Cooperación

Mariposas

La vitoriana Begoña López lleva más de una década trabajando por la integración de discapacitados físicos e intelectuales de Bali

Begoña López aterrizó por primera vez en Bali hace ahora 13 años. Lo hizo como una turista más, con el único deseo de disfrutar del sol y las playas de este paraíso infinito. Como a otros muchos, el paso de los días la hizo sumergirse en la historia, la cultura y el encanto que desprende no sólo el país, también sus habitantes. Así, de vuelta en su Vitoria natal, decidió que tenía que volver a ese lugar mágico que para ella tenía aún muchas cosas por descubrir.

Dos nuevas visitas y un amor inesperado terminaron de cautivarla, hasta el punto de que un buen día decidió hacer las maletas para embarcarse en una aventura que cambiaría para siempre su vida. Así se escribe la historia de esta asistente social y auxiliar de enfermería guipuzcoana que en el año 2000 fundó en Bali la ONG Kupu Kupu (que significa ‘mariposa’ en indonesio), dedicada al apoyo, formación e inserción de discapacitados físicos e intelectuales.

Ellos son ahora para Begoña su pequeña familia balinesa, una singular tropa que ha ido creciendo en medio de numerosas tempestades. Especialmente duros fueron los primeros meses, cuando el proyecto se tambaleaba por falta de apoyos y por las reticencias de la propia comunidad local. De hecho, para lograr ayudas públicas esta heroína vitoriana tuvo que registrar ella misma la ONG e incluir a varios de sus amigos como miembros y representantes oficiales de la misma. Luego, fue de puerta en puerta hasta que finalmente logró que una se abriera, la del ayuntamiento de Llodio, quien concedió a la ONG su primera subvención. Fue en 2004.

Desde entonces y hasta hoy la entidad no ha dejado de salvar obstáculos, empezando por la escasa conciencia que existe en este país hacia las personas con discapacidad. Porque aquí no hay ayudas ni recursos. Cualquier problema físico o psíquico se considera un castigo que vino dado, producto del karma, que hay que admitir con resignación hasta el fin de los días.

Contra eso, y contra una sociedad machista, se rebeló durante años Begoña, quien recuerda cómo descubrió a decenas de jóvenes de entre 20 y 30 años que no habían salido nunca de sus casas, que no sabían leer ni escribir y aún así pintaban unos cuadros maravillosos a los que ni podían poner su nombre.

Poco a poco, con la única ayuda de quien es ahora su marido, Made, y merced a una nueva subvención del ayuntamiento de Vitoria, en 2005 iniciaron la construcción de un centro en Ubud y adquirieron un autobús adaptado para trasladar a los chicos. Con ello nacía oficialmente Kupu Kupu, que en la actualidad asiste a casi medio centenar de jóvenes discapacitados en dos centros, el segundo de los cuales se abrió en abril de 2010 en Bangli, al norte de Bali.

Junto a las dos residencias, Kupu Kupu también posee una tienda en Ubud, donde vende las tallas y objetos que realizan los alumnos de la escuela, verdaderos artistas de rostros simpáticos y corazón inmenso. Komang, Nengah, Kadek, Dewa, Alit, Erni o Yudi son algunos de estos jóvenes que un día vieron algo de luz al final del túnel en el que estaban condenados. Mariposas a las que alguien había negado la posibilidad de volar sólo porque un día se rompió la crisálida en la que nacieron.

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