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Cooperación

Día del cooperante, “poco que celebrar”

En unos pocos años el presupuesto destinado a la cooperación al desarrollo ha pasado del 0.43% de la Rentan Nacional Bruta al 0.29% en 2011

Países que también están sufriendo la crisis como Holanda o Reino Unido apenas han reducido la ayuda al desarrollo

Este año, el día del cooperante apenas se ha celebrado en España

Los tambores de guerra comenzaron a sonar hace dos años, con la primera dentellada (18%) al presupuesto de cooperación al desarrollo. Luego vendrían otros recortes que dejarían temblando la partida: más del 45% en el presente ejercicio respecto al 2011. En este contexto se desarrolló, el pasado sábado 8 de septiembre, el Día del Cooperante, que se celebra desde el año 2006. Sin embargo, esta efeméride, que coincide con la firma en el año 2000 de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, ha cambiado de ánimo. Tan solo un pequeño acto de conmemoración en Madrid por parte de la Agencia Española de Cooperación al Desarrollo (AECID) dirigida a menores adornó el día en Matadero (Madrid).

Por su parte, la Coordinadora Estatal de ONGD lanzó un comunicado, titulado Poco que celebrar y mucho que denunciar [pdf], en el que recorría las contradicciones entre las promesas, los hechos finales del Gobierno y ciertas valoraciones ante las declaraciones de los responsables políticos. Son legión las voces críticas con la “estrategia” actual de cooperación, y para ello hay que exponer algunas líneas de los últimos años.

En el tiempo del ejecutivo socialista, la evolución del presupuesto de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) fue notable, alcanzando, en sus mejores tiempos un 0,43% de la Renta Nacional Bruta (RNB). El objetivo de muchos colectivos sociales, e incluso del gobierno socialista, era el 0,7%, y los esfuerzos y las declaraciones políticas apuntaban hacia esa tendencia. Pero la masa que se destinaba poco a poco ha ido retrocediendo, haciendo prácticamente inviable la consecución de dicha promesa. 2011 cerró con el 0,29%.
Primero fueron muchos ayuntamientos y comunidades que, ya en 2011, no convocaron subvenciones; otras comunidades, como Cantabria, sí convocaron y las ONGD formularon los proyectos y los enviaron. Pero cambió el gobierno y la convocatoria se anuló repentinamente. De ahí que este año, la convocatoria de AECID  haya visto incrementada la entrada de proyectos debido a la escasez de financiadores.

Un sector con cerca de 8.000 personas trabajando en él y que, debido a los últimos recortes,  se derrumba. Los calificativos de los especialistas del desarrollo en España no han ahorrado en contundencia. “Mortal”, “aniquilación”, “salvaje” o “desproporcionado” son algunos de las definiciones del último recorte.

Cuestión de ideología

Desde ciertas tribunas de la derecha mediática se ha contribuido a allanar ese camino de cara a la opinión pública. Dos proyectos en Guinea Bissau y Mali, resumidos en la prensa como “proyectos sobre gays e hipopótamos”, fueron el blanco. A ello se le une las reivindicaciones de no destinar dinero fuera de las fronteras cuando dentro escasea. El desconocimiento del mundo del desarrollo, de sus procedimientos y de su lenguaje, deja al descubierto este tipo de informaciones hasta el punto que el anterior director de la AECID escribió una carta al director para aclarar ambos proyectos.

El conflicto está servido, y la división dentro de los diferentes sectores de la sociedad es fácil de avivar cuando la situación es propicia. Sin embargo, la realidad ha demostrado que no siempre se han vinculado los presupuestos a los vaivenes económicos. En los últimos años del anterior gobierno conservador, la AOD no subió del 0, 25 % de la RNB; hoy, con una crisis galopante, la ayuda al desarrollo de países como Holanda o Reino Unido no ha caído.

Las cantidades destinadas a los países en vías de desarrollo van mucho más allá de la mera solidaridad: son estrategias nacionales para tener peso en el contexto global. España, con su reciente afán de presencia en el mundo, multiplicó sus recursos en la última década y logró presencia en países donde ahora prepara su marcha (especialmente estados africanos y asiáticos). El incremento económico ha sido una de las esquinas por donde el nuevo ejecutivo ha levantado el sistema de cooperación: no se trataba de dar tanto, sino de darlo mejor.

Y en ese pretexto se han refugiado para hacer el mayor recorte nunca visto, sufriendo las consecuencias más del doble que la media de recorte en los demás ministerios. En este sentido, Gonzalo Fanjul, responsable del influyente blog 3.500 millones de El País, quiso ejemplificarlo llevándolo a otro terreno en relación con el, a ojos del nuevo gobierno, aumento acelerado de la AOD: “Cuando un médico comete un error durante una operación la respuesta no es cerrar el hospital”.

En realidad, sí existió dicho incremento. Partidas como Género en Desarrollo aumentaron entre el 2004 y 2008 casi un 500%, además de ser el principal donante de ONU Mujeres… hasta este año. Pero España nunca destacó por encima de la media de los donantes de los países desarrollados, por lo que sus aportaciones ni fueron elevadas ni se asomaron al omnipresente 0,7%.

El III Plan Director de la Cooperación Española (2009-2012) profundiza en el llamado Enfoque Basado en Derechos, que “supone un compromiso político y normativo, siendo una de sus principales fortalezas el tener como referente el marco normativo internacional de los Derechos Humanos”. Pero la realidad ha dado la espalda a todos los compromisos adquiridos en el papel.

