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	<title>periodismohumano &#187; Alberto Arce</title>
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		<title>Los combatientes “thuwar” de Misrata (II)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2011 07:38:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
				<category><![CDATA[En conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[En conflicto Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Revueltas por la libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[Segunda parte del reportaje sobre los jóvenes que luchan contra el régimen de Gadafi, muchos de los cuales nunca se imaginaron con un arma entre las manos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Khaled Abubaker</strong></p>
<p>Khaled Abubaker tiene 28 años y comparte con Mohammed el frente que avanza a lo largo de la autopista del este, que sale de Misrata y avanza a través de Tamina, Kararim y Tavarga. Si ayer se encontraban en Tamina, hoy han decidido detenerse a la entrada de Kararim. Y allí charlamos.</p>
<div id="attachment_58051" class="wp-caption alignleft" style="width: 250px"><img class="size-large wp-image-58051  " title="khaled" src="http://periodismohumano.com/files/2011/06/khaled--400x600.jpg" alt="" width="240" height="360" /><p class="wp-caption-text">Khaled Abubaker (A. A.)</p></div>
<p>Es una de esas personas que nunca grita &#8220;Allah Akbar ni dispara gratuitamente al aire. Se mantiene siempre en un discreto segundo plano. Pero cuando llega el momento de avanzar por la autopista a lo largo de la que se despliega el frente, pisa el acelerador firmeza. A 180 km/h. Lleva cuarenta días seguidos en combate. &#8220;He ido a mi casa un par de veces, para saludar a mi familia, ducharme y ponerme ropa limpia, pero no puedo separarme de mis compañeros&#8221;. Avanza tras una lanzadera de cohetes Grad. &#8220;Cuando el Ejército se retira, corremos a recuperar todo lo que dejan atrás. Los cohetes Grad son muy útiles. Ellos los lanzan desde camiones con capacidad para cuarenta tubos. Nosotros los desmontamos y los dividimos en diez pick-ups. Cada una lleva 4 cohetes&#8221;.</p>
<p>Khaled <strong>estudió cuatro años de Ciencia Política en la Universidad de Ankara.</strong> &#8220;Mi padre era el Cónsul de Libia en Turquía hasta el año 2006. Antes he vivido en bastantes países&#8221;. Pero hace cinco años decidió regresar a Misrata. No me convalidaron los estudios en el extranjero y tuve que empezar a estudiar de nuevo&#8221;. Khaled cree que lo que está sucediendo en su país tiene una sola consecuencia positiva. &#8220;Tarde o temprano habrá que reconstruir el estado en su totalidad y espero que el criterio para seleccionar a los funcionarios públicos parta de su formación académica, sus estancias en el extranjero y que no hayamos tenido vínculos con el régimen de Gadafi&#8221;. Khaled quiere ser diplomático. &#8220;Pero no por ser hijo de mi padre sino por méritos propios&#8221;.</p>
<p>¿Cómo era el sistema educativo libio?. &#8220;Malo. Muy malo. Este año se ha perdido el curso académico. Pero no hemos dejado de aprender nada por eso&#8221;. Y pone un ejemplo de lo más gráfico.&#8221; Traje todos los libros que pude de Turquía. Pero nunca me atreví a hablar de ellos en la Universidad de Misrata ni se los enseñé a nadie. Debatir sobre ideas básicas como la existencia de la separación de poderes, los partidos políticos o la independencia del poder judicial habrían servido para expulsarme de la universidad o incluso detenerme. <strong>En la universidad libia es mejor no demostrar que piensas o tienes ideas propias. </strong>Sobre todo si regresas del extranjero y has estudiado Ciencias Políticas&#8221;. ¿Y el futuro del país?. ¿Qué planteas para el día después?. &#8220;Para mí el único día después que existe ahora es mañana. Hay que expulsar a el ejército de Tavarga y Karamina. Se han llevado a familias de Tamina con ellos. Eso es intolerable. No podemos aceptarlo. Si la población de Tavarga apoya a Gadafi, tendremos que luchar contra ellos. Porque le permiten lanzar cohetes contra Misrata desde allí&#8221;. ¿No ves futuro más allá de la liberación de Tavarga? &#8220;Sí, en realidad me han admitido para estudiar un Máster en la Universidad de Seattle. Si todo va bien, en septiembre estaré allí&#8221;.</p>
<p><strong>Mohammad Abdelsalem</strong></p>
<p>El tercero en discordia también se llama Mohammad, Mohammad Abdelsalem y tiene 31 años. &#8220;El verano pasado hicimos juntos un viaje por Europa. Comenzamos por el norte de Inglaterra y nos recorrimos la isla para pasar después a Francia, España e Italia. Recuerdo perfectamente la Puerta del Sol de Madrid. Y un Restaurante en el que comí paella&#8221;.</p>
<div id="attachment_58053" class="wp-caption alignleft" style="width: 210px"><img class="size-medium wp-image-58053" title="Mohammed Abdelsalem" src="http://periodismohumano.com/files/2011/06/Mohammed-Abdelsalem-200x300.jpg" alt="" width="200" height="300" /><p class="wp-caption-text">Mohammed Abdelsalem (A. A.)</p></div>
<p>Después de las vacaciones, cada uno regresó a su casa. La de Mohammad, en Qatar, donde trabajaba como bombero en un plataforma petrolífera. &#8220;El trabajo es duro, sobre todo por el clima. Unos 45 grados y 90% de humedad 24 horas al día.  Pero ganamos 10 veces más que en Libia y estaba ahorrando para ir a estudiar a Inglaterra&#8221;.</p>
<p>Cuando comenzó la revolución su tío estaba de visita en Qatar. Discutían mucho. &#8220;Nos parecía imposible que en Libia sucediera lo mismo que en Túnez o Egipto. Sabíamos que Gadafi nunca huiría. Que la revuelta pacífica era imposible en nuestro país. Que si Libia se levantaba, llegaría la guerra&#8221;.</p>
