ocultar/mostrar banner

Cooperación

“Muchos no entienden qué es la sociedad civil porque nunca han vivido en una sociedad abierta”

Hablamos con el periodista y activista egipcio Sherif Mansour quien fue imputado por el gobierno en el caso contra las ONG extranjeras por financiación ilícita, recibir fondos del extranjero y operar en una organización extranjera sin licencia.

Sherif Mansour

Sherif Mansour (Cairo, 1979) emana la tranquilidad de quien ha lanzado los dados y ha aceptado el destino que le depare la suerte.  Comprometido con la democracia desde una edad temprana, trabajó como periodista para la Asociación Al-Tanweer y observador electoral para el Centro de Estudios para el Desarrollo Ibn Khaldun hasta que, debido a los riesgos que implicaba su trabajo como activista, decidió emigrar a los Estados Unidos en 2006. Desde allí promovió la causa de los derechos humanos y apoyó a las organizaciones de la sociedad civil en el norte de África y Oriente Medio como responsable de la ONG Freedom House para la región. Tras descubrir que había sido imputado por el caso de las ONG, decidió regresar a Egipto para afrontar los cargos de financiación ilícita, recibir fondos del extranjero y operar una ONG sin licencia que pesan contra él y otros 42 empleados de distintas ONG extranjeras.  Fue arrestado nada más aterrizar en el aeropuerto internacional de El Cairo en Junio. Tras vivir en un limbo legal durante meses, Sherif aguarda a que se el juicio se reanude. Está convencido de que ganará, porque las acusaciones carecen de fundamento legal y obedecen a motivos políticos. Se enfrenta a una pena de hasta seis años de cárcel.

El juicio contra los 43 trabajadores de ONG ha levantado ampollas en las relaciones diplomáticas entre Egipto y los EEUU. Todo comenzó el 29 de Diciembre de 2011, cuando las fuerzas de seguridad egipcias asaltaron las oficinas de 17 ONG que recibían financiación extranjera, entre las que se encontraban Freedom House, el Instituto Internacional Republicano, el Instituto Nacional Demócrata, y la Fundación Konrad Adenuaer.  Detrás del asalto estaba la entonces ministra de cooperación internacional y planificación, Fayza Aboul-Naga, que quería ejercer un mayor control sobre los fondos que los EEUU destinaban a organizaciones locales.

La redada enfureció a la administración estadounidense, que amenazó con cortar la ayuda militar (estimada en unos 1,300 millones de dólares) a Egipto si los cargos no eran retirados de inmediato. La junta militar egipcia, temerosa de que una retirada fuese interpretada por la opinión pública egipcia como una prueba de su sumisión a los EEUU, tensó la cuerda para salvar la cara. Sin embargo, en Febrero de 2012, la prohibición de abandonar el país fue levantada por sorpresa y los acusados estadounidenses pudieron abandonar Egipto tras depositar una fianza de 5 millones de dólares. Esta decisión desencadenó una tormenta política en Egipto y la junta militar fue acusada de ceder a la presión estadounidense e interferir en el trabajo del poder judicial.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado en Egipto.  El candidato de los Hermanos Musulmanes, Muhammad Mursi, ganó las primeras elecciones presidenciales democráticas en la historia de Egipto y formó un nuevo gobierno; el Mariscal Hussein Tantawi fue destituido como ministro de defensa, y los terroristas islámicos se han mostrado muy activos en la Península del Sinaí.  Sin embargo, el proceso continúa.  El juicio, que, según Sherif, marcará un antes y un después en la manera en que el gobierno tiene de tratar a la sociedad civil, se reanudará en Diciembre.

 Pregunta.  Freedom House y el Departamento de Estado pensaron que el caso de las ONG se esfumaría por sí solo si usted adoptaba un perfil bajo y le aconsejaron no regresar a Egipto. ¿Por qué decidió volver?