El Ministro de Asuntos Europeos, José Manuel García-Margallo, manifestó que “recortar en cooperación es una opción extremadamente dolorosa, pero la otra opción, a lo mejor, es recortar pensiones o cerrar ambulatorios”. Los críticos respondieron que el impacto de reducción del presupuesto era minúscula en la lucha por rebajar el déficit. De ahí la interpretación de dejar en servicios mínimos la cooperación. Actualmente, los niveles han retrocedido a los del 2005.
En una encuesta del pasado mes de febrero hecha pública por UNICEF España y la Fundación Bill y Bellinda Gates, se sacó a la luz que tres de cada cuatro personas apoyaban la cooperación al desarrollo en España. Pero a pesar de la alta cifra, uno de los retos del gremio es trasladar a la opinión pública una concepción de la cooperación que trascienda de la coyuntura económica para que sea concebida como un derecho, inalterable a los vientos económicos.

Pero no solo lo económico se hace notar el nuevo escenario. Una de las grandes preocupaciones de mujeres son sus derechos; las redes feministas que se han ido tejiendo en los últimos años y los éxitos que reconocen han conseguido, se ven amenazados por lo que identifican como un nuevo embate del patriarcado y sus consecuencias; la salud, la educación y demás servicios públicos también entran dentro de las preocupaciones de la sociedad civil.

Nuevos actores
Los despidos masivos y cierres de ONG, la falta de recursos, la eliminación de convocatorias de las administraciones locales y comunitarias, la salida de varios países… El nuevo escenario del universo de la cooperación es bien distinto. Dos de esos nuevos cambios son la aparición de nuevos actores: los países emergentes y los actores privados. El primer caso, supone la integración en el sistema de cooperación de países que ya definen y modifican el contexto mundial y que empiezan a hacer cooperación. La cooperación triangular y Sur-Sur van en esa tendencia. En segundo lugar, la aspiración de las empresas en el mundo de la cooperación supone un punto de inflexión, en torno al cual se está levantando mucha polémica.

Muchas multinacionales facturan más que países enteros, por lo que su papel dentro de la cooperación toma relevancia. Grandes compañías petroleras, eléctricas, de alimentación o fundaciones con presupuestos gigantescos tienden a llevar a cabo acciones no exentas de crítica. Recientemente, la AECID concedió una subvención de 150.000 euros a la Fundación Repsol para llevar a cabo un proyecto en una parte del el Parque Nacional Yasuní de zona de Ecuador. La fundación de la petrolera había recibido denuncias por continuas violaciones de derechos fundamentales (salud, medio ambiente y territorio) en esa misma zona donde Repsol-YPF desarrolla su actividad económica. Tampoco se han librado de la polémica otras fundaciones que, a priori, gozan de buena imagen pública. Es el caso de la Fundación Bill y Mellinda Gates, “acusados” de buscar el lucro con sus actuaciones solidarias.

Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es la nomenclatura que toda gran empresa que se precie pone en marcha. Los más irónicos, incluso, bromean en los foros al hablar de esa parte de la empresa dedicada al bien común, cuyos lemas y demás elementos del marketing le hacen pensar a uno que es cualquier cosa menos un banco o una gran petrolera. Precisamente, es aquí donde las empresas son conscientes de su imagen y de trasladar sus buenas prácticas a la sociedad aunque sus actividades industriales dejen mucho que desear. Jordi Calvo, de Justicia i Pau, en una entrevista con Periodismo Humano, apuntó que “el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) es especialista en RSC y su conclusión, después de estudiar las actuaciones de las empresas, es que cuanto más grande es el departamento de RSC, más grande es el daño que hacen: es para compensar esa mala imagen”.

Alternativas
Las diferentes líneas de recaudación para no dejar herido de muerte al sector han sido gritadas a viva voz. Perseguir el fraude fiscal y dedicarlo a cooperación, impulsar un impuesto a las transacciones financieras o combatir los paraísos fiscales son alternativas que se han propuesto.

Sea lo que sea, el marco internacional y todos los acuerdos, incluidos el de la Declaración de los Objetivos del Milenio, subrayan los derechos que toda la población del planeta posee por su mera condición. Ahora, los recortes hunden esas promesas, dejando sin valor práctico cualquier compromiso. Uno de las exigencias de la sociedad es la de pedir a los representantes el cumplimiento de todo aquello que el papel soporta, pero no la moral. De los beneficios del presupuesto de cooperación de los últimos años está el desarrollo de una conciencia colectiva a través de los actos de sensibilización. Hay experimentos que han resultado exitosos en muchos colegios donde las instituciones, a través de la educación no reglada, ha incidido en la importa de la igualdad entre los seres humanos. La caída de la cooperación, en el contexto actual, también ha cortado esas actividades de sensibilización, aunque muchos escolares ya lo han integrado.

Las ONGD entran en un período de profunda trascendencia para su futuro, pero también de reflexión y de la necesidad de sobrevivir al margen de las subvenciones que ya no existen. Únicamente las grandes organizaciones viven de recursos propios. Las nuevas fórmulas de resistencia, en formas diversas, ya están sobre la mesa.

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2 comentarios

  1. Muchas gracias Diego por el artículo!
    Es lamentable la situación actual de la cooperación en España, pero tampoco parece que vaya a cambiar en los próximos años…
    Tocan malos tiempos para la cooperación y la solidaridad!!

  2. [...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos Día del cooperante, “poco que celebrar” periodismohumano.com/cooperacion/dia-del-cooperante-poco-…  por albertiño12 hace [...]

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