<p>Mohammad trabajaba a turnos. Una semana en tierra y una semana en la plataforma. &#8220;Recibíamos noticias cada vez más preocupantes y me tocaba salir al mar. Me pasé los últimos dos días con una mano actualizando las páginas web, la otra sosteniendo el teléfono y cambiando el canal de la televisión. Empecé a no dormir. Mi familia estaba en Misrata. Mi jefe también era libio. Nos embarcamos juntos y ya no nos sentíamos cómodos. No podíamos centrarnos en el trabajo&#8221;. La decisión era inevitable. &#8220;Nada más regresar a Doha, vendí el coche, la televisión, el ordenador e hice cheques repartiendo todos mis ahorros&#8221;. ¿Para qué?. &#8220;Por si no volvía&#8221;. Mohammed no albergaba dudas respecto a su destino: la primera línea de combate.</p>
<p>Se subió a un vuelo Doha- El Cairo y desde allí entró en Libia. &#8220;Luché una semana en Ras Lanuf y otra semana en Ajdabia. En cuando pude, me monté en un barco y vine a Misrata&#8221;. A veces, para descansar del combate, utiliza un telescopio. &#8220;Tenemos que establecer posiciones de vigilancia para controlar sus posiciones y sus movimientos. Es duro. Es peligroso porque avanzamos a descubierto y solos, entre los árboles, acercándonos a ellos todo lo que podemos. Son varias horas fijándose en la nada y en el horizonte, si te descubren, estás muerto. Pero resulta tan necesario como combatir&#8221;.</p>
<p>¿Y tú, te consideras Thuwar (revolucionario) o muyahiddin (el que hace la guerra santa)? &#8220;No hay ninguna diferencia entre ambos conceptos. Pero no me gusta la palabra rebelde. Tampoco me considero un insurgente&#8221;. Se trata de una respuesta recurrente entre todos aquellos que hablan inglés y leen la prensa extranjera.</p>
<p>&#8220;La revolución supone cambio. Derrocar el régimen de Gadafi. La Yihad, guerra contra lo que consideramos contrario a nuestros principios. Lo haga un cristiano o un musulmán. Pero ¿nos haces esa pregunta para saber si estamos relacionados con los salafistas o Al Qaeda?. Que te quede claro que esta revolución no tiene nada que ver con la religión. Sólo con la libertad. Somos revolucionarios&#8221;.</p>
<a href="http://periodismohumano.com/en-conflicto/los-combatientes-%e2%80%9cthuwar%e2%80%9d-de-misrata-ii.html"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a>
<p><a href="http://albertoarce.com/2011/05/27/parte-de-la-cobertura-desde-misrata-para-euronews/">Más imágenes para Euronews</a> de Alberto Arce y Ricardo García Vilanova.</p>
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		<title>Los combatientes &#8220;thuwar&#8221; de Misrata (I)</title>
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		<pubDate>Wed, 25 May 2011 23:08:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
				<category><![CDATA[En conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Gadafi]]></category>
		<category><![CDATA[Libia]]></category>
		<category><![CDATA[Revueltas por la libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos de los jóvenes que luchan contra el régimen de Gadafi nunca se imaginaron con un arma entre las manos y luchando en una guerra. Por ejemplo, Mohammed Khayif, estudiante de contabilidad y finanzas en una universidad británica.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde  que a mediados de febrero comenzase la revuelta popular en Libia la  prensa internacional utiliza de manera casi unánime la palabra  &#8220;rebeldes&#8221; para referirse a los jóvenes que salieron a las calles para  protestar contra el régimen del Coronel Gadafi. En  cuestión de pocos días, esos &#8220;jóvenes rebeldes&#8221; se encontraron con un Ejército que utilizaba fuego real contra ellos. En pocas semanas, la  situación de guerra se había generalizado en amplias zonas del país. Muchos  de ellos nunca se imaginaron que terminarían por tomar las armas,  viéndose inmersos en una guerra de guerrillas. A campo abierto unas  veces, en escenarios urbanos otras. Avanzando y retrocediendo,  capturando armamento al ejército en retirada y aprendiendo, de un día  para otro, a utilizar un Kalashnikov e incluso lanzando cohetes Grad.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-57059" title="_MG_3520" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/MG_3520-600x400.jpg" alt="" width="600" height="400" /><strong> </strong></p>
<p><strong>Mohammed Khayif</strong></p>
<p><strong> </strong>&#8220;Para  combatir no se necesita entrenamiento. Sólo pasión y convencimiento.  Ideas y una causa justa&#8221;. Hace tan sólo dos semanas Mohammed Khayif, <strong>de  24 años abandonó sus estudios de contabilidad y finanzas en la  Universidad de Essex para sumarse a la revolución.</strong> Hoy, junto a otros 50  jóvenes, espera en un cruce de caminos en la zona de Tamina -al este de  Misrata- el pistoletazo de salida para la ofensiva que les permitirá  avanzar a lo largo de la autopista en dirección a las localidades de  Kararim y Tavarga.</p>
<p>Al  contrario que muchos de sus compañeros, en mono de trabajo o vistiendo  ropa deportiva rota y hecha jirones tras dos meses de combate diario,  Mohammed mantiene la barba perfectamente perfilada y viste con ropa  limpia y planchada.</p>
<p>También  se expresa en un inglés perfecto, académico. &#8220;Cuando comenzaron a  llegar las noticias de lo que sucedía en Libia, pensé que sería similar a  Túnez o Egipto y no me planteé regresar. Cambiaría el régimen y  seguirían adelante. A medida que pasaban las semanas, el problema se  intensificaba y se convertía en una guerra. A mediados de marzo perdí  contacto con mi familia. Los teléfonos e Internet dejaron de funcionar.  Las pocas imágenes que llegaban a través de los periodistas eran muy  preocupantes y varios jóvenes de Misrata que vivíamos en el Reino Unido y  nos habíamos conocido a través de Internet decidimos que era hora de  regresar a casa&#8221;.</p>
<p><strong>Mohammed  llevaba dos meses sin asistir a clase, conectado a Internet y a la  televisión</strong> por satélite tratando de recibir noticias de Misrata. &#8220;Tengo  muchos amigos en la universidad. Algunos de ellos, erasmus españoles.  Cuando les anuncié que viajaba a Libia se quedaron en estado de shock.  Todos me pedían que me quedase allí, que no regresase, que esperase a  que todo terminara. Pero ellos no pueden entenderlo. Este es el lugar en  el que nací y en el que vive toda mi familia, es mi país. Tengo que  protegerlo de quienes lo están destruyendo&#8221;</p>
