Cooperación

“Hay personas obligadas a vender su cuerpo porque otras venden su alma”

Jaume Sanllorente en un momento de su intervención en el II Congreso "Lo que la verdad importa", en Zaragoza.

Fue en 2003 cuando un viaje turístico a la India cambió su vida. Lo que parecían unos día de descanso y turismo se convirtieron en el motor que le impulsó a dejar su trabajo como periodista especializado en economía, su casa en Barcelona y la que hasta entonces había sido su trayectoria vital.

Jaume Sanllorente al quedar impactado por la miseria de Bombay y conocer el caso de un orfanato que con 40 niños iba a cerrar por falta de presupuesto, decidió luchar para evitar que estos niños acabaran en la calle. Dejó su trabajo, vendió su piso, logró recaudar el dinero suficiente para evitar el cierre y decidió vivir en Bombay. En 2005 creó la ONG Sonrisas de Bombay.

Así lo explica en su libro “Sonrisas de Bombay” (Plataforma Editorial), contando el origen de esta oenegé que a día de hoy atiende a más 5.000 personas de escasísimos recursos en la India, con una plantilla profesional compuesta por 225 personas. También cuenta con proyectos en otros países como México.

Hace unas semanas  estuvo en Zaragoza, impartiendo una conferencia en el Congreso “Lo que de Verdad Importa”, ante unos 600 estudiantes universitarios y preuniversitarios, en un encuentro que persigue trasmitir a los jóvenes valores de compromiso y solidaridad, a través de experiencias  personales ejemplares de superación y humildad como Sanllorente o Irene Villa, periodista que a los doce años fue víctima de un coche bomba de ETA.

Tras su intervención, el periodista catalán concedió una entrevista a Periodismo Humano, donde hace un balance de estos últimos siete años desde que dio ese giro de 180 grados a su vida. También analiza su último libro, “La canción de la concubina”, novela de ficción que denuncia el drama de tráfico de personas para el negocio del sexo, centrándose en Filipinas.  Una cruda realidad que afecta a 161 países y mueve 31,6 millones de dólares, según datos de la ONU. Y en la que España está también implicada: “Es uno de los principales destinos de las jóvenes víctimas de trata para ejercer prostitución”.

Hablar de valores en tiempos de crisis parece necesario. ¿Cree que los jóvenes tienen ese impulso de seguir su ejemplo de abandonar una vida acomodada por una labor de compromiso con los que menos tienen?

Lo que deseo explicar a los jóvenes es que se aferren a los valores. Hay mucha tendencia a criminalizar  la riqueza, y no estoy de acuerdo porque a través del trabajo pueden ser conseguidos de forma muy honrada los bienes.  Con esos movimientos de “Ricos al paredón y arriba los pobres” no estoy de acuerdo y no tiene que ser así.

Simplemente creo que no se deben olvidar unos valores, una ética, tanto por parte de la gente rica como pobre. La crisis económica que estamos viviendo puede ayudar a concentrarnos en otros valores.

¿Cómo ve el panorama o inquietudes de los jóvenes españoles? ¿Cree que la actual situación de crisis financiera, de inestabilidad labora y de un alto porcentaje de desempleo les lleva a tener más miedo?

Creo que aquí hay  mayor falta de responsabilidad, creen que todo les vendrá dado. También es verdad que hay más miedo, mucho más. Creo que está bien ser prudente pero cuando la prudencia es estar paralizado, no es bueno.  El miedo es una enfermedad que paraliza. En mi caso, no me permito tener miedo. Me digo a mí mismo: “Jaume, no tengas miedo”.

El fundador de Sonrisas de Bombay junto a niños que reciben atención de esta oenegé.

Hace ya siete años desde que tras salvar el orfanato, entró el niño número 41, que usted ha asegurado que le cambió la vida, porque vio que podrían entrar más niños y decidió quedarse al frente de este orfanato. Hoy muchas personas viajan al tercer mundo, conocen proyectos, historias de vida, pero luego prosiguen con su vida. ¿Cómo fue el proceso que le impulsó a tomar la decisión de vivir en Bombay?

Simplemente lo que intenté e intento día a día es ser coherente con lo que pienso. Al ver esa realidad de la esclavitud de la pobreza, no me gustó. Es como si veo que mi habitación está desordenada, ¿de qué sirve quejarme? Mejor ordenarla.

Dio la casualidad que me ocurrió en Bombay, podría haber sido en Nueva York o el barrio de al lado de mi casa. Hay personas que vienen de visita a veces a Bombay y se sorprenden de que la gente rica de allí no vaya a las chabolas. Y yo les pregunto: ¿y tú  vas a los de tu ciudad?

En el libro “Sonrisas de Bombay” explica bien que fue casual ese encuentro con la miseria de Bombay.

Si, por circunstancias de la vida. Es como cuando una persona de Madrid se enamora de otra de Canada y se casan. Son cosas del destino que se escapan.

