales y para que el desarrollo sirva a los objetivos de los palestinos.

“Pero las cosas están cambiando. Hay un gran descontento, y ese es el primer paso. También hay discusiones, y ese es un segundo paso”, subrayó.

El desempleo en los territorios ocupados afectó en 2012 a poco menos de 23 por ciento de la población económicamente activa. En Cisjordania, el desempleo juvenil llegó a 30 por ciento a mediados de ese año, y en la franja de Gaza a 53 por ciento.

Itiraf Remawi, director general del Centro Bisan de Investigación y Desarrollo, con sede en Ramalah, dijo  que los palestinos deben regresar a un sistema de desarrollo más sostenible, similar al que caracterizó a la primera Intifada (levantamiento popular) de fines de los años 80.

“El desarrollo debe tener un enfoque que facilite y refuerce la existencia y la resistencia palestina contra la ocupación” israelí, explicó Remawi.

Ese “modelo era mucho, mucho mejor. Hubo trabajo voluntario y colectivo. Hubo una relación muy estrecha entre la gente. Lucharon contra la ocupación sin diferencias entre unos y otros ni entre afiliaciones políticas. Había una agenda común”, subrayó.

Según Mansur, ese es exactamente el tipo de comunidad que Sharaka se propone construir.

“¿Cómo se puede construir un país independiente cuando la gente está en una situación en la que debe lucha para llevar el pan a la mesa?”, preguntó.

“Este momento crítico debe servir para que la gente se diga: ‘Bueno, no hay más dinero. Tenemos que pensar en una forma de seguir adelante, estemos bajo ocupación o no, y desarrollarnos’”, añadió.

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