<p>No  volvía para luchar. Al menos no necesariamente. &#8220;No me senté a pensar  si cogería un arma o no. Ni siquiera comprendía lo que significaba tener  un rifle en mis manos hasta que llegué aquí y lo vi por primera vez.  Como la gran mayoría de los jóvenes rebeldes ni siquiera había hecho el  servicio militar ya que me fui al Reino Unido hace más de tres años&#8221;.  Insiste en que no lo tenía claro. Pero era tan consciente de la  situación que lo primero que hizo al llegar a Bengazi fue comprarse un  Kalashnikov.</p>
<p>Si  al comienzo de la rebelión se repartieron armas, ahora sólo hay dos  maneras de conseguirlas. Encargando que alguien la traiga en los pocos  barcos que llegan desde Bengazi o avanzando  desarmado para hacerse con  alguna de las que los soldados del ejército abandonan en su huida al  conquistar una posición. &#8220;En Bengazi cuesta 3000 dinares, unos<strong> 1300  euros al cambio actual. </strong>Sabía que si yo no lo usaba, podría entregársela  a alguien que la necesitase porque en Misrata no hay armas para todos&#8221;.</p>
<p>No  hay demasiada épica en el relato de su ingreso en una unidad de  combatientes. Más bien un efecto contagio derivado de la intensidad de  los lazos comunitarios que unen a la población de Misrata. &#8220;Yo volvía  sólo para estar al lado de los míos. Cuando mi familia me vio llegar, se  sorprendieron mucho. Pero su reacción fue de felicidad. En el trayecto  entre el puerto y mi casa fui encontrándome con vecinos y amigos que me  explicaban lo que había sucedido. Mis dos hermanos mayores se habían  sumado a la revolución, uno en el frente y el otro como mecánico en los  talleres que arreglan las <em>pick-ups</em>. Todos mis vecinos y amigos  colaboraban con la revolución. No tuve opción. Fue un proceso natural&#8221;.</p>
<p><img class="size-large wp-image-57058 alignright" title="_MG_3521" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/MG_3521-400x600.jpg" alt="" width="400" height="600" /></p>
<p>El  Comandante Jalbush dirige la milicia que defiende la entrada este de  Misrata. La que garantiza que el puerto no caiga en manos del ejército  libio. Desde que hace una semana, las tropas de Gadafi tratasen de  reingresar a la ciudad a través de la carretera de Karzaz, decidió que  era imposible mantener una estrategia exclusivamente defensiva.</p>
<p>Desde  el perímetro de Misrata continuaban cayendo cohetes Grad sobre la  ciudad y la única manera de detenerlos era expulsar al ejército a  posiciones lo suficientemente alejadas como para que los proyectiles no  llegaran hasta el casco urbano. En ese momento Mohammad encontró su  lugar entre los combatientes. &#8220;Jalbush es mi vecino. Fui a hablar con él  y me autorizó a sumarme a mis amigos&#8221;</p>
<p>Viviendo  y estudiando en Inglaterra, Mohammad tiene una idea bastante clara de  los motivos por los que lucha. &#8220;Queremos derrocar al dictador. Gadafi ha  estado 42 años en el poder y no ha construido carreteras, hospitales,  universidades o escuelas. El sistema educativo se encuentra en un estado  lamentable. No nos permitía estudiar inglés, cualquier enfermo tenía  que viajar a Túnez para recibir tratamiento, era imposible hablar o  expresarse. Todos teníamos miedo. <strong>Cualquiera podía denunciarte si  criticabas a Gadafi y eras detenido y torturado. </strong>Sólo tenían  oportunidades quienes trabajasen para él y le siguiesen ciegamente. La  dictadura era brutal. La corrupción absoluta&#8221;.</p>
<p>¿Por  qué esperar tantos años?. &#8220;El miedo desapareció de un día para otro.<strong> El  efecto contagio ha sido fundamental.</strong> Primero Túnez y luego Egipto.  Ahora es imposible controlar las comunicaciones, Internet permite que la  información circule pese a la censura. En Misrata había muchos  cibercafés antes de la guerra y aunque la policía secreta trataba de  controlarlos, era imposible. La gente estaba harta y se dio cuenta de  que si nuestros países vecinos podían derrocar a sus dictadores, Libia  no tenía por qué ser diferente&#8221;.</p>
<p>Pero  Libia es diferente. Porque la rebelión popular que comenzó el 17 de  febrero fue reprimida a sangre y fuego por el Ejército. &#8220;Libia es  diferente a Túnez y Egipto porque aquí el ejército se puso del lado de  Gadafi, que ha demostrado que es un loco y un asesino al que no le  importa nada&#8221;, apunta Mohammad, &#8220;¿Porqué Gadafi y sus hijos no cogieron  el dinero y se marcharon al extranjero?&#8221;. Ahora ya no hay marcha atrás.  &#8220;Les atraparemos, Gadafi no va a irse del país. Va a luchar hasta el  final. Nosotros también&#8221;.</p>
<a href="http://periodismohumano.com/en-conflicto/los-thuwar-de-misrata.html"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a>
<p>¿Y  cuando todo esto acabe? &#8220;Regresaré a Essex y continuaré mis estudios.  Por ahora he perdido un semestre. Espero estar de vuelta en la  universidad en septiembre&#8221;. ¿Y el futuro de Libia?. &#8220;No va a ser fácil.  Son muchos años de dictadura. La democracia no se construye de un día  para otro y esta sociedad no la conoce. Espero que el Consejo Nacional  de Transición al que todos respetamos, por el momento, se disuelva en  cuanto termine la guerra y convoque elecciones libres en igualdad de  condiciones para todos aquellos que quieran competir. Se necesitará una  Constitución, un parlamento, partidos políticos y&#8230;&#8221;</p>
<p>27  disparos de mortero interrumpen la conversación. &#8220;Si me disculpas,  tengo que ir a combatir. Podemos continuar esta charla después&#8221;. Media  hora más tarde y en medio de un intenso tiroteo a lo largo de la  carretera de Tamina, Mohammad trataba de hacerle el puente a una  ambulancia abandonada por el ejército de Gadafi en su retirada. Después  de poner el vehículo en marcha, su labor consistió en recoger la  munición que deja atrás el ejército y transportarla lo antes posible a  un lugar seguro.</p>
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		<title>Misrata Calling</title>
