Cooperación

Mujeres luchando por otra Honduras

Honduras está dando que hablar estos días. Países miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) como Bolivia, Ecuador y Brasil afirman que si acude el presidente hondureño, Porfirio Lobo, a la Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, que tiene lugar el 17 y 18 de mayo en Madrid, no asistirán.

Esta amenaza se debe a que consideran ilegítimo este gobierno, resultado de las elecciones celebradas el pasado mes de noviembre, a raíz del golpe de Estado a Manuel Zelaya que tuvo lugar el 28 de junio de 2009. Mientras esto ocurre, el gobierno de Lobo insta a una comisión de la Verdad que investigue lo ocurrido, pero esto, lejos de aminorar las protestas, las recrudece y se topa con la oposición de los partidarios del depuesto presidente Zelaya.

Esta inestabilidad política se considera una amenaza para la continuidad de los proyectos de cooperación en este país en vías de desarrollo. “Las instituciones que financian estas iniciativas, ven con preocupación el riesgo a que no se ejecuten o haya retrasos en los plazos previstos”, explica Ceren Gergeroglu, responsable de Asamblea de Cooperación Por la Paz , en la delegación de Aragón.

Con el motivo de “tranquilizar”, de explicar que Honduras necesita más que nunca esas ayudas para el desarrollo, están en España estos días, Paulina y Mirna, dos mujeres que forman parte de la Asociación Hondureña de Mujeres Campesinas (AHMUC).

Ambas representan esta asociación que reagrupa a más de cinco mil mujeres con un común denominador: campesinas de bajos recursos y con varios hijos que muchas veces están a su cargo, porque “es frecuente que el hombre abandone la familia, con lo que la mujer se queda desamparada y debe asumir ser la cabeza de familia”, apuntan estas mujeres, que luchan para que a través de AHMUC, haya programas que impulsen un desarrollo en estas áreas rurales.

Mirna sabe bien lo que significa el abandono, el machismo, el maltrato. Vive con sus cuatro hijos en el municipio hondureño de Danli, perteneciente al departamento de El Paraíso, situado en el noroeste del país. “Recuerdo que antes no estaba acostumbrada a expresar mi opinión, iba a las reuniones de la escuela de mi hijo pequeño y apenas decía nada, ni decidía. Ahora en cambio, he recibido capacitación y soy la que acompaña a las mujeres víctimas de violencia doméstica y les ayudo a pedir ayuda”, explica.

Tanto ella como Paulina trabajan para velar por los intereses de la mujer campesina, para que se reconozcan sus derechos humanos, conseguir que esté representada a nivel institucional, promover programas de desarrollo. Un ejemplo de ello son los microcréditos, que están permitiendo en la actualidad la puesta en marcha de modestos negocios como pequeñas tiendas de consumo o alguna empresa de frutos secos. La ONG que está detrás de estas iniciativas y que se convierte en intermediaria para conseguir fondos es la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP).

Mirna y Paulina estuvieron en Zaragoza y otras ciudades españolas, a través de ACPP.

Mirna y Paulina son mujeres campesinas propietarias de extensiones de tierra muy pequeñas, “ya que el 80% de la tierra de Honduras está en manos de unas siete familias poderosas, que dirigen el estado. La tierra es bastante productiva, pero la mejores tierras están en manos de estas familias de terratenientes, que condicionan su apoyo político al presidente a cambio de que no se las quite”, explica Paulina, que cuando se le pregunta qué opina del actual presidente Porfirio Lobo, no duda en recordar que se ha identificado con la causa de los campesinos pobres, pero “está presionado por estas familias y si no cede a sus intereses, puede haber otro golpe de estado. Así que no hará nada”.

Una mirada cansada, triste, pero con ganas de luchar. Esta es la sensación que transmiten estas dos mujeres que desean parar la emigración de los jóvenes a Estados Unidos, que parece ser la única esperanza de una vida mejor en este país, que a raíz del Huracán Match (1998) se sitúa en la lista de países con más bajo crecimiento económico. Las estadísticas no dan visos de mejorar: De cada 10 hondureños, 6 viven en la pobreza, de los que 4 son indigentes o no cuentan con lo más básico. En las áreas rurales, la educación se convierte en una posibilidad de escapar de esta miseria, “pero los chicos aquí sólo pueden estudiar la Primaria, el resto es imposible. Estamos ahora con ilusión, porque gracias a la cooperación, contaremos con un centro de formación para jóvenes”, asegura Paulina, remarcando que lo que quieren es evitar la migración, y el camino para ello es crear empleos a través de microcréditos. Deseamos que las nuevas generaciones puedan seguir trabajando en el terrero. “Deseamos seguir en la lucha por la tierra, por lo que es nuestro”, sentencian.