Sherif Mansour. Por varias razones. Una de ellas es que existe la posibilidad de que el caso quede en nada, pero si no lo hace, el mayor riesgo para mí es que se me juzgue in absentia y no pueda regresar a Egipto, mi patria, durante una larga temporada. Creo que por el mero hecho de estar aquí, he conseguido que el caso no gire únicamente alrededor de las relaciones egipcio-estadounidenses, ya que regresé a Egipto a pesar de las recomendaciones y la postura oficial de mi organización y del Departamento de Estado. Tras la deportación de los americanos involucrados en el caso, la única foto que fue publicada mostraba a cuatro americanos atravesando la aduana del aeropuerto de Cairo. Aquello fue un crudo despertar para los egipcios. Tenían tantas expectativas sobre cómo sería Egipto después de la revolución, que la foto les hundió.  Sintieron que Egipto era una república bananera, que los Estados Unidos podían hacer lo que quisieran, cuando quisieran, y cómo quisieran. Eso es lo que verdaderamente quiero cambiar con respecto a este caso, quiero poner en cuestión esa imagen para que, cuando llegue el momento y el juez declare a todo el mundo inocente, la gente entienda que somos inocentes porque el caso fue fabricado y no porque el gobierno estadounidense interfiriese en los asuntos internos del gobierno egipcio. Con mi regreso, estoy diciendo que soy inocente y que estoy dispuesto a asumir riesgos para probar mi inocencia y asegurarme de que la gente entiende el caso tal cual es y no como el gobierno quiere que lo vea.

P. La exministra de cooperación internacional y planificación, Fayza Aboul-Naga, que supuestamente promovió la campaña contra las organizaciones de la sociedad civil, no forma parte de la actual administración. ¿Cómo afectará esto al caso? ¿Qué pretendía conseguir con este caso?

S.M. En su día, Aboul-Naga fue una ministra un tanto peculiar. Ocupó su cargo durante más de 10 años, era íntima de Mubarak y su mujer y, tras la caída de Mubarak, fue una estrecha colaboradora de la junta militar. Esto le dio voz y voto en cómo las cosas se desarrollaban en Egipto. Era más que una ministra. Tenía aliados dentro y fuera del gobierno a los que podía movilizar a voluntad. Eso es lo que hizo en el caso de las ONGs. Aboul-Naga controlaba toda la ayuda exterior que llegaba a Egipto y decidía cómo se distribuía. A los gobiernos extranjeros no les interesaba quién recibía el dinero en Egipto. Sin embargo, cuando los americanos decidieron entregar parte de los fondos directamente a las ONGs sin su supervisión y sin el consentimiento del gobierno egipcio, se sintió personalmente atacada y es por ello que empezó a atacar a los EEUU y a las ONGs y a pedir al gobierno que actuase. En aquel momento, el pasado verano, la junta militar y el gobierno estaban sometidos a una gran presión, porque los egipcios sentían que habían sido incapaces de cumplir con las promesas de la revolución. Así creció la oposición contra la junta militar. Parte del gobierno comenzó a echar balones fuera y a decir que no habían fracasado, que había gente que estaba interfiriendo, creando problemas y caos y retrasando el progreso del país.

P.Pero ahora que el gobierno ha cambiado, ¿tiene Aboul-Naga algún tipo de influencia sobre el gobierno de los Hermanos Musulmanes?

S. M. No, pero sus aliados siguen ahí. Cuando empezó el caso, Aboul-Naga reunió a algunos de sus aliados en el poder judicial, las fuerzas de seguridad, y los medios para darle relieve al caso. Presionó al ministro de justicia y al gobierno para que formasen una comisión de investigación encabezada por dos jueces de la seguridad del estado, uno de los cuales había fabricado el caso contra el doctor Saad Eddin Ibrahim, un líder la sociedad civil y mi mentor, en 2002. Como digo, reunió a gente con experiencia en fabricar casos contra la sociedad civil. Junto a sus amigos de la seguridad del estado, Aboul-Naga compiló un montón de pruebas fabricadas contra nosotros. Empezaron a difundir propaganda anti-americana y anti-extranjera para decir que Egipto estaba siendo atacado y que debíamos temer las conspiraciones extranjeras y a los aliados de la CIA. Lo que terminó sucediendo fue que los gobiernos de Egipto y EEUU, avergonzados, decidieron llegar a un acuerdo por el que los activistas extranjeros serían deportados y el gobierno egipcio podría continuar con el caso para evitar la vergüenza de ser acusado de no defender la soberanía de su país.