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		<pubDate>Fri, 13 May 2011 02:24:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
				<category><![CDATA[En conflicto]]></category>
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		<description><![CDATA[Tras  dos meses de asedio por parte de las tropas de Gadafi, media docena de  barcos tratan de garantizar los suministros necesarios para la  supervivencia de la población asediada en la ciudad libia de Misrata. Hemos viajado en uno de ellos desde Malta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_55152" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr1.png"><img class="size-large wp-image-55152" title="misr1" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr1-600x397.png" alt="" width="600" height="397" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova)</p></div>
<p>Una  gallina pone un huevo en un plató de televisión. El presentador y el  entrevistado lo recogen para mostrárselo a la audiencia. En apenas unos  segundos el huevo original se ha multiplicado milagrosamente por tres y  su color ha pasado de blanco a verde chillón. &#8220;Hasta los animales en  Libia están a las órdenes de su líder, el Coronel Gadafi&#8221;.</p>
<p>Ver  para creer. Mounir, Alaa y Ahmed se ríen indignados y protestan. Pero  no detienen el trasiego de cajas y etiquetas ni dejan de contestar al  teléfono. Tienen trabajo. Discuten y protestan, miran la televisión,  especulan e invitan a café pero, ante todo, continúan embalando sin  pausa. Teléfonos satelitales, medicamentos o leche en polvo. Donaciones  para los habitantes de Misrata.</p>
<p>Los  tres jóvenes libios, que apenan superan la treintena, son los  responsables de la Fundación &#8220;I GO&#8221; (Yo voy) que, desde el puerto de La  Valetta en la isla de Malta, garantiza gran parte de los suministros de  comida, medicamentos o tecnología de los que depende la <strong>población  asediada desde finales de febrero en Misrata</strong>. No es posible  fotografiarles ni citar sus nombres reales. Todos tienen familia en  Trípoli. Si los agentes de Gadaffi conociesen sus identidades, las  represalias serían implacables. Alaa se explica.<strong> &#8220;Han detenido a mucha  gente, hay cientos de desaparecidos. Sabemos que han demolido las casas  de familiares de los revolucionarios de Bengazi. </strong>Tenemos que pensar en  nuestras familias&#8221;.</p>
<p>Su  historia se corresponde con la de tantos. &#8220;Salí a una manifestación y  discutí con alguien que utilizaba su móvil para grabar nuestras caras.  Trataba de asustarnos, diciendo que nos dispararían en la cabeza. Era un  hombe de Gadaffi. Me asusté y decidí salir. Pasé por mi casa, lancé  ropa dentro de una maleta, envié a mi mujer a casa de una familiar, cogí  el coche y conduje hasta Túnez. Lo que vi por el camino fue suficiente  para que tomase la decisión de unirme de alguna manera al movimiento  revolucionario&#8221;. En su vida anterior se dedicaba a la desalinización de  agua de mar. Ahora<strong> recauda dinero entre empresarios libios que viven en  Estados Unidos para mantener el corredor marítimo entre Malta y Misrata.</strong></p>
<p>Mounir  recuerda que todo surgió de manera muy espontánea. &#8220;Yo ya vivía en  Malta cuando comenzaron las protestas en Trípoli. Entonces compramos  leche. Fue lo primero que hicimos. La pagamos de nuestro bolsillo.  Necesitábamos hacer algo, sentirnos útiles desde la distancia. Comenzó  el asedio de Misrata y pensamos que era allí donde teníamos que centrar  nuestro esfuerzo&#8221;.</p>
<p>A  partir de aquí, las complicaciones y los éxitos. &#8220;La Embajada India  fletó un barco para sacar a sus trabajadores del puerto de Misrata. No  nos hacían caso, no querían saber nada de nuestro cargamento. Le dijimos  al Embajador que la población estaba esperando por la carga que el  barco transportaba. Si no encontraban nada, no respondíamos de lo que  podría suceder en el puerto. Cedió&#8221;. Eso sucedió a principios de marzo.</p>
<p>Ahmed  tercia en la historia de los viajes. &#8220;Entonces alguien nos dijo que un  barco libio había atracado en La Valetta cargado de pescado. Hablamos  con el patrón. Le convencimos para que nos alquilase el barco. Ya  teníamos en la cabeza la idea de una línea regular. Lo renombramos  &#8220;Inthessar&#8221; –revolución en árabe– y contratamos a un capitán maltés con  su tripulación filipina. Los filipinos abandonaron después de tener que  regresar dos veces sin poder atracar en Misrata debido al bombardeo del  puerto y del barco.<strong> Los obuses caían a 10 metros de la embarcación</strong>.  Ahora el capitán ha reclutado a 5 malteses que aceptan las condiciones&#8221;.  Ya han viajado 9 veces a Misrata.</p>
<div id="attachment_55154" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr2.png"><img class="size-large wp-image-55154" title="misr2" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr2-600x399.png" alt="" width="600" height="399" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova) </p></div>
<p>Tras  el Inthessar llegó un nuevo pesquero, el Mae Yemaja, un pesquero de 25  metros de eslora y con capacidad para 100 toneladas de carga. Desde el  martes por la mañana el Mae Yemaja, está lleno hasta la última esquina  posible en el puerto de La Valetta para zarpar hacia Misrata. Le esperan  unas 18 horas de navegación transportando<strong> 32 toneladas de pasta, 25 de  patatas, 20 de cebollas y 17 de arroz. Dos cirujanos libios, dos  periodistas españoles y un misratí de 24 años</strong> que se ha empeñado en  regresar a casa. Su ropa le delata. Va calado con un sombrero de  camuflaje, botas, chaleco, gafas de sol. Quiere unirse a los jóvenes que  combatan contra el régimen de Gadafi.</p>
<p>Frente  al barco, tres agentes de aduanas malteses no le quitan ojo a la nave  ni a la tripulación. &#8220;Se nos aplican las reglas de exportación de la  Unión Europea. Todo está en regla&#8221; explica Mounir. &#8220;Si alguien piensa  que se trata de contrabando de armas, esta muy equivocado. &#8220;Escribe ahí&#8221;  -añade- &#8220;esta comida apenas llega para un día. Necesitaríamos enviar un  barco cada día y sólo podemos hacerlo una vez por semana&#8221;.</p>