¿Podría hacer un balance desde el año 2005, que fue cuando se fundó la oenegé? ¿Cómo le ha cambiado la vida ese compromiso?

Es un compromiso que ha cambiado de tono, de color, porque ya son siete años, desde que en 2004 estoy viviendo en la India. Me he equivocado y bendita las veces que me he equivocado, pero las cosas se han hecho bien. Tengo  más experiencia en cooperación en Desarrollo. He estudiado cursos, master, gestión, recursos humanos… Me he tenido que formar, deseo que Sonrisas de Bombay tenga un director preparado. El día que vea que no soy útil, me retiraré. Deseo lo mejor para la oenegé.

La organización tiene que estar preparada para ser autosuficiente en el tiempo .Creo que ha perdido la inocencia que tenía al principio, que era mala, porque  acababa en ñoñería: el paternalismo y proteccionismo no es bueno. Nos hemos reforzado en profesionalidad, con un plan estratégico.

Ahora hay cabeza y corazón. Hemos delimitado más en qué zonas estratégicas queremos intervenir y tener claro la visión. El balance es muy bueno. En la actualidad atendemos a uno 5.000 personas, pacientes con lepra, niños con oncología infantil, cubrimos tres etapas educativas, cooperativas de mujeres para su liderazgo…

¿Y esos 41 niños del orfanato siguen estando vinculados a la oenegé?

Desde el libro hasta ahora hay un cambio abismal. De los 41 niños del orfanato ahora son unos 300, pero el orfanato es local, ya no es de la oeengé. Es autosuficiente, se financia con una escuela que está cerca, a través de las matrículas de los alumnos.

Nos enfocamos ahora principalmente en el tema preventivo, la sensibilización en las comunidades y un mayor trabajo en las comunidades.  Trabajamos con ellas, y no para ellas. Observo que esto las oenegés del Norte lo olvidan muy fácilmente, porque dicen “Trabajamos para ellos”. Y yo les digo: “No, “trabajáis con ellos”.

Sanllorente vive en la India desde el año 2004, movido por el deseo de erradicar la miseria y pobreza, que provoca que millones de niños estén abandonados.

Es la tendencia de algunos proyectos de cooperación en los que  no se preguntan a las poblaciones qué necesitan.

Exacto. En las Sonrisas de Bombay hay comités donde participan los beneficiarios directos de los proyectos.

Además de la dirección de la oenegé, escribe libros, como “La canción de la concubina”, donde denuncia el drama de la prostitución infantil y cómo países desarrollados como España están implicados.  Para escribirla ha estado unos meses en Filipinas investigando, ¿qué es lo que más le ha impactado?

Lo que más me ha horrorizado de escribir esta novela es que España es uno de los principales receptores y posteriormente explotadores sexuales del mundo. Esta problemática muchas veces creemos que es una cosa propia de estos países, pero la realidad es que allí hay quienes se ven obligados a vender su cuerpo porque otros que aquí, han vendido su alma.

¿De dónde surgió la idea de escoger Filipinas y abordar la explotación y tráfico de personas para el negocio del sexo?

La directora general de Espasa me propuso escribir. Pensaba que me iba a pedir una parte dos de la novela sobre Sonrisas de Bombay. No quería hacerlo, porque deseo externacionalizar la oenegé, algo que estamos consiguiendo con directores generales en cada país. Pero desde la editorial deseaban un tema de ficción. Pensé en el tráfico humano y elegí Filipinas, porque sobre Tailandia ya se ha escrito mucho.

¿Le desbordó la realidad con la que se encontró o se lo esperaba la situación todavía peor en esos burdeles en los que se hizo pasar por cliente?

Filipinas es uno de los países con mayor tráfico humano. Pero me lo esperaba peor, porque vengo de una ciudad en la que la situación es igual o 10 veces más dura. Iba preparado, pero me horrorizó ver la implicación de los países del primer mundo. Eso me sorprendió muchísimo.

¿Este trabajo de investigación ha sido peligroso? ¿Ha sentido algún tipo de amenaza por su vida?

Como también vengo de un pasado con amenazas, no me preocupé,. Pero lo que me horroricé también fue que me hice pasar por un proxeneta español que deseaba comprar 20 chicas y me hubieran permitido comprarlas. Eso me horrorizó, esa facilidad…

Con esta investigación pretende que seamos más conscientes del problema. ¿Cómo podemos desde aquí involucrarnos para evitarlo?

Todos podemos hacer algo. Simplemente con actuaciones como si vamos de turistas y vemos alguna práctica de este tipo, deberíamos denunciar.

En la actualidad combina su trabajo como director general de Sonrisas de Bombay con su faceta de periodista…

Sí sigo en activo y vinculado con el tema de compromiso social. Una cosa no está reñida con la otra. Porque esté en la India no es que esté levitando todo el día. Mi día a día es más normal de lo que la gente se cree. Tengo trabajo de oficina, de gestión, al ser diirector general de una empresa con 225 trabajadores, pero siempre en contacto con la realidad de la India. Nunca pierdo puedo perder esa conexión.