P. Está atrapado en una tenaza, ya que usted tiene doble nacionalidad egipcio-americana.

S.M. Una de las cosas que creo me convierte en un caso especial es que hasta el 27 de Marzo sólo era egipcio, pero el 27 de Marzo me convertí también en ciudadano americano. Me siento dividido entre la lealtad a mi patria, los deseos del gobierno de mi nuevo país, y mi compromiso con la democracia. Esta es la decisión que tomé. Este caso sólo puede abordarse desde dentro y para que tenga éxito es necesario dejar de verlo como un problema bilateral entre Egipto y EEUU y empezar a tratarlo como lo que realmente es: un problema de falta de libertad de asociación y derechos de las ONGs a operar en Egipto. Para conseguir esto, he decidido usar únicamente mi pasaporte egipcio y no buscar apoyo de los EEUU. El resultado de este caso influirá en Egipto y no en los EEUU ya que hay una sociedad civil egipcia y unos derechos humanos que han de ser protegidos al margen de los intereses y de las organizaciones americanas.

P. Muchas cosas han cambiado en Egipto desde que se inició este caso: Mursi fue elegido presidente, se ha formado un nuevo gobierno, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) perdió influencia con la destitución del Mariscal Tantawi, y terroristas islámicos atacaron una comisaría de policía en el Sinaí. El caso de las ONGs, ¿corre el riesgo de pasar a un segundo plano y no captar la suficiente atención pública?

S. M. Sí. El caso ya no ocupa las primeras planas como solía, porque, en efecto, ahora tenemos un gobierno democráticamente elegido que es más responsable que el anterior y que tiene que conseguir muchas cosas, por lo que no creo que vaya a involucrarse en juegos políticos tan temprano. Mursi ha cumplido sus 100 primeros días como presidente y todo el mundo está analizando lo que hace bien y lo que hace mal, por lo que no creo que quiera malgastar su tiempo y sus energías en un juicio tan politizado.

Sin embargo, hay una cosa que no ha cambiado: el poder judicial como institución y el estado de derecho en Egipto, que, creo es un grave problema y que afecta a este caso, porque el poder judicial en Egipto está politizado, es débil y se está debilitando aún más durante la transición y necesita ser reformado. Sea cual sea el resultado de este caso, la vulnerabilidad del poder judicial seguirá siendo un problema que puede determinar el resultado de nuestro caso.

P. ¿Cree que su presencia en el juicio cambiará sustancialmente el modo en que el gobierno egipcio tratará a la sociedad civil en el futuro?

S. M. El gobierno lanzó un ataque frontal contra la sociedad civil en los medios de comunicación y mucha gente creyó estas acusaciones porque la sociedad estaba desinformada y no sabía lo que era la sociedad civil. Cuando hablo con la gente de a pie, muchos de ellos no entienden qué es la sociedad civil porque nunca han vivido en una sociedad abierta donde las organizaciones de la sociedad civil y los activistas forman parte del sistema. La gente no entiende el concepto de ciudadanos dispuestos a cambiar las cosas a través de sus actos, el concepto de organización independiente. Han vivido en un sistema totalitario y faraónico durante mucho tiempo y no lo entienden. Creo que todavía hay una oportunidad para cambiar esa visión negativa y eso es lo que estoy intentando con mi trabajo, con mi regreso: hacer entender a la gente que la lucha contra la tortura, contra la discriminación de la mujer y de las minorías religiosas son causas que también puede ser defendidas por voluntarios, organizaciones e individuos.