<p>Hamdi  es cirujano. <strong>Vive en Canadá desde hace 29 años. </strong>&#8220;Me fui de Libia porque  la situación era insoportable&#8221;. Decidió no volver nunca más. Pero  siente que ahora se está escribiendo la historia de su país y quiere  participar de ella. &#8220;Vivimos el comienzo de algo nuevo y quiero formar  parte de esto. Por eso me ofrecí como v<strong>oluntario para operar en el  hospital de Misrata. Es lo único que sé hacer&#8221;.</strong> Tiene tres semanas de  vacaciones y se lo paga todo de su bolsilo. &#8220;Sabemos que se necesita  mucha cirugía ortopédica y que la situación es caótica, pero creo que la  voluntad de cooperación puede más que las dificultades materiales con  las que me voy a encontrar. Traigo material de cirugía de mi hospital  canadiense. Espero que sirva de algo&#8221;. ¿Tiene miedo? &#8220;No. Sólo vivimos  una vez. Tiene que merecer la pena. Quienes creemos en lo que hacemos no  conocemos el significado de la palabra miedo. No voy solo a operar. Voy  a participar en una revolución&#8221;.</p>
<p>Hamdi  acaba de conocer a uno de sus compañeros de viaje. Ali también es  libio. Trabaja en Londres desde hace una década como anestesista. Deja  atrás mujer y dos hijos para trabajar en el hospital de Misrata y, al  igual de Zakarías, viaja sin billete de regreso. &#8220;Cuando le conté al  niño, de 4 años, que venía a Libia me preguntó qué iba a hacer. Él sabe  que yo antes no quería volver. Tuve que explicarle que el país se había  roto y tenía que arreglarlo. Cogió su mochila. Quería venir conmigo&#8221;.</p>
<p>Hamdi  y Ali coincidieron en una cena con el personal de la ONG sanitaria  Emergency para intercambiar información. Los italianos eran los únicos  cooperantes extranjeros trabajando en Misrata desde el comienzo del  asedio a la ciudad. El lunes tuvieron que tomar la decisión de  abandonar. Era demasiado peligroso continuar.</p>
<p>Su  equipo, formado por dos cirujanos, un anestesista, un ortopedista, dos  enfermeras y un logista llegó al hospital de Hamka la primera semana de  abril, y durante el mes transcurrido<strong> ha atendido a una media de 100  heridos al día</strong>. &#8220;Sólo hay 60 camas, 5 quirófanos y 7 camas de cuidados  intensivos&#8221;. Alessandro, uno de los cirujanos, se expresa en voz baja,  sin aspavientos y en tono neutro &#8220;no he vivido una situación tan  peligrosa en mi vida y no era la primera vez que trabajaba en la guerra.  No tengo ninguna intención de regresar&#8221;.</p>
<div id="attachment_55156" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr4.png"><img class="size-large wp-image-55156" title="misr4" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr4-600x396.png" alt="" width="600" height="396" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova)</p></div>
<p>Antonio,  el logista, explica que &#8220;existía una línea imaginaria que separaba la  zona de combate del resto de la ciudad. Durante el fin de semana pasado,  cuando los leales a Gadaffi se rindieron, esa línea desapareció y el  bombardeo comenzó a ser indiscriminado. Los cohetes caían de 20 en 20.  <strong>La artillería recibió instrucciones de atacar a los civiles.</strong> La  situación se descontroló. El sábado el hospital fue bombardeado. Recibió  tres impactos directos. A partir del lunes no había una sola casa  segura en toda la ciudad. De ninguna manera podíamos continuar  trabajando. El martes por la mañana, cuando salíamos del puerto, un  misil cayó a menos de 100 metros del barco&#8221;. El Doctor Grosso sentencia:  &#8220;Emergency volverá cuando se respeten la integridad del hospital y un  corredor humanitario entre el puerto y la ciudad&#8221;</p>
<p>Hamzi  y Ali se desesperan escuchándoles mientras no pierden comba de las  imágenes que retransmite Al Jazeera. A su lado, Mounir, Alaa y Ahmed  discuten desde hace horas con el capitán del Maeye Maja. Quieren zarpar  ya. Están hartos de esperar.</p>
<p>El  Capitán Carmelo ha citado a los pasajeros en el puerto a las 9 de la  mañana. La espera se hace eterna. Documentación, inspecciones, sellado  de pasaportes, visto bueno del práctico del puerto y última llamada vía  satélite a Misrata para recibir información de primera mano de la  situación en el punto de destino. También consultan las actualizaciones  en Twitter de varias fuentes de confianza. Todos los pasajeros viajan  con teléfonos satelitales. ¿Todos?. Los periodistas no. &#8220;Nosotros somos  freelance. No podemos permitírnoslos&#8221;. &#8220;Sois periodistas baratos&#8221;  bromean. &#8220;Podéis utilizar los nuestros si lo necesitáis&#8221;. Confirmado.  Las tropas de Gadaffi no bombardean el puerto desde ayer. Así que vía  libre.</p>
<p>Después  de más de cuatro horas de espera llegan las últimas cajas. 40 cartones  de Marlboro. Rojo y light. Los cigarrillos escasean en la ciudad tras  dos meses de asedio. Han alcanzado precios astronómico. Hasta 12 euros  el paquete. Libres de impuestos, las cajetillas que viajan en el barco  no llegan a un euro. El vendedor no quiere irse. Discute. Insiste en que  le paguen en efectivo. ¿Por qué? &#8220;Porque igual no volvéis. No quiero  arriesgarme a no cobrar&#8221;.</p>
<p>A  última hora de la mañana, el Mae Yemanja zarpa rumbo a Misrata. En sus  bodegas nos encontramos con una sorpresa inesperada. Medicamentos  españoles etiquetados con pegatinas de la AECID (Agencia Española de  Cooperación Internacional para el Desarrollo) enviados por  la organización Farmamundi a  través de la Embajada España en Malta. El Capitán recuerda entonces una  anécdota. &#8220;Compré este barco en A Coruña en una subasta judicial. Las  autoridades españolas se lo habían requisado a un narcotraficante  gallego. Ha pasado de transportar droga con destino a España a llevar  medicamentos españoles hacia Libia&#8221;. &#8220;Escucha, los libios deberían estar  agradecidos por lo que estamos haciendo&#8221;. ¿No le pagan bien? &#8220;Sí. Pero  no lo hacemos por dinero. Gadaffi está loco y hay que deshacerse de él&#8221;.  Su camiseta no admite dudas. Sobre su pecho puede leerse &#8220;Free Libya.  No nos rendimos. Ganaremos o moriremos&#8221;. Y una fecha: 17 de febrero de  2011. El día que la revolución comenzó.</p>
