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Cooperación

Mariposas entre los escombros

Michelle Garlin comenzó a padecer severos dolores de cabeza después del terremoto de Haití

El seísmo mató a 230.000 personas y dejó a 1,3 millones como ella sin hogar

“También tenía insomnio y, aunque no hubiera réplicas, pensaba que mi cama se estaba sacudiendo todo el tiempo”, dijo Garlin, desde su tienda en el campamento de desplazados de Bon Repòs al que ahora llama su hogar. Junto con otras 2.000 personas de cuatro campamentos diferentes, Garlin halló consuelo en el programa de salud mental Soulaje Lespri Moun, que significa “alivio para el espíritu”.

El programa está a cargo de asistentes legos en salud mental de la Universidad de la Fundación Aristide, capacitados por el psicólogo haitiano Jacques Solon Jean y un equipo de la estadounidense Universidad de Michigan liderado por Leah James, una trabajadora social en psiquiatría clínica y estudiante de doctorado en psicología y trabajo social. El proyecto está financiado por la Fundación Aristide para la Democracia, cuya misión, desde su creación en 1992 por el exiliado presidente Jean Bertrand Aristide, es posibilitar un cambio positivo en los sectores marginados, según Laura Flynn, integrante de la directiva.

Jean dijo que el programa no se inició inmediatamente. “Cuando los habitantes del campamento vieron que aparecían personas nuevas, esperaron otro tipo de asistencia, como alimentos y agua”, explicó. No estaban familiarizados con la asistencia psicológica. “Algunas personas se mostraron abiertas a esto, y otras no”, dijo Jean.

El programa fue diseñado por el equipo de la Universidad de Michigan y ajustado por Solon y los asistentes a las necesidades sociales y culturales de Haití. Se estructuró de tal modo que los participantes concurrieran a tres sesiones, pero se adaptó a quienes querían más. Las sesiones incluyen debates durante los cuales los asistentes explican que, aunque el terremoto fue un acontecimiento anormal, las reacciones como pesadillas, llantos frecuentes o gritos son normales. “Entonces les enseñamos cómo manejar la reacción”, dijo Pierre Anderson Soulouque, estudiante del segundo año de la universidad y miembro del equipo.

Los asistentes alientan a la población a compartir sus testimonios sobre el terremoto y a hablar sobre sus pérdidas y temores con el grupo, y lideran los ejercicios de relajación y meditación. “La mayoría de los ejercicios eran nuevos para la gente. Así que cuando hacíamos algunos como el ‘abrazo de la mariposa’, se preguntaban: ‘¿qué es esto?’. Pero cuando lo hacían por segunda o tercera vez, realmente lo disfrutaban y pedían para volver hacerlo”, relató Soulouque.

De hecho, cuando Soulouque invitó a esta periodista a participar en el proceso del abrazo de la mariposa durante las entrevistas con algunos participantes de Bon Repòs, entre ocho y 10 personas que habían estado observando a poca distancia rápidamente formaron un círculo. No había dudas de que no querían perderse la oportunidad de hacer ese abrazo. Soulouque nos invitó a cerrar los ojos, a doblar los brazos sobre el pecho y a darnos golpecitos en los hombros, alternando el derecho y el izquierdo. Teníamos que dejar atrás nuestras tensiones y centrarnos en un recuerdo hermoso. Cuando abrimos los ojos, estábamos todos sonriendo. “Aunque su mente esté dispersa, los ejercicios le harán centrarse en una cosa. Eso nos ayuda a sanar”, dijo Garlin, cuyos dolores de cabeza e insomnio han desaparecido. Las sesiones son puro juego e incluyen deportes.

Un ejercicio de adaptación del programa tiene que ver con la relación entre participantes y asistentes. El programa de Michigan no previó que los asistentes experimentaran un acercamiento personal a los participantes, dijo Jean. “Pero en Haití es diferente. Esperábamos que el asistente tuviera que acercarse a la gente para sentirse parte de una relación. Les explicamos a los asistentes que era posible que los participantes los llamaran y sintieran que podían confiar en ellos y hablar incluso después de la sesión”, explicó. Corresponde a los asistentes responder adecuada y terapéuticamente a lo que sea que les lleven los participantes, como la creencia de que el terremoto fue un castigo de Dios. Los asistentes han experimentado el sismo en carne propia, y varios de ellos mostraron síntomas de estrés post-traumático, destacó Leah James en una entrevista telefónica desde Michigan.

Las primeras semanas del programa fueron muy difíciles para Soulouque. “Tantas personas con las que una hablaba habían perdido tanto que una realmente sentía su duelo. A veces una persona empezaba a llorar y generaba una reacción en cadena, y una terminaba teniendo a ocho personas llorando en el mismo espacio”, dijo.

Para ayudar a los asistentes a mantener su salud mental, se reúnen semanalmente con Jean para realizar una evaluación y ejercicios similares a los que hacen con los participantes en el programa. El programa ya finalizó en Bon Repòs y los otros dos campamentos donde empezó, pero continúa en un cuarto campamento, mientras James y la Fundación Aristide se postulan a subsidios y buscan nuevos socios que apoyen su expansión.

En Bon Repòs, los ex participantes continúan una adaptación del trabajo. “Todos los domingos tenemos actividades desestresantes, donde niños y adultos vienen simplemente para contar chistes, bailar y hacer un poco de teatro. A veces traemos ejercicios de las sesiones. Realmente nos ayuda”, dijo Michelle Garlin.

Otros ex participantes, como Louis Charles, comparten técnicas de relajación con vecinos que no participaron en las sesiones. “El programa está establecido, así que puede continuar sin nosotros”, dijo Soulouque.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

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