Si hubiese una condena, al gobierno le resultaría mucho más fácil detener a las ONG, difamarlas, y debilitar el progreso de la sociedad civil en Egipto. Si este caso se resolviese positivamente, la sociedad civil se sentiría más legitimada en su trabajo y le sería más fácil llegar a sus beneficiarios, ganar credibilidad dentro de la comunidad, y unir a la gente contra la opresión gubernamental.

Una victoria crearía un escenario un poco más esperanzador para el futuro de la transición egipcia, ya que los gobernantes entenderían que están siendo vigilados, que gobernar no se trata sólo de tener el poder, de competir con otros partidos políticos, o ganar escaños, sino de lo que ocurre cuando ya tienen los escaños y de quién va a comprobar que sean responsables de sus actos hasta las próximas elecciones.

Nos estamos dirigiendo a una nueva era en Egipto. Por primera vez en la historia, tenemos un gobierno y un presidente islamista y esto lleva aparejado muchos retos.  Uno de ellos es la posibilidad de que el gobierno se haga con todo el poder y cambie las instituciones y las normas sociales como sucedió en Irán después de la revolución o en Pakistán con la influencia de los militares. Creo que Egipto se enfrenta al mismo dilema: convertirse en Irán, Pakistán, Turquía o algo mejor que Turquía. Eso dependerá de muchas cosas. Una de ellas es la capacidad de la sociedad civil para defender los derechos individuales y las libertades de las minorías religiosas y de la mujer y de mantener la libertad de asociación y de expresión de todos. Esas son las mejores garantías para prevenir que los islamistas o una alianza entre los islamistas y los militares se hagan con todos los resortes del poder en Egipto.

P. ¿Teme que la apatía y el deseo de acabar con la incertidumbre y la inestabilidad acaben por dañar la lucha por la democracia en Egipto?

S. M.  Es un temor legítimo, pero me sigue sorprendiendo que esto no haya sucedido todavía. Mucha gente decía que las manifestaciones perderían fuelle después de un mes, dos meses, tres meses, un año. Pero cada vez que ha habido una buena razón para manifestarse, la gente ha salido a la calle a protestar y esa el la mejor garantía de que las cosas no irán a peor, porque la gente está interesada en lo que pasa. Ese, creo, es uno de los grandes éxitos de la revolución, que a la gente le importa cómo se gestiona este país. En algún momento, esto cambiará y las cosas estarán más organizadas. Se están formando cada vez más partidos políticos, coaliciones y todo esto acabará por reemplazar la necesidad de manifestarse en público. Todo estará más estructurado, como en cualquier sociedad democrática, La gente será más activa y estará más involucrada y no habrá necesidad de manifestarse cada viernes.

Más info sobre

, ,

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

3 comentarios

  1. [...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos   “Mucha gente no entiende qué es la sociedad civil porque nunca han vivido en una sociedad abierta… periodismohumano.com/cooperacion/mucha-gente-no-entiende-…  por Torregus hace [...]

  2. [...] Sigue leyendo esta noticia de Periodismo Humano en “Muchos no entienden qué es la sociedad civil porque nunca han vivido en una sociedad abierta” [...]

  3. Diamante

    Gracias a gente como Mansour, que decidió quedarse en el momento que su país de origen lo necesitaba, la sociedad avanza y se va organizando, va encontrando caminos para asentar sus derechos y gracias a periodistas como el que hace la entrevista (Delgado Culebras)el periodismo va más allá de la noticia inmediata, se hace periodismo comprometido,periodismo humano.

Deja un comentario

En periodismohumano queremos que los comentarios enriquezcan el debate o la noticia. Por eso hay unas normas de decoro a la hora de comentar. Comenta sobre contenido que acabas de leer y evita el abuso de mayúsculas. Si tu texto tiene varios enlaces, puede que tarde un rato en aparecer. Los comentarios son libres y abiertos pero eliminaremos toda referencia que consideremos insultante o irrespetuosa