<div id="attachment_55155" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr3.png"><img class="size-large wp-image-55155" title="misr3" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr3-600x401.png" alt="" width="600" height="401" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova) </p></div>
<p>Luciano  nació en Rumanía. Tras pasar por España, pese a ser el oficial de  máquinas del barco, su auténtica especialidad es la cocina. Antes de que  haya tenido tiempo para servir el pollo, los médicos libios y el  fotógrafo barcelonés ya están encerrados en sus camarotes. La biodramina  no ha surtido efecto y tardarán horas en recuperarse del mareo.</p>
<p>Es  el mejor momento para conocer al último de los pasajeros. Zakaría está  demasiado nervioso para marearse. Tiene prisa por llegar. &#8220;Hace tres  meses llegué a Portsmouth para estudiar inglés. Trabajé duro para  conseguirlo y mis padres no estaban muy convencidos de que fuera una  buena idea. Desde que comenzó la revolución ya no volví a la  universidad. Me he pasado dos meses pegado a la televisión y conectado a Internet. Un día vi la tienda de electrodomésticos de mi familia  destruida. Luego me enteré de que el padre de la mujer de mi hermano  había muerto y sé que varios de mis primos están combatiendo. Algunos de  mis amigos han desaparecido. Los soldados se los llevaron al principio  de todo esto. No podía seguir allí mientras veo como mi ciudad y mis  amigos desaparecen&#8221;. ¿Sabes combatir? &#8220;No&#8221;. ¿Sabes disparar? &#8220;Sí&#8221;.  ¿Cómo? &#8220;En Misrata estamos acostumbrados a cazar con Kalashnikov. Un RPG  es fácil de usar. Puedo aprender. Es lo que han hecho los demás&#8221;.  ¿Tienes miedo?. &#8220;No. No estoy casado, no tengo hijos, no tengo nada que  perder. Mi cuñado también quiere luchar pero mi hermana no le deja  porque tienen una hija. Él no debe combatir, yo puedo hacerlo en su  lugar&#8221;. Zakaría es casi un niño. Sonríe tanto como habla, hiperactivo,  impaciente, ilusionado. No tiene, aún, la mirada de quien ha participado  en combates urbanos. Cuestión de horas que la adquiera. &#8220;Os llevaremos  hasta Trípoli. Lo que ha sucedido en Misrata es solo el comienzo de la  batalla por Trípoli. Ahora sabemos que podemos ganar. ¿Quieres  acompañarnos?&#8221;.</p>
<p>Misrata  se encuentra a 240 millas náuticas de Malta. Apenas se abandonan las  aguas territoriales de la Unión Europea, el Mae Yemanja recibe un  mensaje grabado a través de la radio &#8220;Esta es una advertencia de  seguridad por parte de la OTAN. En cumplimiento de una resolución de las  Naciones Unidas se ha impuesto un embargo de armas contra el gobierno  libio. A partir de este momento usted entra en una <strong>zona controlada por  barcos de guerra y su carga puede ser revisada en cualquier momento. </strong>Le  rogamos máxima colaboración&#8221;. El mensaje se repite aproximadamente cada  media hora. Tanto en árabe como en inglés.</p>
<p>No  es necesario dudar de su efectividad. Las llamadas se suceden. &#8220;Somos  un barco de guerra de la OTAN. Identifíquese&#8221; o &#8220;este es un helicóptero  de la OTAN&#8221;. El Capitán tiene que responder unas 15 veces a lo largo del  viaje a las mismas preguntas: nombre del barco, matrícula, compañía que  lo fleta, peso y especificaciones relativas a la carga. Número de  pasajeros, nacionalidades, profesiones, rumbo, velocidad, hora de  llegada. Una y otra vez. Con los helicópteros y los barcos casi siempre a  una distancia que permite distinguirlos en el horizonte.</p>
<div id="attachment_55159" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr5.png"><img class="size-large wp-image-55159" title="misr5" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr5-600x399.png" alt="" width="600" height="399" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova)</p></div>
<p>¿Alguna  queja Capitán?, ¿resulta cansino repetir tantas veces la misma  identificación? &#8220;Al contrario. Si no fuera por ellos yo no podría  realizar esta travesía. No me arriesgaría. Hace tres semanas un barco de  guerra libio estaba listo para perseguirnos. Fue la OTAN quien les  ordenó regresar a puerto. Sin ellos cerca, nos hubieran abordado y  prefiero no imaginarme el resultado&#8221;. Ahora que somos casi íntimos  confiesa, por fin, lo que todos sospechábamos. &#8220;Durante dos días os dije  que no podíamos navegar debido al estado del mar. Que era peligroso. No  era cierto. La auténtica razón era que estaban bombardeando el puerto.  Yo no puedo arriesgarme a perder el barco. Ninguna aseguradora cubre  estos viajes.<strong> Cuando la OTAN bombardeó la artillería de Gadafi que  golpeaba el puerto decidí que podíamos navegar de nuevo. Es a ellos a  quienes le debemos este viaje&#8221;.</strong></p>
<p>Aún  así, la amenaza dista mucho de terminar. El ejército de Gadaffi no tira  la toalla. Alrededor de las 4.30 de la mañana recibimos un informe de  situación desde el puerto de Misrata. Un barco de la OTAN acaba de  atacar a tres &#8220;Dinghys&#8221; (zodiacs militares de gran tamaño) que trataban  de acercarse al puerto con la intención de minarlo, bloqueando así su  entrada. Navegaban a 5 millas por hora y con las luces apagadas. Tras  varias rondas de disparos de advertencia para que retrocediesen, dos  fueron hundidas y una logró escapar. <strong>Las minas de las naves hundidas han  bloqueado la entrada del puerto.</strong></p>
<p>&#8220;El  control del puerto es fundamental&#8221; explica el capitán. &#8220;Sólo hay cuatro  barcos suministrando la ciudad. Un <em>ferry</em> libio desde Bengazi, el St.  Antoine, francés, desde Malta, nosotros, y otro barco que hace la ruta  Malta-Misrata con ayuda humanitaria, continúa hacia Bengazi  transportando personas y regresa desde Bengazi a Misrata con armas&#8221;. ¿Se  coordina con la OTAN?. &#8220;No. Ellos no. Si les preguntan por su carga,  contestan que sólo transportan medicamentos y leche infantil&#8221;.</p>
<p>A  las 9.45 desde el puente del Mae Yemanja podemos escuchar la  conversación entre un barco francés y un pesquero libio. &#8220;Manténgase a  seis millas de la costa. No entre al puerto, creemos que ha sido minado.  Espere nuevas órdenes&#8221;. Nuestro Capitán sabe, entonces, que también nos  detendrán a nosotros. Aunque no lo hicieran, él tampoco se arriesgaría.  &#8220;Si no nos llaman ellos, lo haremos nosotros&#8221;. Efectivamente, apenas  dos horas más tarde, en el mismo momento en que entramos en aguas  territoriales libias, recibimos una llamada. Se trata, en esta ocasión,  de un submarino. Mientras transmite sus órdenes, el periscopio emerge a  la superficie a unos 20 metros del barco. La orden es tajante.  &#8220;Esperen. No es seguro acercarse. Les llamarán cuando terminen los  trabajos de desminado de la entrada del puerto&#8221;. La ciudad se divisa a  lo lejos. Podemos ver y oír como dos aviones bombardean su flanco oeste.  Las columnas de humo marcan, desde la distancia, los lugares atacados.</p>
<p>El  barco que nos vigila a una distancia prudencial e impone el bloqueo  marítimo del puerto de Misrata es español según los prismáticos del  capitán Carmelo. Su matrícula es Foxtrot 104. La confirmación llega al  escuchar su acento hablando inglés, radicalmente castellano. Algunas de  las conversaciones y malentendidos con los barcos pesqueros egipcios de  la zona serían dignas de un<em> sketch</em> de Martes y Trece. Los españoles no  disponen de traductor de árabe.</p>
<div id="attachment_55157" class="wp-caption aligncenter" style="width: 610px"><a href="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr6.png"><img class="size-large wp-image-55157" title="misr6" src="http://periodismohumano.com/files/2011/05/misr6-600x399.png" alt="" width="600" height="399" /></a><p class="wp-caption-text">(Ricardo García Vilanova)</p></div>
<p>A  las 14.50 una nueva llamada de radio rompe la espera. &#8220;Este es el  puerto de Misrata. Nos dirigimos al barco de la OTAN&#8221;. Con un marcado  acento francés alguien responde &#8220;éste es el barco de la OTAN&#8221;. <strong>La guerra  retransmitida en directo y en abierto. </strong>&#8220;Estamos luchando en Gaaran, al  sur de la ciudad. Hay dos garajes de techo azul metálico. Los utilizan  para almacenar sus municiones. Calculamos unos 200 hombres alrededor.  Hemos vaciado la zona de civiles. Podéis bombardear. Necesitamos  confirmación. Si no lo hacéis vosotros, nosotros atacaremos&#8221;. El barco  francés confirma las coordenadas en dos ocasiones. &#8220;Manténganse a la  espera&#8221;.</p>
<p>Los  médicos libios a bordo se muestran gratamente sorprendidos por la  fluidez de la comunicación. Ali explica que &#8220;antes las fuerzas de  Misrata debían transmitir las coordenadas de ataque a Bengazi, y de ahí  llegaban a la OTAN. Era demasiado lento. Ahora podemos ver como Misrata  se comunica directamente con los barcos extranjeros. Se trata de un gran  avance&#8221;.</p>
<p>Cuatro  horas después, una nueva llamada suena mucho más desesperada. <strong>&#8220;Hay  muchas bajas en Gaaran y Al Mahjoub. Nos están atacando con fuerza.  Necesitamos vuestra ayuda. ¿Podríais llamar a los aviones, por favor?&#8221;.</strong> De nuevo, el barco francés repite &#8220;transmitimos la información&#8221;. &#8220;Por  favor, enviad aviones. La situación está empeorando&#8221;. &#8220;Te copio,  transmitimos la información&#8221;. Quizás el avance del que hablaban los  médicos no sea tal. A fin de cuentas, los combatientes rebeldes de  Gaaran y Al Mahjoub han tenido que enfrentarse solos al ejército de  Gadaffi mientras la OTAN empleaba horas en transmitir la información,  coordenadas incluidas.</p>
<p>Fue a las 18.00 que llegó el tan ansiado anuncio &#8220;No actuéis en la zona. Nosotros nos hacemos cargo de la situación&#8221;.</p>
<p>Pero  24 horas más tarde, los barcos de la OTAN aún no han conseguido limpiar  el puerto de minas y la ciudad permanece incomunicada por tierra y mar.  Dos barcos esperan para salir, cuatro para entrar. Quienes pensaban que  Gadaffi estaba acabado han descubierto, una vez más, que <strong>queda mucha  guerra por delante si el ejército libio aún es capaz de cerrar durante  dos días la única vía de comunicación con el mundo que le queda a  Misrata.</strong></p>
<p>El  Mae Yemanja lleva 24 horas de travesía desde Malta y 24 horas de espera  a 10 millas de Misrata. Cada dos horas, el barco de la OTAN llama por  radio a los barcos que esperan, fondeados &#8220;estamos limpiando la zona.  Creemos que es cuestión de horas. Volveremos a llamarles&#8221;. Pasan 24  horas más esperando una llamada que nunca llega. Al amanecer del tercer  día, el operador de radio del puerto informa a los barcos de que todas  las minas han sido localizadas y explosionadas. ¿Cuél es el problema,  entonces? &#8220;Que hay tres barcos, uno español, otro francés y un  canadiense. Ninguno quiere asumir la responsabilidad de autorizar el  paso&#8221;. Comienza entonces, la batalla de los rumores en VHF, que duraría  casi 24 horas más. A las 18.00 del sábado los dos barcos que esperaban  para salir del puerto deciden navegar bajo su responsabilidad. &#8220;Les  llama el barco de guerra de la OTAN. No es seguro abandonar el puerto.  Les recomendamos no hacerlo&#8221;. Por toda respuesta &#8220;bajo nuestra  responsabilidad&#8221;.</p>
<p>Sólo  96 horas después de dejar Malta, pisamos tierra en un puerto totalmente  a oscuras y controlado por varias docenas de jóvenes fuertemente  armados. Bajo nuestra responsabilidad, <strong>sin que en ningún momento las  naves de la OTAN haya revisado la carga y contra su recomendación de  seguridad. </strong>El bloqueo naval impuesto por la OTAN sobre Misrata es,  cuando menos, bastante laxo.</p>
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		<title>Vida en Kabul (y 9): &#8216;El picnic&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Dec 2010 23:22:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<category><![CDATA[afganistan]]></category>

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		<description><![CDATA[Último capítulo de Vida diaria en Kabul. Balance tras un viaje por la cotidianeidad de la insurgencia, talibanes, enemigos, política y las tormentas de polvo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/el-picnic/"><img class="aligncenter size-large wp-image-42797" title="Picnic_portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/12/Picnic_portada-600x407.jpg" alt="" width="600" height="407" /></a><em>Haz click en la imagen para ver el vídeo</em></p>
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		<title>Vida diaria en Kabul (8): &#8216;Kabul Addiction&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Dec 2010 04:43:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ojos semicerrados, mirada perdida, hilillo de baba, labio inferior inmóvil: “yo no soy adicto, busco a mi primo, que fue herido en la guerra y viene aquí para aliviarse, ¿puedes ayudarme?”]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/kabul-addiction/"><img class="aligncenter size-large wp-image-42794" title="KabulAdiction_portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/12/KabulAdiction_portada-600x407.jpg" alt="" width="600" height="407" /></a><em>Haz click sobre la imagen para ver el vídeo</em></p>
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		<title>Vida diaria en Kabul (7): &#8216;Dolor fantasma&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 00:20:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<category><![CDATA[afganistan]]></category>

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		<description><![CDATA[Visitamos un hospital para víctimas de guerra en Kabul. Conocemos a Nazir, tiene 25 años, atacado por los taliban. Y a sus enfermeros.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/dolor-fantasma/"><img class="aligncenter size-large wp-image-42791" title="DolorFantasma_portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/12/DolorFantasma_portada-600x407.jpg" alt="" width="600" height="407" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em>Haz click sobre la imagen para ver el vídeo</em></p>
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		<title>Vida diaria en Kabul: &#8216;He(l)mand Camp&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Dec 2010 01:45:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<category><![CDATA[refugiados]]></category>

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		<description><![CDATA[La cara más compleja de los refugiados afganos. Unas 750 familias habitan un lugar inmundo, Helmand Camp, donde no todo es lo que parece.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/hellmand-camp/"><img class="aligncenter size-large wp-image-42058" title="Helmand_portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/12/Helmand_portada-600x410.jpg" alt="" width="600" height="410" /></a><em>Haz click sobre la imagen para ver el vídeo</em></p>
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		<title>Vida diaria en Kabul (5): &#8216;Checkpoint Kabul&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Dec 2010 03:13:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<category><![CDATA[afganistan]]></category>
		<category><![CDATA[Kabul]]></category>

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		<description><![CDATA[La policía afgana monta un control a la entrada de Kabul para que veamos lo bien que trabajan. "Todavía no hemos detenido a ningún talibán ni hemos encontrado armas", dice Teniente Zaher.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/checkpoint-kabul"><img class="aligncenter size-large wp-image-41721" title="Checkpoint_KAbul_portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/12/Checkpoint_KAbul_portada-600x406.jpg" alt="" width="600" height="406" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Haz click sobre la imagen para ver el vídeo</p>
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		<title>Vida diaria en Kabul (4): El general</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Nov 2010 23:09:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
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		<description><![CDATA["La única  salida es negociar y repartirse sillas en el  gobierno con los talibanes", dice el General. Tras 9 años de intervención, uno de los cooperantes  españoles con más experiencia añade: "la solución militar  no es la que mejorará la vida de los afganos".]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://vidaenkabul.periodismohumano.com/el-general/"><img class="aligncenter size-large wp-image-40728" title="El-General_Portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/11/El-General_Portada-600x405.jpg" alt="" width="600" height="405" /></a>Haz click en la imagen para ver el vídeo</p>
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		<pubDate>Sun, 21 Nov 2010 23:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Arce</dc:creator>
				<category><![CDATA[En conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[afganistan]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Es cierto que en las cuevas de Aynak existió una base de Al Qaeda?, ¿sería posible acercarse?”, dice el periodista.  “Sin problema, El Capitán Gul os llevará”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://periodismohumano.com/files/2010/11/Mito_Caverna_Portada.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-39839" title="Mito_Caverna_Portada" src="http://periodismohumano.com/files/2010/11/Mito_Caverna_Portada-600x407.jpg" alt="" width="600" height="407" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Haz click sobre la imagen para ver el vídeo</p>
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